Arqueólogos lo descubrieron en agosto en el interior de una pequeña tumba subterránea cerca de Iznik, una localidad conocida por el Concilio de Nicea de 325.
Se estima que la tumba data del siglo III, cuando los cristianos aún sufrían persecución en el Imperio romano.
El fresco muestra a un Jesús joven y lampiño, con toga, que lleva una cabra sobre los hombros. Los investigadores señalan que las representaciones del Buen Pastor en Anatolia son poco frecuentes y que esta es la mejor conservada.
Las paredes que rodean la imagen incluyen aves, plantas y retratos de figuras nobles con sirvientes.
La excavación también sacó a la luz los restos de cinco personas, entre ellas un bebé.