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El descenso a los infiernos de Detroit

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El descenso a los infiernos de Detroit

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Pocas imágenes simbolizan mejor el declive de Detroit que las de las ruinas del teatro Highland.

La cuna de la industria automotriz se declaró el pasado julio en bancarrota, convirtiéndose en la mayor ciudad de Estados Unidos en quiebra.

La caída de la ciudad más importante del Estado de Michigan ha sido tan meteórica como lo fue su despegue: ha pasado de ser la tercera del país en la década de los 50 en población con 1,8 millones de habitantes, a ser la decimoctava, con apenas 700.000.

En la década de 1950, con el empuje de la industria automovilística, Detroit llegó a alcanzar los 1,8 millones de habitantes. En las últimas décadas, quedan cerca de 700 mil residentes y una deuda municipal de 19.000 millones de dólares. De ser la ciudad con mayores ingresos per cápita, se ha convertido en la de mayor índice de criminalidad, a causa de vecindarios vacíos y recortes de plantillas policiales.

La bancarrota estaba cantada desde hace tiempo. Muchos aseguran que la decadencia de la ciudad comenzó con unos disturbios raciales en 1967, aunque la mayoría considera que tuvo más que ver con el lento declive de la industria de la automoción. Los tres grandes fabricantes instalados allí, General Motors, Ford y Chrysler comenzaron a abrir fábricas en otros lugares del país, donde los sindicatos no eran tan poderosos y la normativa laboral mucho menos exigente.

Es un hecho que otras ciudades de Estados Unidos han sufrido iguales fugas de población e industria, pero pocas han vivido un descenso a los infiernos equiparable al de Detroit. En ello han influido la mala gestión y por supuesto, la corrupción, pero sobre todo la despoblación de la ciudad, cuyo efecto es exponencial. Con la reducción de la mano de obra en las cadenas de montaje, debido a su automatización, los residentes comenzaron a emigrar hacia lugares con más ofertas de trabajo. El menor censo también supuso menores ingresos en impuestos municipales y por tanto el recorte de servicios, lo que a su vez animaba a más personas a abandonar la ciudad. La última crisis económica fue la puntilla.

Iglesia de Saint Agnes en 2006

Iglesia de Saint Agnes en 2006

Entre 2000 y 2012, Detroit perdió 250.000 habitantes. Cerca de 80.000 edificios están abandonados o tienen serios desperfectos. Los servicios públicos son los que más se han resentido ya que menos población significa menos ingresos para la ciudad: el 40% de las farolas callejeras no funcionan. La tasa de paro llego al 18%, más del doble de la cifra a nivel nacional. El total de 317 parques que tenía la ciudad se redujo en 2009 a solo 107, por no poder pagar su mantenimiento.

Paradójicamente, la resurrección de los fabricantes de automoción norteamericanos tras la bancarrota de 2008 no ha servido para que la situación mejore significativamente en Detroit.

La página Detroit Urbex ofrece una gran cantidad de imágenes que retratan el desastre. Dividida por secciones, barrios y tipo de infraestructuras, las fotografías reflejan fielmente la debacle de la urbe.

El proyecto surgió como una propuesta ciudadana para alertar sobre las consecuencias del enriquecimiento rápido y la pasividad de los gobernantes antes un sistema económico enloquecido.

Para los creadores de Detroit Urbex, la ciudad es un caso de laboratorio dentro de la economía mundial, el ejemplo paradigmático de empresarios y sindicatos que apostaron juntos por unos beneficios cortoplacistas que provocaron un derrumbe trágico al acentuarse la crisis económica y ecológica que comenzó a fraguarse a finales del siglo pasado.

Este grupo de ciudadanos pretende mostrar de la manera más cruda posible las consecuencias de unas políticas basadas en el enriquecimiento rápido y prácticamente desregulado. Las imágenes valen mucho más que las palabras.

detroiturbex.com