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Europa: 50 años de odisea espacial


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Europa: 50 años de odisea espacial

Hoy en día el sector espacial está presente en todas partes, en la navegación, en las telecomunicaciones… y la ciencia se desarrolla en instalaciones de alta tecnología. Pero los últimos 50 años de la aventura espacial en Europa fueron como una montaña rusa. Veamos su historia.

Los primeros pasos de la aventura espacial europea se dieron en la década de los sesenta, al calor de la Guerra Fría.

Hace cincuenta años, apenas se iniciaba en el mundo la carrera espacial. Sputnik enviaba su primera señal, Yuri Gagarin volaba en órbita, en una rivalidad constante entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

John Krige, catedrático de Historia en el Georgia Institute of Technology, nos habla de aquellos años:

“El mundo era un lugar muy frágil y peligroso. La rivalidad entre las superpotencias alcanzó su punto álgido en la década de 1960, sobre todo con la crisis de los misiles en Cuba. Cuando era joven muchas veces creí que sería el fin del mundo, y mucha gente pensaba igual que yo.”

En ese ambiente de tensión, dos físicos europeos, el italiano Edoardo Amaldi y el francés Pierre Auger, creían fervientemente que los cohetes y los satélites se debían utilizar para la ciencia, y no como un alarde de poder militar.

El director del programa científico de la Agencia Espacial Europea, Roger-Maurice Bonnet resalta el papel de la ciencia como un lenguaje ajeno a la guerra :

“Los países que crearon la Europa espacial son los mismos que 20 años antes se hacían la guerra, una guerra feroz. Esos países europeos que estuvieron en guerra se unieron y decidieron emplear un lenguaje que no les llevara a pelearse entre ellos: el lenguaje de la ciencia.”

Con Amaldi y Auger al frente, Europa daba pasos de gigante al fundar dos organizaciones espaciales – una para cohetes, llamada ELDO, y otra para la ciencia, llamada ESRO.

En los primeros años había presupuestos limitados, problemas con el cohete Europa y tensiones entre socios como el Reino Unido y Francia.

“Fue a finales de los años sesenta cuando dijeron que debían fusionar estas dos organizaciones, señala John Krige. Esto se hizo a trompicones. Y el programa fue elaborado en una reunión muy tensa en 1973. Esta sería la base de una nueva organización única que tendría la ciencia espacial como programa obligatorio. Y obligatorio no porque a la gente le gustara la ciencia, sino precisamente porque no querían financiarla “

La obligación de financiar la ciencia dentro de la nueva Agencia Espacial Europea resultó un golpe maestro, pues impulsó el sector de la investigación. Sin embargo, Europa seguía necesitando su propio cohete espacial.

“Los alemanes estaban en contra del desarrollo de Ariane, y también los británicos eran reacios, prosigue el historiador John Krige. Le tocó a los franceses decir ‘vamos a hacer esto’, y francamente fue gracias al gaulismo francés y a la suspicacia generalizada de Estados Unidos, que los franceses se embarcaron en esto. Y fue sin duda el mayor éxito del esfuerzo espacial europeo.”

Ariane 1 se lanzó por primera vez en 1979. Y aunque fue diseñado con el floreciente sector de las telecomunicaciones en mente, también llevó a órbita misiones científicas.

Uno de los éxitos más destacables fue el vuelo de la sonda espacial Giotto para estudiar el cometa Halley en 1986.

Gerhard Schwehm, científico experto en cometas que dirige las misiones Cluster y Rosetta nos cuenta un recuerdo muy personal de la sonda Giotto:

“Llevo en esto del espacio más de 40 años. Empecé en la universidad, pero uno de los recuerdos más intensos que puedo evocar fue la noche del encuentro del cometa Halley con Giotto. Teníamos la adrenalina a tope, trabajamos durante toda la noche, y la sonda funcionó muy bien, pero de repente, justo en el máximo acercamiento, la nave fue golpeada y se volcó. Después perdimos contacto. Pasados 20 minutos volvimos a tener contacto con la nave espacial. Fue abrumador, no se podía hacer mucho. Pero al ver cómo volvía a funcionar y compartir ese momento con los colegas del Centro Europeo de Operaciones Espaciales (ESOC) fue realmente un gran evento “.

Diez años después, en 1996, se producía una catástrofe en la odisea espacial europea.

El vuelo inaugural de la nave Ariane 5 se convertía en una enorme bola de fuego.

Nueve años de contrucción y ensayos y unos Seis mil millones de euros se hicieron añicos en el cielo, tras apenas 37 segundos desde el lanzamiento de la nave espacial .

“No olvidaré en mi vida cuando vi a aquellos hombres enormes, que parecían gigantes, recuerda Roger-Maurice Bonnet. Los jefes del proyecto, unos tipos muy fuertes que estaban llorando a lágrima viva en el hangar, detrás del centro de control de la nave. Entonces, yo me juré que volveríamos a lanzar la misión del satélite Cluster y eso fue lo que hicimos.”

La misión Cluster sigue funcionando e investiga la magnetosfera que nos protege del viento solar.

En 2005, la Agencia Espacial Europea en colaboración con la NASA llevaba la sonda Huygens a la superficie de la luna de Saturno, Titán. Era un nuevo hito en la ciencia como puntualizan Gerhard Schwehm y Roger-Maurice Bonnet.

“El alunizaje de Huygens en Titán fue un logro extraordinario. Aunque también fue angustiante poder llegar hasta allí.”

“Es el aterrizaje más lejano realizado por seres humanos en la Historia.”

De regreso a la Tierra, el prestigio de la ciencia queda atenuado por el arte de la política que se pone en práctica en reuniones de este tipo. Lograr financiación es siempre una lucha constante. Uno de los elementos clave de toda negociación de la Agencia Espacial Europea es el principio del justo retorno, es decir que lo que un país invierte, se le devuelve en forma de contratos.

“Esto ha obligado a grandes países como Francia y Alemania, que podrían hacer las cosas quizá de manera más rápida, eficaz, y hasta económica, a construir grandes consorcios en los cuales el país participa en un programa con un cinco por ciento de los contratos de alta tecnología, y esto es complicado de manejar”.

Tal como considera John Krige, será complicado… pero proporciona grandes resultados.

“Todavía tenemos las sondas espaciales Mars y Venus Express funcionando, y Rosetta está muy cerca del cometa.”

“La Europe de la ciencia forma parte de una Europa en marcha. Y la Europa espacial es uno de los elementos más espectaculares de la Europa que avanza.”

La odisea espacial europea cumple medio siglo y prosigue su ambiciosa labor con cohetes, satélites en órbita y sondas en busca de conocimiento.

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