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La ropa inteligente, a punto de despegar


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La ropa inteligente, a punto de despegar

A veces estamos estresados, pero no nos damos cuenta. Para saberlo, Eurecat, el Centro Tecnológico de Cataluña, situado en Mataró, en España, ha creado una camiseta con sensores que monitorizan el ritmo cardíaco, la temperatura, la respiración o la sudoración y que determinan si realmente tenemos estrés.

Es útil, por ejemplo, en el caso de conductores de autobús o camión con largas jornadas laborales, de personas que requieren un alto nivel concentración en su trabajo o que pasan muchas horas sentadas delante del ordenador. Esta camiseta, que envía todos los datos registrados al móvil, es una de las últimas aplicaciones de los llamados tejidos inteligentes.

Sin embargo, donde triunfan es en el deporte. Según Virginia García, directora de la Unidad de Tejidos Funcionales de Eurecat, es uno de los sectores que presenta mayor potencial. “La gente quiere controlar cómo se comporta su cuerpo durante el ejercicio y los llamados soft wearables les permiten tener una respuesta inmediata”, explica.

Destaca las camisetas que controlan las constantes vitales, pero también las prendas calefactadas o electroluminiscentes para ciclistas o corredores nocturnos o los bañadores que cambian de color al entrar en contacto con el agua, como los que utilizaron las integrantes de la selección ucraniana de natación sincronizada durante los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro.

Otros ejemplos son los chalecos electroluminiscentes para trabajadores de aeropuertos, minas o autopistas o el toldo de un bar con luz impresa, que substituye a las lámparas. Además, Eurecat, que impulsa la investigación para reactivar la industria textil catalana, ha ideado pijamas para bebés que cambian de color para indicar que el pequeño tiene fiebre o bañadores que avisan si está recibiendo demasiada radiación ultravioleta.

Los retos de los tejidos inteligentes

Según datos facilitados por Eurecat, en el 2018 el sector de los tejidos inteligentes facturará 135 millones de euros en todo el mundo. “Hay gente predispuesta a comprar”, afirma Cristina Casellas, promotora tecnológica de la Unidad de Impresión Funcional. Sin embargo, añade, “la tecnología no va tan rápido como la demanda”.

A día de hoy, es un sector con limitaciones. Según Virginia García, son productos “difíciles de industrializar”, ya que faltan intermediarios entre los fabricantes textiles y los de electrónica. “Falta ese socio intermedio especializado, el que los una, el que los desarrolle. Por eso, muchos productos no llegan al mercado”, lamenta García.

Ahora bien, “en el momento en el que algo eficiente salga al mercado, va a ser un éxito”. Especialmente si es en el sector deportivo. Las dos coinciden en que falta el lanzamiento, el despegue de la ropa inteligente. “Falta que llegue a todos, que sea más accesible”.

Otros de los retos son que la ropa inteligente no solo sea flexible sino también elástica e integrar la tecnología en los tejidos sin que el usuario lo note. “La prenda puede ser muy inteligente, pero como no sea cómoda, confortable, ergonómica, transpirable, nadie se la va a poner”, explica García.

Tejidos funcionales… pero también lúdicos

En la mayoría de casos, la ropa inteligente es funcional, pero también hay productos lúdicos. Un ejemplo es el juego de memoria Simon, que Eurecat ha incrustado en una camiseta, gracias a tinta impresa conductora y leds. No faltan, tampoco, los sonidos característicos de este juego, creado en 1978. Según Cristina Casellas, es la demostración de cómo “un juego rígido puede ser flexible, gracias a la electrónica impresa”.

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