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La "flor cadáver" de Edimburgo atrae a cientos de visitantes


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La "flor cadáver" de Edimburgo atrae a cientos de visitantes

Esta semana, centenares de personas han acudido a Edimburgo para admirar y olfatear la flor más grande y la más hedionada del mundo. La flor cadáver o Amorphophallus titanium es todo un acontecimiento efímero de ahí que los especialistas y curiosos estén ojos y olfato avizor.

En el Jardín Botánico de la ciudad escocesa, (Botánic Garden Edimburgh) la planta tropical, procedente de Sumatra comenzó a florecer el martes a las cuatro de la tarde, hora central europea. Es la segunda vez en dos años que se produce este acontecimiento allí por lo que los responsables del centro sabían a qué atenerse. En unas cuantas horas, cientos de personas comenzaron a apiñarse para asistir a la apertura del inmenso capullo, verde claro por fuera y rojo violaceo en su interior, con su monumental pistilo amarillo.


Cada una pagó 6’50 libras (5’47 euros) por asistir al espectáculo. El reto era no marearse con el olor.

Su nombre lo dice todo. El olor de la “flor cadáver” es hediondo

Cada cual lo expresa, eso sí, a su modo. Hay descripciones más o menos poéticas, como la de David Knott, encargado del Jardín Botánico de Edimburgo. Según él, “huele un poco como una oveja muerta que se apaga en silencio”. Otros visitantes como Allan O’Donnell hablan más bien de un tufo a “pescado podrido”, “a queso viejo” a “pañales sucios” o a “carne putrefacta”. Pero ajuzgar por los visitantes y forofos que han asistido en más de una ocasión a la explosión del “falo amorfo titánico”, como también se conoce a la planta, aseguran que con el tiempo, uno se acostumbra.


Los expertos creen que estos olores atraen a insectos carnívoros y escarabajos. La explicación podría ser ésta: la “flor cadáver” no puede polinizarse por sí misma y depende de estos amimales para transportar el polen de una flor a otra.

La primera fue descubierta en 1978, en la selva de Sumatra, por el botánico italiano Oddoardo Beccari y el primer ejemplar cultivado en invernadero floreció en Rew, en el Reino Unido, en 1889.

Una flor de 2’06 metros. Los jardines botánicos buscan records

La“flor cadáver” se hace querer. Ésta de Edimburgo recibió el bulbo del jardín botánico de Leiden en los Países Bajos en 2003 cuando era un tubérculo subterráneo del tamaño de una naranja. Ha permanecido en un invernadero especial para plantas tropicales durante catorce años. Esta es su segunda floración y los especialistas esperan una tercera para dentro de dos o tres años.

Su belleza atípica es muy efímera: cuando comienza a aparecer la inflorescencia, crece a un ritmo de 10 centímetros al día. La flor suele tener aproximadamente un metro de diámetro y pesa cerca de 75 kilos. Pero la flor comienza a marchitarse en 48 horas. Los horticultores tienen pues un márgen muy corto de tiempo para lograr su polinización.

Una vez que comienza a aparecer la inflorescencia, crece a un ritmo de 10 centímetros al día., posee además un metro de diámetro y un peso de 75 kilogramos

Es la estrella de los jardines botánicos. En el de Edimburgo hay postales, pósters y camisetas con su imagen. Este año, ésta ha alcanzado los 2’06 de altura. Allí donde se encuentra y florece, reúne a sus fans. Ocurrio lo mismo en Estepona, el pasado mes de marzo.


En el Jardín botánico de Mount Lofty en el sur de Australia floreció en diciembre de 2015.


En 2011 el de Minas Gerais, al este de Brasil, fue también noticia por albergar el priomer ejemplar florido de América Latina.

Pero es el Jardín Botánico del Bonn, en Alemania, el que ostenta el ejemplar de invernadero más alto del mundo de “flor cadáver” con 2,74 metros de altura.