Última hora

Última hora

Luces y sombras de la educación lenta

Quizá conozcan el movimiento de la comida lenta, una respuesta frente a la comida rápida industrializada. Pero, ¿qué es la educación lenta?. Comenzó

Leyendo ahora:

Luces y sombras de la educación lenta

Tamaño de texto Aa Aa

Quizá conozcan el movimiento de la comida lenta, una respuesta frente a la comida rápida industrializada. Pero, ¿qué es la educación lenta?. Comenzó en el Reino Unido y Estados Unidos, pero ha tenido una evolución diferente alrededor de todo el mundo.

La opinión de un experto español

Desde 2004, Joan Domènech Francesch, director de un colegio, y sus compañeros aplican enfoques innovadores en la educación. El concepto se denomina ‘educación lenta’.

“El concepto de la ‘educación lenta’ es un concepto relacionado con el tiempo necesario para que los aprendizajes puedan realizarse”, explica Doménech. Para el profesor, cada niño tiene “unos intereses concretos, unas capacidades y su propio ritmo” que es “diferente para cada uno de los 25 alumnos” que hay en el aula.

En realidad, es algo muy diferente a las ideas convencionales. Pero, ¿cómo estudiarán los niños después la escuela secundaria?.
Belén Gallofré tenía dudas al inicio: “Mi hija ha ido al instituto, viniendo de una escuela donde ha ido con un bocata en la mochila ropa el día de deporte, es decir, ha ido con poco peso. Si tú sales a la calle ves niños viniendo de una escuela tradicional llevando unos mochilas enormes arrastrando. En el instituto se ha metido a fondo con los deberes, con las tareas que tiene que hacer en casa, está sacando notables y excelentes.”

La idea es ofrecer oportunidades más diversas y adecuadas para que aprendan los niños, promoviendo sus habilidades particulares y evitando la sensación de insuficiencia. Menos tiempo para que se les enseñe y más para que aprendan

“En nuestra escuela hay muchas actividades que se basan en una libre circulación por la escuela, propiciando precisamente esta flexibilidad que les permite también a los alumnos entender que están en un sitio donde están aprendiendo en cualquier parte. No solo se aprende estando sentado en un pupitre con una hoja de papel. Se aprende de muchas formas diferentes. Y lo que intentamos reproducir en la escuela es esta idea. A partir del alumno, a partir de lo que ellos saben, y lo que ellos se preguntan y lo que a ellos les interesa se les puede acompañar en el proceso de aprendizaje”, concluye Joan Domènech Francesch

Un nuevo modelo en la exigente educación china

En las faldas del monte Wutong, una zona rural en el sur de china, el colegio De Qian es uno de los primeros que se ha abierto con métodos a la vieja usanza. Los alumnos visten ropas tradicionales chinas y estudian textos clásicos y artes antiguas como la caligrafía.

En el centro hay unos treinta alumnos de tres a trece años. Todas las mañanas inician sus clases con dos horas de caligrafía china. El proceso de aprendizaje es bastante largo, pero los niños siguen su propio ritmo.

“El propósito es también empezar el día tranquilizando el alma de los alumnos, porque tras la caligrafía es posible concentrarse durante más tiempo y tener más estabilidad. Por ejemplo, si se lee un libro, es más fácil acabarlo y no dejarlo después de leer uno o dos capítulos”, explica el profesor de caligrafía Li Fujun.

En este colegio no hay matemáticas o ciencias modernas, pero se leen libros antiguos, como los de Confucio, durante horas.
El centro fue fundado en 2002 por el profesor Zhang Zonghe para que su propio hijo aprendiera con la antigua educación. Él asegura que se tarda muchos años en aprender de los clásicos chinos, pero que es lo mejor para el bienestar de los niños: “Espero que sigan leyendo los clásicos chinos durante toda su vida, que hagan lo posible por leer a Confucio, textos sobre el taoísmo o el budismo, para volver a una vida feliz, que es lo más importante.”

Debido a unos rasgos especiales de aprendizaje, algunos niños pueden tener dificultades al pasar al instituto. Pero muchos de estos padres ven demasiada competitividad en la escuela pública. La madre de una alumna sostiene que “en el colegio privado, los niños están menos angustiados, se centran más en la infancia, la educación está más adaptada a ellos” mientras que “en el colegio público tienen demasiadas clases y asignaturas, más cosas que aprender”

Los certificados de estos centros privados todavía no están reconocidos por las autoridades. Pero tanto profesores como padres son optimistas. Recientemente en Pekín, algunos políticos han sugerido la obligatoriedad de las clases de cultura tradicional en las escuelas de primaria de todo el país.

Japón prescinde de la educación lenta

En Japón, la primavera empieza cuando los cerezos florecen. Para los alumnos, esta época marca unas vacaciones de dos semanas previas al nuevo año escolar. Pero en la Tierra del Sol Naciente, estar de vacaciones no implica estar ocioso. Como muchos colegios en Japón, el instituto Shibuya, en pleno corazón de Tokio, permanece abierto durante este tiempo. Para los alumnos, no hay nada de malo en ir a clases de inglés en lugar de quedarse en casa.

“Si estoy un día sin estudiar, siento que soy una vaga, Así que intento acostumbrarme a trabajar mucho, todos los días incluso durante vacaciones. De esta forma, estudiar mucho se convierte en algo natural para mí”, explica una de ellos.

Los alumnos están acostumbrados a largas jornadas en el colegio, a veces incluso durante más de seis días a la semana. La mayoría también tiene clases por la tarde. Por este motivo, durante mucho tiempo, los japoneses pensaban que los niños tenían que aprender rápido para aprender bien. Sorprendentemente, en 2002 el Gobierno decidió establecer la educación lenta en las escuelas públicas.

Una revolución para el profesor Ken Terawaki, uno de los promotores de la reforma: “La educación ha cambiado completamente. Antes los niños eran pasivos y se sentían forzados a estudiar. Intentaban memorizar todo lo que el profesor les decía. Solo querían estar a la altura de las expectativas del profesor. Pero con la educación lenta, los niños aprenden a pensar. Estudiar es su propia decisión y así es como disfrutan aprendiendo.”

La educación lenta acabó en 2007, tras cinco años de práctica. El cambio ha sido masivamente rechazado por los padres y los medios de comunicación que todavía hablan hoy de una “generación lenta” emergente incompatible con las expectativas japonesas de excelencia y rendimiento.

Los docentes universitarios observan una caída en los resultados de los alumnos. Uno de ellos es Noboyuki Tose, profesor de matemáticas en la Universidad Keio. En su opinión, ralentizar el ritmo fue simplemente contraproducente: “La educación lenta no dedica el tiempo suficiente a las matemáticas. Los padres tienen que apuntar a sus hijos a clases de tarde para que vayan más rápido. Eso amplía la brecha entre padres ricos y padres pobres, porque esas clases son caras. Y, como tienen que ir a esas clases, los niños no tienen tiempo para las artes, los deportes y otras actividades extracurriculares esenciales.

Según los expertos japoneses, esos cinco años de educación lenta tendrán serias consecuencias para el futuro del país, la investigación científica y el crecimiento económico. Piensan incluso que es momento de acelerar el ritmo. Porque en Japón, la lentitud es frecuentemente relacionada con la pereza.