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La larga lucha de los inmigrantes bosnios en EEUU

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La larga lucha de los inmigrantes bosnios en EEUU

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Hoy es un día que Alma Telibecirevic ha estado esperando desde hace tiempo, el día en el que recoge su visa para Estados Unidos.

Alma la pidió hace más de dos años y medio cuando se casó con un estadounidense.

Conoció a su marido cuando estaba estudiando becada en Arizona.

Hemos seguido a Alma en el día en el que recoge su visado.

¿Qué sientes al abrir el sobre?, pregunta la periodista de euronews, Valerie Zabriskie.

“Todavía no me lo creo. Ya puedo viajar. Es una sensación de libertad. Hemos tenido que hacer tantas cosas… Ha sido un camino largo y hemos sido muy pacientes para llegar a este momento que tanto esperábamos”, responde Alma.

Gran parte de esa espera se debe a que cuando Alma obtuvo su beca tuvo que firmar un contrato con el Departamento de Estado en el que decía que tenía que regresar a Bosnia y quedarse allí durante dos años.

¿Cuándo empezaste todo el procedimiento para emigrar a Estados Unidos? ¿Tuviste que hacer muchas entrevistas y pasar controles?, pregunta Valerie Zabriskie.

“Los controles sí pero solo tuve una entrevista al final del proceso. En la primera fase envié toda la información personal y de mi marido. En qué trabajábamos, etc. También tuvimos que dar pruebas de nuestra relación: cuándo nos conocimos, cómo empezamos a salir… Es un proceso muy largo y siempre que perdían algún documento teníamos que esperar varios días para revisar el caso. En cada paso se perdían papeles y yo pensaba que núnca acabaríamos”, dice Alma.

Alma creció en Sarajevo y vivió allí durante el asedio a la ciudad de 1992 a 1995. Su padre murió durante la guerra.

A pesar de esos tiempos tan duros nunca quiso abandonar su país.

“Justo después de la guerra la situación era mejor que ahora porque había esperanza. Había algo por construir y ahora están estancados. No pasa nada, nada cambia y nadie ve cómo se puede cambiar”, comenta Alma.

Se estima que un cuarto de los cuatro millones de bosnios se fueron durante y después de la guerra.

Aunque el conflicto acabó hace 20 años y que hay asociaciones que luchan por que los bosnios no se vayan, la emigración ha vuelto a subir.

En los últimos dos años, 80.000 bosnios han abandonado su hogar por razones económicas. El paro es del 42%. Muy pocos se han ido a Estados Unidos.

Son las 05:00 y Alma se marcha a Arizona. Deja una vida en Sarajevo donde estudió Bellas Artes y ha trabajado en marketing y relaciones públicas. Deja atrás familia y amigos.

“Me siento un poco perdida. Todavía no me doy cuenta de que salgo del país. Ayer estaba con mis amigos y fue todo muy emotivo. Se pusieron a llorar. Cuando aterrice en Arizona me daré cuenta de que me he ido de Bosnia. No es nada fácil”, dice Alma.

El viaje de Alma a Arizona durará 24 horas, con una parada en la aduana. Después se reunirá con su marido en una ciudad que tiene más de 1 millón de habitantes y una gran población inmigrante.

“Alma solo ha pasado dos días en Phoenix así que es demasiado pronto para hablar de su nueva vidad en la ciudad. Decido hablar con otros bosnios que llegaron aquí en busca de una vida mejor”, comenta Valerie Zabriskie.

En el restaurante Old Town Sarajevo de Phoenix, la cocina tradicional se une a una decoración también típica de Bosnia.

La dueña, Seida Zenica, llegó aquí en 1999 para visitar a su familia. Se casó con un estadounidense y se quedó después de divorciarse.

“Me gusta este país por muchas razones. En primer lugar porque puedes encontrar un buen trabajo y un buen colegio para tus hijos.
Aquí te sientes libre. Hay libertad para vivir y para construir la vida que quieras”, apunta Zenica.

Después de St.Louis y Chicago, Phoenix tiene una de las mayores comunidades bosnias. Muchos llegaron como refugiados en los 90. Para estas personas, el sueño americano es posible pero también tiene sus grietas.

“Soy empresario. Estados Unidos me ha dado una oportunidad pero tienes que tener cuidado con lo que haces. Te lo dan todo pero también te lo quitan todo. Es muy duro. Tienes que aprender cómo es su modo de vida”, apunta Adnan.

Aprender el modo de vida estadounidense. Eso es lo que hizo el doctor Esad Bosakailo. Llegó a Estados Unidos en 1994, tras pasar un año en campos de concentración. Aprendió inglés, aprobó los exámenes de medicina y ahora es psiquiatra en Phoenix.

“Cuando lo perdí todo excepto mi salud, Estados Unidos me dio una oportunidad. No me dieron ningun regalo ni pagaron mi apartamento. Me dieron una oportunidad porque demostré que soy una persona que puede sobrevivir, aquí y en Bosnia. Todos los refugiados del mundo, incluidos los sirios, solo necesitan una oportunidad, bien sea aquí o en sus países”, dice Bosakailo.

Tener una oportunidad y demostrar lo que vales. Es lo que Alma espera hacer cuando se asiente con su marido Matt en Arizona. De momento, se tiene que enfrentar a cosas más básicas.

“Tengo que hacer toda la burocracia: mi número de la seguridad social, los papeles del banco, mi carné de conducir. Sé que tardaré hasta que conozca a gente y que les enseñe lo que sé hacer y conseguir contactos. Es algo que me motiva y voy a ir a por ello”, apunta Alma.

Alma espera conseguir la “Green Card” y la ciudadanía estadounidense. Algo que sabe no es fácil. Sobre todo, en un año electoral en el que la inmigración se ha convertido en uno de los temas centrales de la campaña. En Arizona hay unos 350.000 inmigrantes sin papeles.

“El mundo no funciona así. No puedes decir que no te gusta tu trabajo y que quieres irte a otro país. Todo depende del lugar al que quieras ir y de que pasaporte tengas. Eso es lo que decide las oportunidades que tendrás”, concluye Alma.

“Estados Unidos es la tierra de los inmigrantes. O eres indio autóctono o vienes de otra parte. En mi opinión, creo en la filosofía de que si en tu país tienes hambre y eres pobres, tienes que tener el derecho de venir aquí. Así es como tendríamos que pensar. Creo que tendríamos que facilitarles las cosas mucho más a todas estas personas que intentan conseguir la nacionalidad siguiendo todos los pasos legales. Como Alma. Tendría que ser lo más fácil posible y con los menos problemas posibles”, afirma su marido Matt.

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