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Irak: reportaje exclusivo desde el frente de la guerra contra el Dáesh

El pasado 24 de marzo, las fuerzas iraquíes apoyadas por los milicianos peshmerga kurdos y por la coalición internacional, iniciaron su ofensiva

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Irak: reportaje exclusivo desde el frente de la guerra contra el Dáesh

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El pasado 24 de marzo, las fuerzas iraquíes apoyadas por los milicianos peshmerga kurdos y por la coalición internacional, iniciaron su ofensiva contra el Dáesh para retomar el control sobre la ciudad de Mosul, en manos del grupo Estado Islámico desde hace casi dos años.

El gran despliegue que trata de abrir camino al avance del Ejército iraquí, y que recibe el nombre de “Al Fatah”, se enfrenta a la dura resistencia del grupo yihadista, que ha convertido Mosul en la capital del autoproclamado califato en Irak.

Mohammed Shaikhibrahim, enviado especial de euronews, ha seguido estas operaciones militares, para liberar la provincia de Nínive, en la línea del frente.

Aquí se libra un particular tipo de contienda en la que los yihadistas del Dáesh alternan tácticas de guerrilla, con ataques suicidas, además de los proyectiles de mortero. De ahí la dificultad de asediar al adversario en su retaguardia. Un enemigo que podría incluso utilizar armas químicas.

Situada en el norte de Irak, Mosul es la segunda ciudad más grande del país. En el flanco sur de este bastión yihadista, el Dáesh mantiene un férreo control sobre los pueblos de alrededor.

El Dáesh se apoderó de Mosul el 9 de junio de 2014. A partir de ahí ha destruido un sinnúmero de centros religiosos y sitios arqueológicos, cometiendo crímenes de lesa humanidad contra todos los grupos étnicos y religiosos, incluidos chiíes, suníes, kurdos y yazidíes.

Desde Mosul, en Irak, y Raqqa, en Siria, el Dáesh pretenden extenderse por toda la región.

Desde esta mezquita en Mosul, el líder yihadista Abu Bakr al-Baghdadi, en su primera y única aparición pública autoproclamo la creación del califato “Estado Islámico de Irak y del Levante”.

El mundo entero no daba crédito ante la rapidez con la que el Dáesh extendía su barbarie.

¿Por qué el Ejército iraquí se batió en retirada y con qué cantidad de armas se hicieron los yihadistas? Atheel al Nojafi era el gobernador de Mosul cuando la ciudad cayó en manos del Dáesh.

“Las milicias del Dáesh se hicieron con un arsenal valorado en más de tres mil millones de dólares. Y eso sólo en Mosul. Con esa enorme cantidad de armas podrán resistir y dar batalla durante mucho tiempo. El Ejército iraquí permitió la entrada del Dáesh en la ciudad de Mosul, pensando que después sus tropas podrían rodearla, combatir y derrotarles fácilmente, pero por desgracia, este plan fracasó. Cuando pedimos ayuda a las fuerzas kurdas peshmerga para retomar Mosul, el ex primer ministro Nuri al-Maliki se opuso. Entonces, me puse en contacto con EE.UU, concretamente con Brett McGurk, del Departamento de Estado, me reuní con él en la ciudad de Erbil, informándole de que Mosul acabaría en manos de los yihadistas del Estado Islámico, pero él no mostró ningún interés, y ni siquiera me dio una respuesta.”

Tras meses de preparativos, el Ejército iraquí en colaboración con las fuerzas peshmerga kurdas y la Coalición Internacional liderada por Estados Unidos; decidieron que estaban listos para iniciar su batalla contra el Dáesh, para tomar el control de Mosul y los pueblos de los alrededores.

En la reunión tripartita para la liberación de la provincia septentrional de Nínive, la Coalición Internacional liderada por EE.UU. anunció que esas operaciones podrían concluir este año, pero el Comandante kurdo de las fuerzas peshmerga, Sirwan Barzani se muestra escéptico:

“La Coalición Internacional no está mostrando el apoyo decisivo que necesitamos en la guerra contra el Dáesh, cuyas milicias cuentan con toda una estructura sobre el terreno. El Dáesh tiene ahora un Estado y su capital es la ciudad de Mosul. Pero además tienen centros de entrenamiento militar, por lo tanto, tienen cierta capacidad operativa; y de la forma como está gestionando todo esto la Coalición Internacional, nunca podrán derrotar al grupo Estado Islámico.”

Tras liberar algunos pueblos al sur de Mosul, las tropas iraquíes han recuperado la esperanza de vencer al Daésh y recuperar el control de la ciudad.

La situación ha permitido al ministro de Defensa iraquí, Khaled al Obeidi desplazarse hasta el distrito de Makhmur, para seguir de cerca las operaciones militares en la línea del frente:

“Tanto el Ejército iraquí como el pueblo de Irak están luchando contra el Dáesh. La Coalición Internacional, nos proporciona un gran apoyo en esta guerra, y sin duda podemos decir que está jugando su papel de la mejor forma posible. Sin embargo, el verdadero reto vendrá tras la victoria, pues necesitaremos desarrollo en nuestro país, una vez que derrotemos al grupo Estado Islámico.”

A pesar del avance de las fuerzas iraquíes y de la zona de seguridad que protege el distrito de Makhmur de los misiles del Dáesh, el peligro sigue ahí. En cualquier momento, el Ejército iraquí y las fuerzas peshmerga pueden ser sorprendidos por un proyectil de mortero o un ataque con misiles Katyusha. O un coche bomba puede estallar en un cuartel causando muertos y heridos.

“Las milicias del Dáesh utilizan a miles de personas que viven en Mosul como escudos humanos, lo que dificulta el avance del Ejército iraquí, cuyas tropas progresan lentamente pues no pueden volverse contra su propio pueblo, explica Mohammed Shaikhibrahim.”

La avanzadilla militar del Ejército iraquí y de las fuerzas peshmerga han construído estos cuarteles rodeándolos de trincheras minadas y para proteger el distrito de Makhmur de una emboscada del Dáesh, como nos cuenta el general Jotyar Saida:

“Durante la noche, hace una par de días, tuvimos cinco ataques sucesivos del grupo Estado Islámico, pero logramos derrotarlos y expulsarlos del pueblo después de matar a una docena. Puedo decir que el Dáesh ahora mismo está a la defensiva, y cuenta principalmente con las minas terrestres, los coches bomba y los ataques suicida.”

Vamos ahora al frente común de las fuerzas iraquíes y peshmerga, llegamos hasta la primera línea defendida por los Peshmerga, en las fortificaciones que rodean a Makhmour.

Una avanzadilla militar que funciona como un refuerzo para asegurar las fronteras de la región del Kurdistán.

El fuego de mortero no está lejos, mientras preparamos la entrevista con el general peshmerga Omar Ghazali.

“El Gobierno de Bagdad, siguiendo órdenes del ex primer ministro Al Maliki y del actual primer ministro Al Abadi, ha suprimido el presupuesto para la región del Kurdistán y recortado los sueldos de los soldados peshmerga. Ni siquiera nos proporcionan armas.”

Las fuerzas kurdas no acompañan al Ejército iraquí en su misión de recuperar los pueblos de los alrededores. Y aunque su presencia aquí es esencial, no van más allá debido a las diferencias con el Gobierno de Bagdad.

La misión de las fuerzas kurdas aquí se limita a proteger las fronteras y a mantener a distancia a los yihadistas del Estado Islámico, para impedir que cometan ataques suicidas, sobre todo por la noche. Además, las fuerzas kurdas proporcionan también apoyo logístico y militar en la línea del frente, explica nuestro enviado especial.

Los kurdos combaten contra el Dáesh en un frente que abarca unos mil kilómetros, y que se extiende desde Rabia y Sinyar, en la frontera entre Siria e Irak, hasta el sur de Kirkuk.

Seguimos nuestra ruta hasta otro puesto avanzado conocido como Sultan Abdullah, el nombre de un pueblo cercano ocupado por los yihadistas del grupo Estado Islámico.

Este puesto es vital para las fuerzas kurdas en su batalla contra los yihadistas porque está cerca de Mosul y de otros pueblos tomados por el Dáesh.

En varias ocasiones ha intentado recuperar esta posición estratégica, en la línea que une Kirkuk, Erbil y Mosul, pero no lo ha logrado.

Aquí se libraron encarnizados combates en los que el grupo Estado Islámico utilizó por primera vez armas químicas.

Las fuerzas kurdas resisten porque si pierden esta posición, Erbil quedaría desprotegida y podría caer en poder de los yihadistas.

A veces, las fuerzas kurdas logran interceptar la radiofrecuencia del grupo Estado Islámico. Aunque los mensajes estan codificados, los peshmerga han aprendido a descifrarlos y burlar así algún que otro ataque.

Los Peshmerga nos muestran otra de sus tácticas para repeler a los yihadistas e impedir que crucen la frontera. Cubren el terreno de minas y las hacen estallar mediante un cable eléctrico desde sus trincheras.

El general Mohamed Asaad nos muestra las posiciones de los yihadistas alrededor de la avanzadilla kurda. Están a unos 800 metros.

Mantienen una presión constante sobre las tropas kurdas, pero de momento no han logrado recuperar este puesto, a pesar de que todavía controlan otros pueblos alrededor.

“Cuando vemos un movimiento del lado de los yihadistas, nuestras tropas disparan inmediatamente, pueden ser los francotiradores, o a veces con armas pesadas. Respondemos a cada ataque para impedir que penetren en nuestras posiciones, mediante ataques suicida.”

Durante la grabación de este reportaje, los peshmerga detectaron a dos combatientes del Dáesh, en seguida dispararon hacia ellos, con unas armas que tienen un alcance de hasta tres kilómetros. Esto es la rutina aquí.

Dejamos atrás Sultan Abdullah y volvemos a Makhmur. Llegamos al campamento Black Tiger, el cuartel general de Sirwan Barzani, comandante de las fuerzas peshmerga en Makhmur. Nos explica el papel desempeñado por sus tropas durante los dos años que han combatido contra los yihadistas del Dáesh para recuperar ciudades estratégicas de Irak y Siria y proteger al pueblo kurdo confrontado a la tortura, los asesinatos y a una forma brutal de ocupación.

“Las fuerzas peshmerga se encuentran desplegadas en una línea de frente de unos mil kilómetros para combatir al Dáesh, pero durante nuestra guerra contra los islamistas radicales, hemos afrontado todo tipo de tácticas no convencionales, confirma Barzani. Por ello, necesitaríamos equipamientos sofisticados como cámaras de vigilancia, radares y dispositivos de detección de movimiento y de calor para localizarlos y evitar su avance. A pesar de la falta de equipamiento adecuado, nuestros soldados siguen resistiendo con un espíritu combativo, como ha podido ver usted mismo en el frente de batalla, sobre todo allí donde sufrimos un ataque de gas mostaza por primera vez desde que estalló la guerra. Este sitio donde estamos fue atacado más de 36 veces por el Dáesh sin que lograran avanzar ni un kilómetro hacia nuestras posiciones.”

Ahora nos desplazamos hacia la rica ciudad petrolera de Kirkuk, que fue ocupada durante mucho tiempo por los yihadistas del Estado Islámico antes de que los peshmerga y el Ejército iraquí pudieran recuperarla.

La importancia de esta ciudad se refleja claramente en este mapa, pues marca la frontera entre Erbil y Bagdad. Su población se compone de una mayoría kurda, de árabes y turcomanos.

Además es la zona montañosa más alta de la región, y eso explica porqué el Dáesh quería mantenerla a toda costa bajo su dominio sin conseguirlo. Ahora Kirkuk está protegida por las tropas peshmerga desplegadas por las montañas, cerca del distrito de Hawija, a unos cuantos kilómetros de donde el Dáesh cuenta con numerosos combatientes.

Nos acercamos a esta posición custodiada por el Movimiento de Liberación Kurdo, aquí está formado por algunos combatientes que han venido de Irán para ayudar a sus compañeros del Kurdistán iraquí. Hussein Yazdan es uno de sus jefes militares:

“El grupo Estado Islámico ha atacado todas las zonas del Kurdistán y ha podido acercarse al distrito de Dibs, al oeste de Kirkuk. Esas zonas estaban bajo control del Ejército iraquí, pero éste se retiró por orden de Al Maliki, dejando un poderoso armamento del que el Dáesh se apoderó y utilizó contra nosotros en esta guerra.”

No fue fácil conseguir permiso para que pudiéramos entrar aquí. Los combatientes kurdos desconfían de las infiltraciones desde el intento de asesinato de uno de sus jefes hace unos meses.

El jefe de esta unidad militar nos deja escuchar la grabación de una de esas escaramuzas con el Dáesh.

La fe en la nación kurda y las constantes amenzas del Dáesh les mantienen en pie de guerra.

Están orgullosos de haber conseguido recuperar Kirkuk y de haber capturado una gran cantidad de armas del enemigo.

Con los hombres combate un destacamento de mujeres kurdas decididas a vengar a las mujeres que fueron raptadas, violadas o asesinadas por los hombres del Dáesh.

Bien entrenadas y tan fuertes como los hombres, estas combatientes estan preparadas para pelear, resistir y evitar ser capturadas vivas. Su papel en esta guerra ha sido decisivo, sobre todo en las batallas de Kobane, Sinyar y en la reconquista de las zonas yazidíes. Berevan Sadeqfar es una de esas mujeres soldado:

“A pesar de la fuerza y la brutalidad del Dáesh, no han podido ocupar esta zona. Nuestros soldados, hombres y mujeres, han sacrificado mucho en la contienda. Yo voy a seguir luchando en esta guerra para vengar a todas las mujeres asesinadas por el Dáesh.”

Mientras prosigue la batalla del Ejército iraquí por retomar Mosul, las oleadas de desplazados se multiplican por las aldeas y pueblos donde se llevan a cabo operaciones militares.

Testigo de esta huida, nuestra cámara captó el momento en que algunos habitantes del pueblo de Al Nasir, escapaban de la guerra que se libra a escasos kilómetros.

Algunos desplazados logran llegar a Makhmur, pero otros no tienen tanta suerte y mueren por los disparos de balas contra sus coches cuando intentan escapar de sus pueblos y hogares capturados por el Dáesh hace más de dos años.

Unos tres mil desplazados han llegado a Makhmur desde que empezaron las operaciones militares. Muchas familias con niños se han dispersado y algunos han perdido a sus familiares.

Sin alimentos, atención médica, ni un lugar adonde ir, estos refugiados afrontan un sinfín de padecimientos a pesar de los esfuerzos de las organizaciones humanitarias en la región del Kurdistán.

“Pasamos hambre y sed, dice una mujer iraquí desplazada. Esto es una tortura, nos sentimos prisioneros. Tenemos miedo, caen bombas por todas partes.”

Las autoridades kurdas separan a los hombres de las mujeres al llegar aquí. Comprueban además la identidad de todos los recién llegados, verifican los documentos de identidad, para evitar que entre los desplazados pueda infiltrarse algún miembro del Dáesh.

Hoy al fin podemos acompañar al Ejército iraquí a Khurbardan, un pueblo liberado hace tan sólo un par de días. Avanzamos hacia el frente de batalla por una zona todavía extremadamente peligrosa.

Khurbardan está a sólo 10 kilómetros al suroeste de Makhmour, en las llanuras de una zona rural.

Cruzamos ahora la última línea de protección y nos adentramos en un espacio abierto en el que las milicias del Dáesh, podrían aparecer en cualquier momento. A partir de aquí nada es seguro.

Desde el coche vemos que unos soldados iraquíes nos advierten del peligro inminente. Hace apenas unas horas ha estallado una mina antipersona en la carretera.

El oficial del Ejército iraquí que nos guía se acerca a pie hasta el lugar de la explosión para asegurarse de que no hay muertos, ni heridos. Y se informa sobre el estado de la carretera.

Finalmente llegamos a las afueras de Khurbardan, destruída totalmente por los combates entre el Ejército iraquí y el grupo Estado Islámico. Aquí yacen los cuerpos de algunos yihadistas sin enterrar.

“Khurbardan está considerado por el Ejército iraquí como uno de los peores frentes de batalla. La zona está expuesta a proyectiles de mortero, y tenemos estrictas indicaciones de los militares que nos acompañan de ser extremadamente prudentes, y nos dicen que tengamos cuidado con las minas antipersona que están diseminadas por todas partes”, explica nuestro enviado especial, Mohammed Shaikhibrahim.

Un retén de militares iraquíes nos da las consignas de seguridad: No alejarse de la zona y estar atentos a una posible emboscada. El general iraquí Raed Hakim recuerda una de las últimas contiendas:

“En la batalla murieron dos de nuestros compañeros soldados. Hubo heridos y a pesar de todo tenemos ánimos para lograr más victorias y retomar el control sobre todo el territorio iraquí. Entonces todos los desplazados podrán regresar a sus casas y esperamos podremos vivir en paz en nuestro país, igual que en cualquier otro país en el mundo.”

Una de las tácticas de guerrilla más utilizadas por el Dáesh es la emboscada a través de túneles por los que huir y en los que puede acechar un atacante suicida. Nos adentramos en uno de esos túneles.

“Para el Ejército iraquí los túneles constituyen un gran desafío, asegura Shaikhibrahim. Los miembros del Dáesh excavan estos túneles para moverse fácilmente de una casa a otra y para resguardarse de un eventual ataque aéreo.”

En el pueblo reina el silencio sus 300 habitantes han huido. El testimonio de un soldado iraquí:

“Cuando atacamos a los combatientes del grupo Estado Islámico, se escaparon por este túnel, de un kilómetro y medio, y salieron por el otro lado. Hay muchos túneles como éste y otros más que conectan las casas.”

Con un campo de batalla todavía humeante, nos adentramos en este pueblo fantasma…

En la mezquita de la aldea, entre sangre, escombros y casquillos de bala, quedan los restos mortales de un yihadista suicida que cinco días antes se enfrentó a un grupo de soldados iraquíes. Le dispararon, pero siguió hacia la mezquita y prefirió hacer estallar su cinturón de explosivos antes que rendirse.

Hablamos con otro soldado iraquí en Khurbardan. Sabe que la lucha contra los yihadistas en Irak será larga y dura.

“Nuestros soldados tienen los ánimos muy altos. Son verdaderos héroes y estamos listos para más batallas en esta guerra. Esperamos seguir venciéndoles y borrar su existencia de este mundo.”

La misma determinación muestra la unidad de mujeres Peshmerga de Kirkuk. Naishteman tiene 19 años. Nació en una familia revolucionaria kurda y está decidida a ser una combatiente de primera línea en la guerra contra los yihadistas del Estado Islámico. Se acaba de casar y su marido también está en el frente. Su prioridad es defender su tierra.

“En alguna batalla disparé a combatientes del Dáesh, unos murieron y otros resultaron heridos, dice Naishteman. Defendemos esta línea del frente porque los yihadistas siguen atacando. Mi vida personal y mi vida como soldado están conectadas, pero mi sueño es vivir libre y en paz con mi familia. Es todo lo que deseo”.

Naishteman se alistó hace un año y quien sabe cuando podrá volver a colgar el fusil.