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Las prisiones italianas, "el cubo de la basura" del país

Las cárceles italianas tienen ejemplos modélicos, como en Bollate, cerca de Milán con todo lo necesario para la reinserción: talleres e incluso un

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Las prisiones italianas, "el cubo de la basura" del país

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Las cárceles italianas tienen ejemplos modélicos, como en Bollate, cerca de Milán con todo lo necesario para la reinserción: talleres e incluso un establo.

Sin embargo, esta utópica imagen se da solo aquí. En el resto de instituciones, lo normal es un gran deterioro a pesar de las reformas.

Instalaciones viejas y anticuadas

Entramos en la prisión de Regina Coeli, en Roma. Todo el mundo está en los pasillos. Una reforma permite mantener las celdas abiertas todo el día. Otras leyes contemplan además alternativas para permitir la salida de más de 10.000 reclusos.

El Consejo de Europa ha aprobado ciertas normas para mejorar su calidad de vida, pero no todas las instituciones las siguen. Un recluso nos cuenta que en su sección para 72 personas apenas hay dos duchas.

“Como vivimos recluidos, todo lo que fuera no tendría importancia, aquí es vital. Por eso, las esperas para la ducha, si son muy largas, pueden acabar en grandes disputas”, nos cuenta uno de los reclusos, que reconoce que hay tensión “todo el tiempo”.

Pero hay situaciones peores. En Como, en el norte, las instalaciones de las duchas dejan mucho que desear: filtraciones y goteras por todas partes. La situación podría ser peligrosa.

La prisión data de los años 80. Estas duchas nunca han sido renovadas ni cambiadas.

“Hace un año que nos dijeron que iban a repintarlo”, dice uno de los prisioneros

Además, en estas cocinas lo peor no son las paredes, sino los baños.

Pero hay situaciones peores. En la cárcel de Trani, el WC está a la vista, junto a la mesa y frente a la entrada de la celda.

Alessio Scandurra, director de investigación de Antigone, una ONG que defiende los derechos de los reclusos, nos advierte de un grave problema: “El patrimonio inmobiliario penitenciario italiano es muy viejo y en general necesita muchas obras de renovación. Las nuevas instalaciones no son fruto de una planificación a largo plazo. Son una respuesta a la emergencia de la sobrepoblación de las cárceles en los últimos años”.

Falta de fondos debido al despilfarro

En Como, al igual que en otros lugares, podemos ver hasta a tres reclusos en celdas concebidas para una sola persona. Los criterios del Consejo de Europa en cuanto a la sobrepoblación son respetados, pero mínimamente. Casi siempre hay el mínimo de 3 o 4 metros cuadrados por preso, aunque según la Ley italiana, deberían ser 9.

Además hay otros problemas. Nos muestran el local destinado a la educación de los presos, fundamental para la reinserción. El local está cerrado por su degradación, nos explica Giovanni Perricone, jefe de los educadores: “había goteras y eso provocaba la caída de trozos del techo”.

Sin embargo, justo al lado, hay una sala del tribunal construida hace 20 años para un proceso contra la ‘Ndrangheta. Tiene cientos de metros cuadrados que fueron utilizados apenas unos meses. La prisión necesita más espacio, pero no pueden utilizar este lugar.

El problema está claro. Aunque hay proyectos, no hay suficiente dinero para renovar todas las instalaciones, en parte por los despilfarros del pasado.

En Spinazzola, por ejemplo, una prisión estuvo funcionando durante algún tiempo y luego fue cerrada. No es un caso único

“Acababan de gastarse 200.000 euros para mejorar las condiciones de los reclusos y justo después la cerraron”, nos dice Federico Pilagatti, miembro del sindicato de los policías penitenciarios SAPPE.

Mil kilómentros al norte, en Revere, la misma historia. Una prisión casi terminada la pasada década pero nunca concluida. Nos la enseña el alcalde, Sergio Faioni. El deterioro que ha sufrido tras años de abandono es evidente: “El edificio, globalmente, cuesta unos dos millones y medio de euros. Desgraciadamente, se trata de un despilfarro, porque en estas condiciones no puede utilizarse. Esta claro que el dinero de los contribuyentes ha sido malgastado”, explica a euronews.

Falta de actividades destinadas a la reinserción

Si las instalaciones son viejas – el 80% tiene más de 100 años – la cuestión es qué hacer dentro. No hay suficientes actividades para todos. La consecuencia directa es que la prisión no cumple con su deber básico: la reinserción social. Por eso la tasa de reincidencia está entre las más altas de Europa.

Nos encontramos con un privilegiado en ese sentido, el escribano público de Regina Coeli.

“Hay algunos que no saben escribir, así que escribo por ellos sus solicitudes tanto a la prisión como a las instituciones. Al hacerlo, me he ido acostumbrando al procedimiento puedo decir que me he convertido casi en una abogado. Ayudo a los demás y de hecho hay algunos que han salido de prisión gracias a los documentos que he escrito destinados a las instituciones. Tengo la posibilidad de pasar más tiempo fuera de la celda que los demás. De hecho mucha gente se pasa todo el día en su celda sin saber qué hacer”, relata.

A algunos kilómetros de Roma, en Latina, hay una pequeña prisión que cuenta oficialmente con 76 plazas según el criterio de los 9 metros cuadrados, pero hay 144 reclusos. La directora nos muestra un pequeño gimnasio que ha puesto en marcha con donaciones, ya que el dinero que le corresponde oficialmente no es suficiente.

“El año pasado recibimos algo más de 1000 euros. 1070. Para todo el año, para actividades educativas”, explica Nadia Fontana. Son menos de 10 euros anuales por recluso, lo que ha llevado a la directora a buscar alternativas, no solo en cuanto a donantes: “Recurrimos a voluntarios. tenemos algo más de 50 que nos ayudan, pero no basta”.

A pesar de todo, en Latina saben obrar pequeños milagros. Una reclusa aprendió a leer y escribir en prisión. “No sabía, pero con un profesor pude aprender. Me hizo falta tiempo, pero lo logré”, nos dice, explicando además que en breve recibirá su diploma: “Es como el graduado escolar. Me lo darán el lunes. Se lo conté por carta a mi sobrina. Me respondió diciendo que era genial, que era la carta más bonita que le había escrito, porque la había escrito con mis propias manos. Me siento muy emocionada por mis sobrinos”.

Circulando por los pasillos nos sorprende ver a un grupo de reclusos de avanzada edad. No sabemos de qué se les acusa, pero surge la pregunta de si este es un sitio adecuado para ellos.

El problema es que los presos de este tipo se quedan en la cárcel al no haber suficientes estructuras para acogerlos fuera en otro régimen de detención. Nadia Fontana es muy directa al explicar la situación: “Somos como la papelera de todo lo que no quieren ver fuera. Todo lo que no quieren ver ahí fuera, lo traen a la prisión. Hablamos de enfermos mentales, ancianos, sin techo… Toda la gente en situación crítica. Y nosotros tenemos muchas dificultades para gestionarlo. No es nuestra labor”.