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La duquesa de Alba, la aristócrata por excelencia

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La duquesa de Alba, la aristócrata por excelencia

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Cayetana Fitz-James Stuart, Doña Cayetana o simplemente la duquesa de Alba. Múltiples sobrenombres para referirse a la aristócrata con más títulos nobiliarios de Europa que ha muerto este jueves a los 88 años de edad.

Lo ha hecho en su venerado Palacio de Dueñas, rodeada de sus seis hijos y de su tercer marido, Alfonso Díez. Allí había sido desplazada este martes tras abandonar el hospital sevillano en el que fue ingresada el domingo a causa de una neumonía y una arritmia cardiaca.

Doña Cayetana nació el 28 de marzo de 1926 en el palacio de Liria, Madrid. Hija de Jacoco Fitz-James Stuart y Falcó, duque de Alba, y María del Rosario de Silva y Gurtubay, que moría cuando Cayetana contaba con tan sólo 6 años, circunstancia que marcaría para siempre su agitada vida. En 1953 moría también su padre, y Cayetana se convertía con 27 años en la decimoctava duquesa de Alba. Sería además la tercera mujer en dirigir la Casa de Alba en sus más de 500 años de historia.

Estudió en París tras abandonar España con la llegada de la República en 1931. También vivió en Londres, pero su verdadero hogar siempre sería Sevilla, donde tenía la más preciada de sus numerosas propiedades, el Palacio de Dueñas.

Doña Cayetana era 20 veces Grande de España, y poseía 49 titulos nobiliarios, más que ningún otro aristócrata en Europa. Era Condesa, Marquesa y Vizcondesa, pero por encima de todo y para todos era la duquesa de Alba.

Se casó tres veces, la primera de ellas con Luis Martínez de Irujo, con quien tuvo sus 6 hijos. Martínez de Irujo moría en 1972, pero Doña Cayetana jamás perdió su tremenda vitalidad, y en 1978 se casaba de nuevo, esta vez con Jesús Aguirre, que moriría en 2001.

Su último matrimonio fue sin duda el más polémico. La Duquesa contraía nupcias con Alfonso Díez tras múltiples desavenencias con sus hijos. Una repartición de la herencia en 2011, antes de casarse, calmaría los ánimos y haría posible la unión. El valor del patrimonio repartido que incluye tierras y obras de arte es incalculable, si bien supera con creces los 1.000 millones de euros.

Extrovertida, atípica, cercana y de fuerte carácter. Estos y muchos otros aspectos son los que convirtieron a la duquesa de Alba en un personaje público querido y respetado en toda España, y muy especialmente en Andalucía, tierra de la que estaba profundamente enamorada. Sus títulos de Hija Predilecta de Andalucía e Hija Adoptiva de Sevilla dan fe de ello.

Amante de los toros, de los caballos y del baile, era fácil verla participar en estas tradiciones populares. Con su muerte su hijo Carlos Martínez de Irujo se convierte en el decimonoveno Duque de la Casa de Alba.