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La frontera entre Hungría y Serbia, el tapón de Europa

Las medidas coercitivas impuestas por Hungría reducen la entrada de refugiados. 2.410 personas fueron interceptadas el jueves, casi mil menos que la

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La frontera entre Hungría y Serbia, el tapón de Europa

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Las medidas coercitivas impuestas por Hungría reducen la entrada de refugiados. 2.410 personas fueron interceptadas el jueves, casi mil menos que la jornada anterior que registró una cifra récord, según fuentes policiales.

Sin embargo, las alambradas metálicas, y el muro construidos por Budapest no consiguen disuadir el flujo de refugiados. Tres cuartos de los más de 100 000 que han conseguido entrar en el país, en lo que va de año, son afganos, sirios o iraquíes.

El viaje emprendido por miles de refugiados desde Turquía, Grecia pasando por los Balcanes, se topa con las condiciones draconianas impuestas por Hungría, la frontera del bloque Schengen con Grecia.

Budapest ha endurecido su legislación sobre inmigración pese a que infringe las leyes comunitarias ( el acuerdo de Dublín). Este verano decidió expulsar a toda aquella persona que entre en su territorio desde un tercer país considerado seguro, sin necesidad de tener que examinar su petición de asilo.

Muchos refugiados son devueltos a Serbia y vuelven a unirse al flujo de personas que recorren, a pie, la frontera serbia con Hungría. Belgrado está facilitando el tránsito de personas procedentes de Macedonia ante la falta de medios de transporte que les conduzcan hacia la frontera sur de la Unión Europea.

La actitud laxista de Serbia no responde a sus propias leyes sino a una realidad a la que tiene que hacer frente. La policía de la fronteriza Kikinda es la encargada de controlar las dos prinpales rutas que toman los refugiados, una hacia Croacia y otra hacia Hungría. Los conocidos pasos de Backi Breg y Subotica forman la denominada “green border” que las autoridades serbias controlan en cooperación con la policía fronteriza húngara, más equipada puesto que recibe el apoyo de la Frontex. Las detectores de movimiento y temperatura hacen que el 60% de las detenciones se produzcan del lado húngaro.

Serbia está dejando pasar a la mayoría de las personas que intentan acercarse a la frontera pese a que cuenta con una legislación muy dura en materia de inmigración. Las personas atrapadas por la policía serbia son fotografiadas y sus huellas dactilares son conservadas en un fichero nacional (AFIS) para, luego, ser detenidas a la espera de jucio. En la mayoría de los casos, tienen que responder de los delitos de “estancia ilegal” y “entrada ilegal”. De las 9 104 personas detenidas el año pasado, 2 920 fueron condenadas, pero, según un informe de Amnistía Internacional, las autoridades acaban otorgando un plazo a los detenidos para que abandonen el país libremente. La deportación a sus países de origen que conllevaría la orden de expulsión casi nunca se hace efectiva por falta de medios dictando así la conducta de las autoridades serbias en esta nueva crisis migratoria.

Serbia acoge sin grandes medios el flujo procedente de la estación de la triste célebre ciudad de Gejvelija en Macedonia donde siguen llegando, cada día, entre 2 000 y 3 000 personas, el 80 por ciento son sirios.

El fotoperiodista Fabio Bucciarelli muestra el estado en el que viajan los refugiados en un tren procedente de Gejvelija en dirección hacia Serbia: