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Lentejas y guisantes que sirven para fabricar bioplásticos


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Lentejas y guisantes que sirven para fabricar bioplásticos

Cada año en Europa la industria alimentaria
genera toneladas de residuos procedentes de la transformación de leguminosas como estos guisantes que aquí, en Italia, son utilizados para fabricar un tipo de bioplástico innovador y ecológico.

Estamos en Parma, en uno de los cuatro centros de investigación europeos asociados al proyecto LEGUVAL , una iniciativa para valorizar los residuos vegetales procedentes de las legumbres.

Conocidas y apreciadas por su alto valor nutritivo, las leguminosas son ricas en fibras y proteínas, dos ingredientes de alto potencial para la fabricación de materiales compuestos y de bioplásticos.

El procedimiento inicial de transformación consiste pues en separar estos dos elementos (fibras y proteínas) como explica Eleonora Umiltà, una de las científicas que trabajan en el proyecto: “Las proteínas son disueltas en una solución tampón, después hay una fase de separación entre la fracción líquida y la fracción solida, fibrosa.”

La fracción rica en fibras servirá para fabricar materiales compuestos mientras que la fracción rica en proteínas es el principal ingrediente para la fabricación del plástico biodegradable.

“La extracción proteínica final puede contener algunas sales residuales pero el porcentaje total de proteínas es muy alto, en torno al 80 por ciento”, afirma Umiltà.”

“La pureza del compuesto proteínico es fundamental porque es lo que permite realmente mejorar el rendimiento y las propiedades del material final, el bio-plástico”, añade Simona Bronco, una de las responsables del proyecto.

Al contrario que el petróleo, habitualmente utilizado para la fabricación de plásticos, las proteínas vegetales son además una fuente energética renovable y sostenible.

Las aplicaciones de este proyecto
son múltiples y van desde el envasado alimentario a la agricultura ecológica (a través de producción de energía mediante digestión anaerobia).

“Este es uno de los polímeros que utilizamos en la mezcla,” – dice Bronco “tanto con las proteínas como con las fibras a través de un proceso de calentamiento para obtener granulados de este tipo.”

En Eslovenia un centro especializado fabrica granulados experimentales de bioplástico que van a utilizarse luego como materia prima para la fabricación de macetas biodegrabables.

El material se funde primero y se inyecta después en moldes.

“El material es biodegradable , así que cuando ya no se necesita se puede tirar en el lugar donde hacemos nuestro compostaje casero. También se puede enterrar en el suelo y después de 3 o 4 meses se habrá descompuesto, así de simple”, afirma Eva Štraser, copropietaria de la empresa fabricante de las “ecomacetas.”

“En un primer momento fabricamos mil ejemplares solamente. Ahora estamos buscando clientes interesados, agricultores sensibilizados con el medioambiente y en general todas las personas que están en contra de la proliferación de desechos plásticos no biodegradables”, concluye Štraser.

Frente al plástico convencional derivado del petróleo, contaminante en su producción y difícil de eliminar, los bioplásticos son una alternativa que optimiza además el uso de residuos y respeta el medioambiente.

Aunque la producción es aún limitada y los precios todavía poco competitivos en relación a los plásticos tradicionales, se espera un fuerte desarrollo de la industria del bioplástico en los próximos años.

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