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¿Serán los incendios forestales extremos habituales en el futuro?

¿Serán los incendios forestales extremos habituales en el futuro?
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Los incendios forestales parecen ocurrir más a menudo y durar más que nunca en todos los rincones del planeta. Ante este panorama, ¿qué consecuencias cabe esperar para las personas y los ecosistemas?

Esta Navidad ha sido más cálida de lo habitual en el estado australiano de Nueva Gales del Sur. Los fuegos que comenzaron a aparecer a partir de septiembre han crecido hasta hacer que esta sea la peor temporada de incendios desde antes de 2003. Además, para comienzos de diciembre un “megaincendio” sin precedentes había quemado más de 2,1 millones de hectáreas y dejado seis víctimas mortales. Normalmente, la temporada de incendios australiana alcanza su punto álgido a mediados de enero.

En el último año, varios lugares del mundo se pasaron el relevo en una carrera de incendios que duraban más de lo habitual y se daban en fechas cada vez más tempranas. Aunque los incendios forestales forman parte del ciclo natural de algunos ecosistemas, su creciente frecuencia y mayores dimensiones se convierten en un peligro para la salud de las personas y el medio ambiente, lo que es bastante alarmante en un mundo donde el fuego cada vez tiene mayor protagonismo.

2019, récord de incendios forestales en un planeta en llamas

Este año, en la UE se registraron más de 1600 incendios forestales hasta mediados del mes de agosto, lo que multiplica la media de la década por más de tres, a lo que contribuyó que España y Francia sufrieran una cantidad de fuegos más alta de lo habitual. En junio, el Servicio de Monitoreo de la Atmósfera de Copérnico (CAMS, por sus siglas en inglés), que hace un seguimiento de las emisiones producidas por incendios en todo el mundo, registró focos intensos en Siberia y el Ártico que afectaron a un área equivalente a 100 000 campos de fútbol. “En concreto, la Republica de Sajá, en Rusia, no había experimentado fuegos tan generalizados en los últimos 17 años”, afirma el Dr. Mark Parrington, científico del CAMS. Aunque estos se dieron dentro de la temporada de incendios habitual, duraron más y tuvieron un mayor alcance que nunca. En la Amazonia, 70 000 fuegos pusieron en jaque a varios estados brasileños. En Indonesia, la actividad de los incendios en septiembre fue comparable al episodio vivido en 2015, cuando el fuego produjo un total de 884 millones de toneladas de carbono.

Según la NASA, tanto el número de fuegos como el área quemada han aumentado considerablemente en la parte oeste de los Estados Unidos desde la década de 1950, mientras que los megaincendios, que son aquellos que queman más de 40 000 hectáreas, se pueden encontrar en los registros tan solo desde los años 70.

Potencia radiativa diaria del fuego, medida en vatios por metro cuadrado, del 01/12/2018 al 30/11/2019

Condiciones climáticas poco habituales tuvieron un gran impacto en los incendios forestales

Para que exista un incendio forestal se necesita una combinación de tiempo seco, algo que quemar (el combustible) y una chispa que haga nacer las llamas. Según los investigadores, el tiempo es el mayor eje impulsor de los incendios forestales y también el más variable, ya que las temperaturas, la humedad, la lluvia y la intensidad del viento afectan a la velocidad y fuerza de propagación de los incendios. Los peores fuegos se dan bajo condiciones cálidas, secas y con fuerte viento.

(Crédito: Servicio de Cambio Climático de Copérnico, ECMWF)
Anomalías de la temperatura del aire en superficie en enero de 2019 en comparación con la media del mes de enero del periodo entre 1981 y 2010. Fuente: ERA-Interim.(Crédito: Servicio de Cambio Climático de Copérnico, ECMWF)

Los fuegos de principios de 2019 en Australia se solaparon con el mes de enero más caluroso de su historia, y uno de los más secos si lo comparamos con los de los años 1981-2010. Los expertos que analizaban 35 años de datos climáticos de ECMWF y NOAA se dieron cuenta de que la temporada de incendios es cada vez más larga en una cuarta parte de la superficie mundial con vegetación, y en algunas zonas de América del Sur y de la parte este de África estas temporadas se han alargado más de un mes si las comparamos con las de hace casi cuatro décadas. Los expertos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS, por sus siglas en inglés) también han advertido sobre el crecimiento del “nuevo contexto de incendios forestales”, en el que los fuegos cambian impredeciblemente, arden con más intensidad, crecen más rápido y esparcen el material quemado a grandes distancias, devastando áreas enormes en diferentes regiones y países. Y, aunque los fuegos forman parte del ciclo de la naturaleza, es posible que los ecosistemas y las comunidades no se hayan adaptado a estos cambios. Por ejemplo, los incendios en la parte nordeste de Nueva Gales del Sur se dan en bosques húmedos que no habían experimentado esto antes, según comenta el Dr. Parrington.

Predicciones difíciles que pueden salvar vidas

Monitorizar cuándo y dónde existe peligro de incendios puede salvar vidas y frenar los costes económicos y medioambientales. El CAMS ofrece información sobre el número de fuegos a escala mundial, mientras que el Índice Meteorológico de Riesgo de Incendio Forestal (FWI, por sus siglas en inglés) ayuda a ofrecer predicciones basadas en variables climáticas. El EFFIS, que es parte del Servicio de Gestión de Emergencias de Copérnico (CEMS, por sus siglas en inglés), usa este índice para hacer predicciones a corto plazo sobre el peligro de incendio, mientras que el Servicio de Cambio Climático de Copérnico (C3S, por sus siglas en inglés) usa el índice para hacer proyecciones estacionales y más a largo plazo, que evalúan la intensidad del fuego incluyendo factores como la velocidad de expansión y cuánto combustible consume el incendio.

“Hay un alto grado de variabilidad interanual en la actividad del fuego por todo el mundo”, dice el Dr. Parrington. “Resulta complicado determinar cómo están cambiando las características de los incendios forestales. Estamos haciendo modificaciones en el Sistema Mundial de Asimilación de Datos sobre Incendios (GFAS, por sus siglas en inglés), que incorpora observaciones de la potencia radiativa del fuego realizadas por sensores instalados en satélites con el objetivo de producir estimaciones diarias de emisiones producidas por la quema de biomasa. Estas modificaciones reflejarán con más precisión las condiciones cambiantes de los incendios a través de, por ejemplo, la mejora de los mapas de vegetación terrestre y de los factores de emisiones usados para las estimaciones”.

Ya sea a través de humo, hollín o ceniza, los incendios forestales dejan escapar monóxido de carbono (CO), dióxido de carbono (CO2), metano, óxidos de nitrógeno, carbono negro y aerosoles, que afectan a la calidad del aire en las capas superiores e inferiores de la atmósfera. Según Copérnico, la combinación de contaminantes emitidos hace que los incendios forestales tengan “una responsabilidad mucho mayor en la polución del aire que las emisiones industriales”.

Los incendios pueden tener un gran impacto en la salud de las personas

La exposición al humo, y especialmente la exposición a corto plazo a materiales particulados, crea una amplia gama de problemas respiratorios y cardiacos que pueden continuar mucho después de que los fuegos se hayan apagado; según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), cientos de miles de muertes se asocian anualmente con el humo. Durante todo este año, las partículas en suspensión procedentes de los incendios (PM2,5) han hecho aumentar en gran medida la polución en España, Francia, el Himalaya y otras muchas regiones, según la información sobre aerosoles del CAMS. En Australia, un gran número de regiones declaró el estado de emergencia cuando la materia particulada alcanzó niveles peligrosos, que llegó a estar 12 veces por encima del límite de peligro en partes de Sídney. La contaminación por PM2,5 proveniente de incendios causa entre 10 000 y 30 000 muertes prematuras al año en EE. UU., según un reciente estudio. Los investigadores pronostican que es muy posible que este número se duplique para finales de siglo en relación con los niveles de principios de la década del 2000.

Ofrecer información sobre las estimaciones de emisiones producidas por incendios forestales será cada vez más importante para la salud pública en un futuro caracterizado por un aumento de los fuegos. El CAMS produce predicciones diarias a cinco días para las rutas de aerosoles de humo y contaminantes procedentes de los incendios. “A través de los análisis y predicciones de la composición atmosférica global del CAMS, podemos monitorizar y evaluar el impacto potencial de la polución de humo en todo el mundo”, afirma el Dr. Parrington. “Aunque es posible que el transporte de humo a gran distancia no afecte a la calidad del aire en superficie, resulta útil monitorizarlo, ya que en algunos casos sí puede alcanzar la superficie”.

Niveles atmosféricos de CO2 sin precedentes

Y no nos podemos olvidar del CO2. En los primeros 11 meses de 2019, los incendios forestales liberaron en todo el mundo cerca de 6735 toneladas métricas de CO2, según las observaciones del CAMS. Los registros más altos incluían 140 toneladas métricas de CO2 procedentes de los fuegos árticos de junio y julio, que equivalen a las emisiones de carbono que producen 36 millones de coches, o las 708 toneladas métricas procedentes de fuegos que tuvieron lugar en Indonesia de agosto a noviembre. El debate sobre el impacto de los incendios forestales sobre el cambio climático continúa abierto, ya que el carbono es reabsorbido por árboles y plantas una vez se regeneran: los científicos todavía lo sitúan muy por detrás de las emisiones de carbono procedentes de combustibles fósiles. Sin embargo, la velocidad a la que se regenera la vegetación varía considerablemente, y en algunos lugares el daño puede ser permanente. Los incendios en turberas dejan escapar grandes cantidades de carbono que estaban almacenadas en el suelo, siguen ardiendo durante semanas o meses y estas zonas pueden tardar siglos en recuperarse por completo. En 2019, el 43 % de los fuegos de Indonesia, que el CAMS monitorizó debido a sus columnas de humo que se extendieron a larga distancia por todo el sudeste de Asia, se dieron en turberas.

Las turberas bajo el permafrost, que almacenan alrededor del 14 % de los depósitos mundiales de carbono en el suelo, también están amenazadas por los incendios de intensidad creciente que se dan en las latitudes más septentrionales del planeta, ya que los fuegos están contribuyendo al deshielo del terreno que las protege. El deshielo del permafrost en sí mismo puede poner en libertad grandes cantidades de metano, un gas que tiene un potencial de calentamiento 30 veces más alto que el del CO2. Al mismo tiempo, al asentarse en la nieve y el hielo, el hollín y la ceniza de los incendios forestales amplifican el calentamiento del suelo, ya que el color más oscuro permite que se absorba más radiación.

Un mundo cada vez más concienciado necesita soluciones “a prueba de fuego”

En la actualidad, una nueva colección de datos de peligro de incendios del ECMWF y el Servicio de Gestión de Emergencias de Copérnico puede ayudar a explorar si los cambios observados en el comportamiento de los incendios son inusuales o si, por el contrario, han sido frecuentes también en el pasado. El primer registro mundial de acceso libre con información a largo plazo sobre el tiempo y clima, que se remonta hasta 1980, ayudará a analizar el peligro actual de incendios comparándolo con las condiciones que favorecían los fuegos en el pasado, así como a evaluar el alcance de la variabilidad climática y a observar los cambios de los patrones de las zonas con tendencia a sufrir incendios en todo el mundo.

“La información y las predicciones de peligro de incendios son esenciales para monitorizar los incendios forestales a escala global, ya que proporcionan el contexto para las condiciones medioambientales de los lugares donde se observan los incendios”, dice el Dr. Parrington. “Esta colección de datos es vital, porque ofrece el contexto a largo plazo sobre cómo está cambiando el peligro de incendios en todo el mundo, ayuda a identificar lugares donde el fuego se está convirtiendo en algo habitual y ayuda a las agencias de protección civil y al público en general a aumentar la concienciación sobre las condiciones de los incendios”.

Las medidas contra el fuego han ido ganando impulso. En California, las compañías de suministros han reaccionado al peligro de incendios cortando el suministro de energía, los distritos donde se dan incendios han reforzado sus planes y su compromiso, y el programa estatal de derechos de emisión de carbono destina fondos al mantenimiento de la salud de los bosques y a la prevención de incendios. En España, unidades especiales se encargan de prevenir los megaincendios quemando las zonas de crecimiento excesivo de vegetación en los bosques, y Australia ha modificado sus leyes nacionales de construcción a causa de la preocupación por la seguridad en caso de incendio.

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