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Grecia, el limbo de los refugiados afganos

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Grecia, el limbo de los refugiados afganos

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Lejos de los imponentes monumentos de Atenas está este campamento provisional de refugiados.

Un grupo de afganos rinde homenaje a un compañero recientemente fallecido. Un joven que tras ser repatriado murió a manos de los milicianos talibanes de su localidad de origen.

“Nos hemos reunido aquí esta noche para recordar a todos los mártires”, comenta un hombre.

Todos, jóvenes y mayores rezan por quienes han muerto en un conflicto que continúa desangrando las entrañas de Afganistán. Aunque oficialmente, el país no está en guerra, los afganos están entre las tres principales nacionalidades de los solicitantes de asilo en Europa.

Ellinikón, es el antiguo aeropuerto internacional de Atenas. Al lado, un complejo deportivo construido para los Juegos Olímpicos de 2004. Los edificios abandonados son ahora el hogar de 4.000 afganos que han dejado su país.

Sus opciones de obtener el estatuto de refugiado en la Unión Europea son remotas y la sombra de la repatriación les persigue. Además quienes llegaron tras el acuerdo entre Bruselas y Ankara serán devueltos a Turquía.

Algunas familias viven acampadas en pequeñas tiendas dentro y fuera de los edificios.

Taza es viuda, madre de seis hijos. Irán fue su primer destino: “Los talibanes iban de una casa a otra, buscaban a las mujeres y a las niñas, abusaban de ellas, por eso nos fuimos”, señala.

En abril, llegó con toda su familia a Grecia pero la burocracia y los retrasos han hecho imposible que pueda formalizar su petición de asilo. Su situación de penuria es tal que ha decidido pedir la repatriación voluntaria, aunque tiene miedo, mucho miedo.

“No se puede vivir en Afganistán, siempre hay guerra. Los niños tienen miedo, yo misma tengo miedo. No tengo a nadie que me proteja, a nadie de quien depender para vivir. Mi hijo está asustado, dice que no quiere volver. Pero la decisión está tomada aunque no haya ninguna razón de peso, y aunque mi hijo no quiera”, explica Taza.

La decisión ha enfriado las relaciones de Taza con su hijo mayor que teme por su vida, si termina siendo víctima de la venganza de los talibanes de su pueblo. El diálogo es complicado.

Dad Khoda:
“¿Y si volvemos a Afganistán?”

Taza:
“La vida en Afganistán es realmente dura. Créeme, he estado allí y sé de qué hablo”.

Dad Khoda:
“¿Pero tampoco podemos volver a Irán?”

Taza:
“Va a ser muy difícil”.

Al haber abandonado Irán, el permiso de asilo queda automáticamente revocado.

Cae la noche. Acompañamos a Taza y a su hijo hasta el centro de Atenas. Nos dicen que el programa de repatriación voluntaria de la Organización Internacional para las Migraciones OIM considera Kabul como una ciudad segura. Sin embargo, la familia proviene de Baglán, al norte del país, una provincia en la que los talibanes siguen combatiendo.

“Tengo el corazón partido, me pregunto: “¿Volveré, y si vuelvo, no sé si me matarán o no?”, comenta Dad Khoda.

Yusuf, también viene de Afganistán. Lleva 13 años intentando hacer su vida en Atenas. Pero, como sucede con otras personas, su petición de asilo ha sido rechazada.

Comparte su frustración con otro compañero afgano que sí consiguió el asilo.

Yusuf:
“No entiendo qué ha pasado con mi petición de asilo”.

—“Si has aprendido a hablar griego”.

Yusuf: “Por supuesto que hablo griego. Sin hablar griego, ¿cómo habría sido capaz de trabajar?

—“Y además tienes amigos griegos”.

Yusuf:
“Claro que sí”.

La sombra de la deportación también persigue a Yusuf. Una posibilidad que no contempla en ningún caso.

Abandonó su país en 2003 tras la llegada de las tropas de la OTAN: “¿Sabe cuánta gente ha muerto durante todo este tiempo? Diría que 70.000 o 71.000 personas han muerto en estos años”. “Me gustaría mucho formar una familia, tengo 42 años. El tiempo pasa y no me gustaría perder la oportunidad. Pero antes necesito tener papeles, ser un ciudadano legal”, añade.

“Ven aquí Manoli”, llama Yusuf a un pájaro, una de sus mascotas.

De momento sigue esperando una resolución definitiva a su petición de asilo, preocupado por si tiene que volver a un hogar que ya no existe.

“No puedo volver a Afganistán de ninguna manera. ¿Por qué? porque es un país sin ley. Las leyes sólo existen para los que están en el Parlamento, para los que tienen cargos, que están protegidos por las armas y por los blindados. Para los demás es imposible vivir con seguridad”, concluye Yusuf.

Sus inquietudes siguen sin respuesta.

¿Abrirán algún día las fronteras?¿Su solicitud de asilo será aprobada la próxima vez?¿Cómo van a volver a un país del que salieron hace mucho tiempo y en el que no podían vivir?

Entre tanta desesperanza, de momento su único consuelo es que toda la familia siga unida.

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