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Podría parecer un típico día de verano en el Vaticano. Cientos de turistas hacen cola para entrar en la Basílica de San Pedro, y otros admiran la belleza arquitectónica de la plaza. Pero si se presta atención, falta algo: el agua ha desaparecido de las fuentes. El Vaticano las ha cerrado en solidaridad con la vecina Roma, que está sufriendo cortes de agua debido a una sequía récord.

Después de meses de intenso calor, el campo se está llevando la peor parte. La falta de agua afecta ya al 60% de las tierras de cultivo italianas.

Pero en Roma las cosas también van mal. Las reservas son tan bajas que las autoridades municipales amenazan con cortar el suministro durante 8 horas al día. Y a la sequía se suma un problemas crónico: la ineficacia de las canalizaciones.

Las fuentes de la capital italiana son famosas y los turistas las buscan con anhelo. Pero las autoridades las están cerrando a un ritmo de treinta por dia, a la espera de la única solución que hoy por hoy parece plausible: que llueva.