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Acoso sexual en Francia: rompiendo el silencio

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Acoso sexual en Francia: rompiendo el silencio

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“Fueron SMS que duraron varios meses y que eran extremadamente explícitos, de incitación sexual muy directa, que yo no deseaba… a mi no me interesaban esos intercambios de mensajes. Lo dije varias veces pero no sirvió para nada”, asegura Ellen Debost. “Eran amenazas, tocamientos, besándome, pidiéndome que me acostara con él”, detalla otra mujer víctima de acoso sexual. “Me propuso directamente tener relaciones sexuales. Me envió vídeos pornográficos y la primera vez estaba en su oficina, desvié la mirada pero estaba asombrada”, añade Lola.

Todas estas mujeres tienen algo en común: han sido víctimas de acoso sexual en el trabajo y han decidido romper el silencio.

Debost forma parte del Partido Verde de Francia y hoy es teniente de alcalde en la ciudad de Le Mans, al noroeste de Francia.

Pero, hace cinco años, fue acosada por un miembro de alto rango del Partido Verde: Denis Baupin.

Durante meses le mandó, presuntamente, mensajes de texto explícitamente sexuales.

Debost mantuvo la calma y no hizo nada hasta que vio una fotografía de Baupin con los labios pintados de rojo el Día Internacional de la Mujer, en apoyo a las mujeres que sufren violencia masculina. “Di con la foto y me entraron nauseas, estuve a punto de vomitar. Y, paralelamente, el mismo día, el 11 de marzo, le dieron una nueva misión interministerial. Saber que por callar, por no decir nada, aparecía no solo como un defensor de las mujeres sino que además se le confiaban nuevas misiones para poder actuar contra otras mujeres, en otros ambientes, contra nuevas mujeres que no habrían sido advertidas, que no lo sabrán… Tenía la impresión de haber cometido una tontería enorme al no decir nada, y que si no decía algo, todo iba a continuar”.

El 9 de mayo Debost rompió el silencio. Pero no fue la única. Trece mujeres acusaron a Denis Baupin de acoso sexual, desde explícitos mensajes de texto a agresiones físicas. A algunas incluso las amenazó con la pérdida de sus trabajos si no accedían.

Baupin tuvo que dimitir de la vice presidencia de la Asamblea General pero negó las acusaciones.

En junio, Debost y otras dos mujeres presentaron una acusación formal, aunque entiende que otras muchas víctimas opten por el silencio. “Más del 90% de las mujeres que denuncian agresiones o acoso sexual en el trabajo son despedidas o presentan su dimisión. Y luego tienen verdaderas dificultades para para encontrar un nuevo trabajo”.

El último escándalo sexual en el mundo de la política ha vuelto a destacar el “mundo oculto” del acoso sexual.

Se estima que sólo en Francia, una de cada cinco mujeres ha sido acosada en su puesto de trabajo.

Y esto a pesar de una directiva europea y de la ley francesa de 2012 contra el acoso sexual, sólo un 5%de las que han sido acosadas llegan a presentar una queja formal o denuncian.

Identificar el abuso sexual

¿Cómo definir el acoso sexual en el trabajo? ¿dónde está la línea entre la seducción y el acoso? ¿es una mano en la rodilla o en la pierna? ¿o un mensaje de texto diciendo que estás guapa con el vestido que llevas? ¿por qué es tan difícil probarlo?

Hemos preguntado a Christophe Dagues, que dirige la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT) en París, en la que se ha puesto en práctica un programa de prevención del acoso sexual llamado Respetadas.

“Para nosotros la frontera está muy clara entre la seducción y el acoso sexual. No puede haber confusión para el acosador entre lo que es la seducción y lo que se convierte en acoso sexual. Podemos invitar a una empleada a tomar un café por la tarde o decirle que creemos que es guapa o que no nos es indiferente; pero, en el momento en el que ella muestra que no está interesada en nuestros piropos. STOP. Se acabó. Y si no paramos, efectivamente, se convierte en acoso sexual por la simple razón de que la empleada no puede abandonar el lugar en el que se encuentra. No puede dejar de relacionarse con los otros empleados, no puede excluirse del colectivo en el que trabaja, y esto empodera al acosador”, analiza Dagues.

En el Palacio de la Justicia de París, probar que se ha producido un caso de acoso sexual en el Tribunal de Apelación especializada en asuntos laborales es lo que estas mujeres esperan lograr.

La víctima dijo que durante un año fue acosada sexualmente por su jefe, el director de una pequeña empresa de diez empleados. Aseguró que el acoso hizo que llegara a enfermar y caer en una depresión.

Y cuando finalmente decidió presentar una queja formal en el trabajo, seis días después fue despedida.

Hoy, su abogada y la directora de una Asociación que Ayuda a las Víctimas de Acoso Sexual, esperan convencer al tribunal para que acepte como pruebas las grabaciones que pudo hacer de su jefe mientras la acosaba.

“Aquí tenemos una prueba directa del acoso sexual. Por regla general, el acoso sexual se hace fuera de la mirada ajena, es raro tener pruebas directas del acoso. Y el objetivo que tenemos hoy es que se reconozca que no se trata de un comportamiento desleal por parte de la víctima el hecho de que grabe a su acosador, porque se trata de un delito, es un asunto que altera el orden público. Y cuando ella lo graba, no está violando su intimidad, no está violando su vida privada, sino que esta intentando probar hechos que son extremadamente graves”, comenta la letrada Maude Beckers.

A lo que Marilyn Baldeck, de la Asociación contra el Acoso Sexual (AVFT) añade: “Las víctimas son a menudo acusadas en los tribunales a pesar de haber sido ellas las que han denunciado los hechos de acosos sexuales. Y esa mujer es acusada de ser una gran manipuladora, de haber querido quitarle el puesto a su jefe. Y es acusada de no haber mostrado ninguna emoción, por lo tanto de ser poco creíble, puesto que todo el mundo sabe que una víctima de acoso sexual, suelen llorar sin parar”.

Pero incluso cuando existen pruebas concretas de acoso sexual, ganar el caso sigue siendo difícil.

Pruebas inútiles

Nadie lo sabe mejor que Lola (nombre ficticio para proteger su identidad). La encontramos participando en una carrera benéfica de AVFT.

Durante más de un año, Lola fue acosada sexualmente por su jefe en el departamento de policía en el que trabajaba. Presentó una denuncia en la alcaldía.

Pero, a pesar de las pruebas concretas que aportó, su jefe no fue nunca condenado. Lola cree que el alcalde, que se había presentado a la reelección, no quería manchar la reputación de la localidad.

“Mi estado psicológico se degradó a medida que las aberraciones judiciales se iban sucediendo. Primero se clasificó el caso sin que se le diera seguimiento a pesar de haber presenatdo un un dossier completo. Luego alegamos la cámara que lo grababa todo durante el día y que estaba encima de mi cabeza en el puesto de la policía municipal, y se archivó de nuevo el caso sin seguimiento. Y, paralelamente, abrieron un consejo de disciplina que limpió la imagen del acosador. Y para ser muy pragmático, el acosador reconoce haberme enviado vídeos pornográficos y haberme entregado un arma, a cambio de un contacto sexual. Reconoció esos hechos. Y, el consejo de disciplina, por unanimidad, para que sea incluso más aberrante, decidió no sancionarle”, explica Lola.

Solo cuando Lola decidió contactar con la asociación AVFT, volvió a presentar una nueva denuncia y un tribunal laboral declaró a la municipalidad culpable de no haber protegido a Lola.

Le compensaron económicamente con 15.000 euros, pero la municipalidad ha recurrido la sentencia y la multa.

De nuevo en el Palacio de la Justicia de París, la audiencia ha concluido. El tribunal se pronunciará en septiembre.

Para las víctimas del acoso sexual, exponer lo ocurrido no es un cuestión de dinero, sino de justicia.

¿La audiencia le ha recordado que se trata de un batalla muy difícil?, preguntamos a Lola: “Por supuesto, imagine. Revivo las escenas. Tengo que volver a pensar en ellas. Revivo esa reunión, revivo porqué hice lo que hice. Mi confusión sobre todo, la soledad… es terrible lo sola que te encuentras en esa pequeña empresa, sin nadie a quien recurrir. Acudí a todos los médicos del trabajo. Me miraban y me preguntaban si tenía pruebas escritas… No las tenía. No tenía nada”.

“De todas maneras, los jueces son muy poco generosos respecto a los casos de acoso sexual porque la condena más importante que he obtenido ha
sido de 15.000 euros ante la Corte de Apelación de París por agresiones sexuales, en un caso en el que la mujer fue casi violada en un trastero, por lo que obtuvo 15.000 euros por daños y prejuicios. Por lo que, es evidente que las mujeres víctimas no hacen esto por interés, a menuda se las presenta como mujeres vendidas, lo que es completamente falso. Lo hacen porque para ellas es necesario condenar al empleador. “Es vital”, como decía la mujer a la que he defendido hoy”, sentencia su abogada.

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