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Laxmi, caminando hacia la reconciliación

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Laxmi, caminando hacia la reconciliación

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Los días transcurren tranquilos en el pueblo de Munalbasti, en el oeste de Nepal. Pero no siempre ha sido así.

Este pueblo pertenece al distrito de Bardiya, conocido en Nepal como el lugar en el que se registró el mayor número de desapariciones durante la guerra, entre 1996 y 2006.

Aquí ha vivido durante los últimos 17 años Laxmi Devi Khadka. Hoy está casada y tiene tres hijos.
Su marido desapareció en 2003. Lo detuvieron los rebeldes maoístas durante la guerra civil que acabó poniendo fin a la monarquía en Nepal.

“Este es mi marido, explica Laxmi, la foto era pequeña, mi hija ha hecho una copia más grande. Miro esta foto todos los días”

Su marido desapareció hace ya diez años pero el dolor sigue siendo insoportable. “No conseguí encontrar el cuerpo sin vida de mi marido, sus restos, nada. Hasta que no vea su cuerpo siempre pensaré que mi marido puede estar vivo en cualquier sitio y que un día volverá a casa”. “No tengo mucha esperanza pero mientras no haya pruebas de su muerte, la tendré. Se lo llevaron durante la noche, en cinco minutos. Y cuando los perros ladran durante la noche pienso: quizás sea él que vuelve a casa”, dice.

Tras la desaparición de su marido Laxmi plantó un árbol en su memoria y reza cada día para que vuelva. Según las organizaciones internacionales, más de 3,000 personas desaparecieron durante el conflicto en Nepal. Una tercera parte de esas desapariciones todavía no ha sido esclarecida.

“Si no encuentran su cuerpo o sus restos no podremos celebrar los ritos funerarios. Hasta ahora no he podido hacerlo. Desde el punto de vista de la religión y de la cultura, no está bien visto que las viúdas lleven pulseras o ropa roja, me reprochan que lo haga, pero yo no tengo ninguna prueba de que mi marido esté muerto. Hay muchas tierras a su nombre y me hace falta un certificado de defunción para que sean propiedad mía. Pero como no puedo demostrar su muerte tampoco puedo conseguir ese certificado”, explica.

Laxmi ha recurrido a todos los líderes maoístas, partidos políticos y Organizaciones No Gubernamentales de su distrito para que alguien la ayude a saber qué ocurrió con su marido. El nombre del responsable de su desaparición es conocido. Los intentos de Laxmi por encontrar a su marido le han valido varias amenazas.

Tras años de empeño y gracias a la ayuda de algunas organizaciones de defensa de Derechos Humanos, Laxmi ha conseguido una compensación financiera y papeles oficiales para sus hijos perdidos tras la desaparición de su marido. Ahora tienen derecho a la escolaridad gratuita.

También es el caso de los hijos de Devi Sara a los que por ahora se le han negado los documentos de identidad nepalíes. Su padre también desapareció tras ser arrestado por la policía acusado de apoyar a los rebeldes durante el conflicto.

Devi y Laxmi, cuyos maridos luchaban en bandos contrarios, militan hoy juntas en un comité de ayuda a las víctimas del distrito de Bardiya. Devi y Laxmi intentan ayudar a las familias que sufren los mismos problemas que ellas. Hoy son buena amigas, durante mucho tiempo acudieron juntas a las sesiones de ayuda psicológica que ofrecen las organizaciones de ayuda humanitaria a las familias de los desaparecidos.

“Antes pensaba que ni siquiera podría educar a mis hijos. Pero tras haber conocido a todas estas mujeres pensé que teníamos que reaccionar, hacer algo, que teníamos que hacer frente común para que se hiciese justicia”, afirma.

El trabajo de mujeres como Devi o Laxmi empieza a dar sus frutos pero todavía queda mucho por hacer. Ahora esperan que la comisión para la paz y la reconciliación que se ha creado en Nepal reconozca los derechos de las mujeres víctimas del conflicto.

“Durante mucho tiempo caminamos solas pero hoy lo hacemos juntas para pedir justicia para las víctimas de los dos bandos del conflicto. Compartimos nuestras penas pero no queremos quedarnos llorando sin hacer nada”, explica. “Nos consolamos mutuamente. Cuidamos a nuestros hijos, los vemos crecer. No podemos perder la esperanza, hay que seguir avanzando. El Estado acabará siendo justo con nosotras”, asegura.