Última hora

Última hora

La química del rescate

Leyendo ahora:

La química del rescate

Tamaño de texto Aa Aa

En un centro de entrenamiento de bomberos cerca de Barcelona, un nuevo experimento reúne a científicos y personal de rescate en un proyecto de investigación de la Unión Europea. Raimo Rasijeff es uno de ellos, trabaja para un Centro de Gestión de Crisis en Finlandia. “Una persona puede vivir sin comida unas tres semanas. Pero sin agua, sólo unos tres o cuatro días”. También el británico Denis O’Driscoll está trabajando en estas pruebas. “Si podemos encontrar a una persona o al menos localizarla y darle asistencia médica en 24 horas, sus posibilidades de supervivencia son mucho mayores aunque el rescate lleve mucho tiempo.” Les acompaña Nicolas Aced, francés. “Si encontramos una víctima y estamos seguros de que está muerta, la sacaremos, pero no inmediatamente. Centraremos nuestros esfuerzos en las zonas en las sabemos que hay personas vivas.”

Están probando un prototipo de detector de víctimas atrapadas bajo los escombros tras un terremoto o el derrumbamiento de un edificio. El sistema está diseñado para detectar lo que los perros no pueden oler, y para ver lo que los socorristas no ven. “En ocasiones, cuando sólo vemos un dedo entre los escombros, no tenemos claro qué es. ¿Es un dedo? ¿Es una piedra? Las cámaras nos permiten evaluar las diferentes opciones. Las cámaras térmicas nos permiten confirmar nuestra hipótesis y nuestras decisiones sobre el terreno.”

Se localiza a un primer voluntario que hace de víctima, gracias a varios datos de las cámaras térmicas y los sensores químicos diseñados con este objetivo. Jesús Bussión, ingeniero de telecomunicaciones español nos explica cómo funciona. “La víctima atrapada está en una situación de mucho estrés, su respiración está llena de componentes químicos como acetona y CO2. Esta máquina se ha desarrollado para medir el aire que hay bajo los escombros, para detectar esos componentes químicos y determinar si hay una persona viva ahí abajo.”

Los sensores químicos que han permitido el rescate de la primera víctima se han desarrollado gracias a un experimento único. En la Universidad de Loughborouugh se encierra a los voluntarios durante un máximo de 24 horas en una caja especial. Los investigadores, como Matthew Turner, quieren detectar las señales químicas que emite un cuerpo atrapado según pasan las horas. “Queremos detectar los componentes químicos que hay en el aire que nos rodea. Son nuestra huella humana. Pero cuando se derrumba un edificio esos componentes químicos también cambian, y es lo que estamos intentando medir, con diferentes materiales de construcción y a diferentes profundidades.”

Valientes voluntarios como Liam Heaney sufren el encierro como si fueran víctimas de un accidente. “Tras algunas horas en la caja, supongo que tendré hambre o sed, porque no te dan ni comida ni nada de beber. Espero estar bien al principio, pero quizás un poco incómodo al final.”

El experimento de hoy dura seis horas. “Empecé a sentir el aire dentro de la caja un poco más húmedo y saturado. Pero por lo demás, estuve bastante bien.” El profesor Paul Thomas nos explica lo que ocurre en el cuerpo humano durante tantas horas sin comer ni beber. “Como quemas todo el azúcar y los hidratos de carbono de la comida que has ingerido, el cuerpo empieza a consumir la grasa. Vives básicamente de la grasa de tu cuerpo. Y por eso cambian los químicos de la respiración. Por ejemplo, aumenta el nivel de acetona. Encontramos niveles de acetona, también de dióxido de carbono y altos niveles de isopreno, un componente químico generado por el colesterol que hay en el cuerpo. Y también tenemos amoniaco, relacionado con la orina y el sudor, y que sale a través de la piel.” Y parece que el experimento funciona, explica la química Helen Martin. “Lo que nos está mostrando, claramente, es que hay perfiles químicos en nuestro experimento con escombros y con personas en la caja. Podemos ver claramente que hay una persona viva en la caja, si los comparamos con una en la que no hay nadie.”

De vuelta en Barcelona, un segundo voluntario sigue enterrado. Mientras continúan la búsqueda, el equipo de rescate instala sensores sin cables, diseñados para localizar señales de vida, incluso cuando ellos se hayan ido. Una unidad central, conectada en red, procesa las grabaciones y los datos químicos, y los compara con mapas detallados, explica Nuno Ferreira, desarrollador de software. “La conexión en red permite a un experto internacional seguir en directo desde casa toda la operación de rescate. Este experto será capaz de ver lo que ocurre en el lugar. Tendrá la misma cantidad de información que los socorristas locales y el experto también será capaz de intervenir.”

Una explosión repentina provoca un incendio. Con cámaras especiales, los trabajadores pueden ver a través del humo para localizar a la segunda víctima. Es ahora cuando el personal de rescate pone nota al prototipo. Nicolas Aced está satisfecho. “El sistema funciona bien en su conjunto. Hay un pequeño retardo entre el momento en el que la máquina obtiene la información y el momento en el que nos llega a nosotros.”

Tras esta primera prueba, los investigadores siguen avanzando. Milt Statheropoulos ya está pensando en el siguiente paso. “Creemos que podemos utilizar algunos prototipos y convertirlos en aplicaciones comerciales. Por supuesto, siempre está la posibilidad de mejorarlos, en cuanto a sus capacidades y también a su operatividad.”

El equipo recibe con ilusión esta nueva tecnología. Para el finlandés Raimo Rasijeff lo mejor es la ausencia de cables. “La tecnología de rescate que utilizamos ahora siempre lleva cables y a veces mientras trabajamos se cortan o se quedan atascados.” Sebastià Bassagué, de la brigada de bomberos de Cataluña, recomienda algunas mejoras. “Hay ciertos materiales de construcción que cuando se derrumban forman unos escombros muy homogéneos, más parecidos a la arena, sin agujeros y donde el aire no circula. El sistema actual debería evolucionar para ayudarnos en esas situaciones. Y además debería ser un poco más ligero.”

El sistema podría aumentar el porcentaje de supervivencia en este tipo de situaciones. Algo bueno, que con mucha investigación, podría estar más cerca de la realidad.

http://www.sgl-eu.org