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Dos disparos, una Guerra Mundial


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Dos disparos, una Guerra Mundial

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En el llamado muelle Audaz, en Trieste, en el norte de Italia, empezó y acabó la I Guerra Mundial. ¿Basta para mantener la paz el recuerdo de las masacres de las grandes batallas? Bastaron dos disparos y un conflicto arrasó Europa. ¿Qué nos enseña el recuerdo de la Primera Guerra Mundial?

Todo comenzó con dos disparos en Sarajevo. El 28 de junio de 1914 el archiduque de Austria Francisco Fernando y su mujer, Sofía son asesinados por el nacionalista serbio Gavrilo Princip.

Sus ataúdes fueron trasladados por mar desde Sarajevo a Trieste. Fueron desembarcados en el muelle de Trieste desde el que salió el primero de los tres solemnes funerales de Estado del Archiduque. Los Habsburgo fueron trasladados en tren a Viena.

La chispa para la guerra, de Sarajevo a través de Trieste, llegó al corazón del Imperio Austro-Húngaro. Se acabó la Belle Epoque, que había hecho del Trieste de los Habsburgo la segunda ciudad del Imperio.

Algunos años antes, el invitado de la princesa Marie von Thurn und Taxis en el castillo de Duino, el poeta Rainer Maria Rilke comenzó a escribir las Elegías de Duino, que en plena decadencia del imperio austro húngaro reflejan el fin de un mundo que simboliza Occidente.

Una carnicería sin precedentes

Europa en agosto de 1914. Trieste es una de las primeras ciudades que sufren la guerra. Con la entrada de Italia en la guerra en 1915, los alrededores del Castillo de Duino se transforman en una red de trincheras. El continente más avanzado del planeta se hunde en la guerra más letal jamás conocida. Durante 53 meses, millones de soldados,la mayor parte de ellos reclutados a la fuerza, sufrieron en las trincheras y en campo abierto la degradación diaria y el horror. En las trincheras, el enemigo está a sólo 30 o 40 metros se percibían los olores de los alimentos, las canciones, la enfermedad, la muerte.

El periodista y escritor de Trieste Paolo Rumiz acaba de terminar un viaje en tren y a pie a lo largo de las líneas de los antiguos frentes de la llamada Gran Guerra. Rumiz ha vuelto consternado. Cree que una Europa unida podía haber nacido tras la I Guerra Mundial y se habría evitado la segunda: “Este viaje a la Gran Guerra me ha vuelto ultraeuropeo, pero si me he hecho mucho más proeuropeo, por otro lado también estoy mucho más preocupado por el destino de Europa, por lo que sucede en Ucrania, donde hay revolución y esta revolución es hija de la inestabilidad nacido en 1914.

Después de casi 70 años de paz, siento esta paz como una paz relativa en el sentido de que hoy no se despliegan armas sino capitales. Vivimos un tipo de riqueza económica y de situación cultural que empobrece a poblaciones enteras en beneficio de otras.

Me parece inconcebible que en el gran concierto desafinado que conmemora 1914, Europa no sea capaz de imponer un punto de vista común sobre la base de la compasión por el gran acontecimiento de 1914.

No es posible que la memoria de 1914 esté compuesta por el silencio de los alemanes, las fanfarrias de los franceses, la nostalgia y los redobles de tambor británicos y su añoranza de la Commonwealth perdida, o la retórica de los italianos.

Para mí, todo esto es inútil. Necesito una gran visión compasiva así que hay que decir: querida Europa, ved como nos vemos reducidos a la incapacidad de prever, a la incapacidad de dar la señal de alarma y alerta.

Sentí en Bruselas esta dificultad para hablar de la guerra, el miedo a ofender la sensibilidad de uno u otro beligerante hoy miembro de la Unión, pero … ¡Dios mío! El recuerdo de 1914 no puedo reducirse a “Juegos sin fronteras!” Debe haber algo dramático y fuerte, pero también tenemos que hacer un réquiem por los muertos.

Una vez desatado el monstruo de la guerra es muy difícil pararlo.

Uno de los cafés de los patriotas italianos en 1914 fue el San Marcos de Trieste. Ahí llegaban jóvenes para alistarse y combatir por Italia. Falsificaban documentos para huir del reclutamiento forzoso de Austria.

La asociación Raices futuras recuerda el centenario de la I Guerra Mundial con el proyecto Comunicación de la Gran Guerra a los jóvenes

Está dirigido por la periodista Laura Capuzzo. Incluye a estudiantes europeos de Trieste, Gorizia, Gemona, Budapest, París, Cracovia y Colonia: “antes de la I Guerra Mundial, Trieste conoció la convivencia, la aceptación, el respeto a las culturas diferentes, nos gustaría recuperar este tipo de recuerdos en la memoria de lo que fue la I Guerra Mundial.”

Son muchos los jovenes europeos que han seguido el proyecto con entusiasmo. Entre ellos Francesco Zardini, estudiante de la Universidad de Trieste: “Acordarse de la guerra, sin duda implica un fuerte sentimiento de respeto y conocimiento, porque ignorar el pasado, implica el riesgo de interpretaciones partidistas.”

También participó la estudiante de la misma universidad Silvia D’Arrigo: “Aquí en Trieste, tenemos muchas placas, monumentos, sitios que se remontan a la época de la Gran Guerra y se ven todos los días. Creo que sobre todo los jóvenes que no tienen ninguna relación con ese período no se dan cuenta todo ello “.

Los recuerdos de la llamada Gran Guerra también pertenecen tanto a los que no la han experimentado directamente, como a los que la han sufrido. El escritor y dramaturgo italo-húngaro Giorgio Pressburger escapó de la Budapest soviética de los años cincuenta: “Uno de mis abuelos luchó aquí en Italia como soldado húngaro. Le hirieron en un riñón y le evacuaron. Así que después de la guerra, vivió con un solo riñón y el otro y también le falló. Acabó en un hospital de Budapest, donde se suicidó. El suicidio de mi abuelo fue una de los traumas de mi infancia “.

En los Alpes Julianos las divisiones del Ejército Real italiano y las del austro-húngaro y los alemanes lucharon durante 29 meses.

El Museo de Kobarid muestra la historia de los acontecimientos que tuvieron lugar durante la Primera Guerra Mundial en ese frente. Aquí, se vivieron dos años y medio de guerra y muerte que incluye la tristemente famosa segunda batalla de Isonzo, una de las más mortíferas de la historia. Más de 500 fotos, cientos de objetos, mapas en relieve gigantes recuerdan la masacre cerca del río Socha.

Hechos que aquí relacionan con Ernest Hemingway, que nunca estuvo en Kobarid, pero formó parte de la Cruz Roja Italiana y con el mariscal alemán Erwin Rommel.

Lo explica el conservador del Kobarid: “Decidimos que nuestro enfoque al narrar estas historias no era el de dividir a la gente que combatió en buenos y malos. Así que tratamos a todas las naciones por igual, para nosotros la historia es importante y no algo para etiquetar quien es el bueno o el malo de la película. Estos lugares de los que estamos hablando sobre todo en este museo enseñan el bienestar de la montaña y nos está diciendo que la naturaleza era un enemigo muchas veces mayor que el propio enemigo y la morfología del terreno enemigo es bastante específica no se puede comparar con el frente occidental o el ruso. Esto significa que la naturaleza aquí es mucho más dura y que quien se despliegue aquí con sus unidades tendrá una experiencia única. Aquí las montañas son un mundo en sí mismo “.

En el museo un autómata hace el papel de un soldado italiano alpino que escribe a su familia. Es el símbolo de todos los combatientes de esta guerra.

Hoy no se puede empezar una guerra sin recurrir a la cita bíblica “Oh Muerte, ¿donde está tu victoria?”

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