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Los detectives atómicos

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Los detectives atómicos

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El terrorismo nuclear es una amenaza cada vez mayor, ya que las organizaciones extremistas pueden acceder a materiales necesarios para fabricar bombas. ¿Qué podemos hacer? Los "detectives atómicos" re

Es una imagen habitual en los controles fronterizos europeos. Los detectores de radiación hacen saltar las alarmas. El camión es inspeccionado. En esta simulación, alguien ha escondido uranio para uso militar en bolsas de fertilizante natural radioactivo.

“Si hay un comprador hay un mercado y una persona puede hacer muchísimo dinero con esto. Por detrás puede haber un ataque terrorista, utilizar este material para fabricar una bomba sucia, una bomba de radiación o de otro tipo”, dice el coordinador del centro europeo EUSECTRA en el JRC-ITU, Jean Galy.

Comienza la investigación. Las pistas, como los contactos del móvil del conductor, llevan a una dirección, que es donde se organiza el ataque. Allí, el equipo de forenses nucleares emplea un equipamiento especial y su pericia para recoger todas las pruebas.

Magdalena Toma, del centro JRC-ITU explica: “Buscamos dos cosas: la presencia de material radiactivo, para ver si hay algo. Si lo hay, entonces tenemos que tomar medidas en consecuencia. Después, buscamos pruebas forenses clásicas, como ADN, sangre, pelos, para descubrir quién estaba trabajando aquí… Básicamente, para coger a los malos”.

Denis Loctier, euronews: “Entonces, ¿qué podemos descubrir a partir de una pequeña muestra de material radioactivo?

Los expertos del Instituto de Elementos Transuránicos en Karlsruhe, Alemania, emplean herramientas muy sofisticadas, como este espectrómetro de masas para descubrir de dónde procede el material radioactivo.

“Solo necesitamos algunas decenas de partículas y después, en cada una, hacemos una medición isotópica muy precisa. Esto nos dirá qué tipo de material se trata. Quizás sea solo uranio natural, o tal vez material combustible, a lo mejor es material armamentístico, ya veremos”, cuenta Magnus Hedberg, investigación de espectrometría de masas en el JRC-ITU.

Estas mediciones necesitan combinarse con otras técnicas, como la microscopia, que muestra la estructura característica del material incautado.

“Eventualmente podemos determinar su origen o el proceso de fabricación, o la estructura de ciertos elementos como ver la talla del grano y las formas inherentes a la morfología de estas partículas”, dice el científico de materiales Thierry Wiss.

Incluso detalles mínimos, como ciertas impurezas en el material radioactivo, pueden ser detectadas para localizar la fábrica de origen.

Maria Wallenius, radioquímica también en el JRC-ITU, explica que muchas veces trabajan en estrecha colaboración con otros colegas:

“Sabemos que la gente utiliza diferentes técnicas, así que siempre que lo necesitamos pedimos consejo, porque nadie sabe todo. Por eso necesitamos ayuda de nuestros colegas de combustibles nucleares, o de ciencia material que pueden contribuir también en las investigaciones forenses nucleares”.

Durante los últimos 20 años, estos “detectives atómicos” han investigado cerca de 50 casos. La amenaza ahora ¿es cada vez mayor o menor?

“Es una pregunta muy difícil”, dice el jefe del equipo forense nuclear, Klaus Mayer. “Los casos que vemos, que se destapan son solo la punta del iceberg. En este sentido, me gustaría citar a un exdirector general de la Agencia Internacional de la Energía Atómica que dijo: “No sabemos lo que no sabemos”.