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La inmigración caldea la campaña electoral italiana

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La inmigración caldea la campaña electoral italiana

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Claudio Lavanga, reportero, constata en Roma y en Castel Volurno, al sur del país, la difícil convivencia entre dos colectivos sociales: italianos y emigrantes. El racismo se ha puesto claramente de manifiesto durante la campaña electoral italiana. Algunos ponen toda su esperanza en la segunda generación de inmigrantes, hijos de quienes llegaron buscando una vida mejor y que esperan, un día, que se les considere italianos.

Como se esperaba, la economía y el empleo han sido dos cuestiones clave en la campaña. Pero el debate más intenso ha girado en torno a la inmigración. Por su proximidad a la costa norteafricana, cada año Italia acoge, de lejos, la mayor cantidad de migrantes de toda Europa. La crisis humanitaria ha sido utilizada por algunos partidos, especialmente de la derecha, para culpar a los emigrantes de ser responsables de la maltrecha economía del país y del supuesto crecimiento del índice de delincuencia.

Punto de vista

Desde 2013 hemos visto a más de ocho mil personas necesitadas de atención médica. La mayoría son extranjeros de Ghana y Nigeria, las comunidades más grandes que hay aquí. Nuestras pacientes mujeres son normalmente víctimas muy jóvenes de tráfico sexual

Sergio Serraino ONG Emergency

Es casi medianoche en Roma. Varios activistas están pegando carteles electorales. Pero no con las caras conocidas de políticos, aspirantes a diputados. Son retratos de migrantes que viven y trabajan en Italia. Con sus historias y su petición: “Vota por mí”.

Valerio Gatto Bonanni, activista político describe el clima social así: “Hay una sensación de inseguridad y peligro muy extendida, y muchos culpan a los emigrantes de ello. Son el grupo más débil de la sociedad, por lo que es fácil culparles de nuestros miedos. Y durante una campaña electoral, jugar con el miedo a los emigrantes es la forma más fácil de ganar votos”.

Un emigrante dice: “Me gusta mucho Cagliari. La considero mi ciudad”. Esta campaña comenzó con un grupo de artistas “de guerrilla” en Cerdeña. Querían que los italianos vieran la otra cara de la inmigración, un asunto clave de la campaña electoral. Otro emigrante declara: “El viaje fue muy peligroso, puedes morir en cualquier momento, pero yo sobreviví. Aquí estoy”.

Pegar carteles ilegalmente, se castiga en Italia con multas de cientos de euros. Pero estos activistas creen que destacar las penurias de los migrantes compensa el riesgo. La iniciativa se extendió rápidamente por Italia, incluida Roma.

En un reciente mitin de los Hermanos de Italia, un partido de extrema derecha, en Roma, con un duro discurso contra la migración y grandes posibilidades de entrar en el próximo Gobierno, sus seguidores aclamaban a la líder de la formación: Georgia Meloni. Y no los decepcionó.

Según Meloni, “en el último año cien mil italianos se marcharon de Italia, la mayoría jóvenes graduados. Durante el mismo año, 180.000 inmigrantes ilegales llegaron a Italia”. En este momento de su discurso alguien en la audiencia gritó: “caníbales”. A renglón seguido Meloni añadió que “la mayoría son africanos sin educación. Los inmigrantes son el 8,3% de la población, pero son responsables del 50% de los delitos y robos, del 40% de los asaltos, del 37% de la violencia sexual, del 25% de los asesinatos y del 50% de otros delitos como la prostitución y la pederastia. ¿Existe relación entre la inmigración ilegal y el aumento del crimen?”. En respuesta: un clamoroso “sí”.

“Hermanos de Italia” forma parte de una coalición de extrema derecha que actualmente encabeza las encuestas y podría ganar las próximas elecciones. En su manifiesto pide la suspensión de las operaciones de búsqueda y rescate de los emigrantes en el Mediterráneo, acabar con los programas de protección ofrecidos a los solicitantes de asilo y la repatriación de los emigrantes irregulares. Los votantes de la formación están de acuerdo. Uno de ellos, un hombre de mediana edad dice que “es necesario hacer un censo. Los que no sean legales deberían ser enviados a sus países. Si son ilegales, obviamente, no pueden encontrar una forma de ganarse la vida y acaban haciendo algo ilegal”. Este otro comenta: “Hay 600.000 aquí. Tenemos que ver quiénes se pueden quedar y quiénes no. Si de esos 600.000 ninguno tiene derecho a quedarse, deberían ser repatriados. Si no, necesitamos ir a Bruselas y decirles: “Caballeros, ¿no quieren enviarlos de regreso a sus países? Entonces hay que repartirlos”.

Votan en contra de los campamentos, las tiendas de campaña en plena calle, bajo los puentes. Un grupo de familias procedentes de África y Oriente Medio llevan ocho meses acampando bajo la columnata de la Basílica de los Doce Apóstoles, en el centro de Roma. ¿Sus condiciones de vida? Extremadamente precarias. ¿Sus posibilidades de encontrar un lugar donde vivir? Muy escasas.

Bassey Nyo Agu, es nigeriana, nos dice en italiano que “hay muchas casas vacías, no vive nadie en ellas, nadie las usa. Si abrieran esas casas nos podrían ayudar, sería útil. En la vida lo primero que uno debería ofrecer a alguien es un lugar donde ducharse, un lugar para dormir, porque cuando alguien está cansado, necesita volver a un lugar donde dormir; una comida caliente. Especialmente ahora, que hace tanto frío, no tenemos un lugar en el que estar. Abran las casas vacías”.

El suyo es solo uno de los muchos campos de emigrantes de Roma. Pero si la emigración en la capital supone una crisis, en el resto de Italia el tema debe ser gestionado como una auténtica emergencia. Se estima que hay medio millón de emigrantes en situación irregular en toda Italia. Entre ellos, 10.000 viven en campamentos improvisados con poco o ningún acceso a cobijo, comida y agua potable. Muchos más se ven obligados a vivir en condiciones deplorables.

Claudio se dirige hacia el sur, a Castel Volturno, una ciudad cerca de Caserta, en la zona de Nápoles, donde casi la mitad de la población está formada ahora por emigrantes económicos, refugiados y solicitantes de asilo. Una convivencia que provoca a la vez solidaridad y un racismo creciente “.

En la radio se oye lo siguiente

- Periodista:
“Tenemos a Martino, de Caserta. Le agradecemos que haya esperado un rato. Hola Martino, puedes decir lo que quieras, no te vamos a interrumpir.”

- Martino:
“Perdóname, pero probablemente no sepas que vayan donde vayan estos migrantes, lo convierten el sitio en un vertedero. Europa ha convertido a Italia en un campo de gitanos. Como soy italiano, me gustaría que Italia diera prioridad a sus propias fronteras. Cuando un pesquero italiano entra en aguas libias, a cuarenta millas de sus costas, sus guardacostas disparan a la tripulación o los arrestan. Aún así, recogemos a esta gente sucia, para beneficio de algunos, y a cambio, vienen a Italia para ensuciarnos.”

Sergio Serraino es el coordinador del puesto de Emergency en Castel Volturno. Emergency es una ONG que ofrece atención sanitaria gratuita a quienes la necesitan. Y aquí, los que la necesitan son inmigrantes. Nos explica que es más seguro movernos por la zona en su coche.

- Sergio Serraino:
“Calculamos que hay entre 10 y 15.000 extranjeros viviendo aquí”.

- Claudio Lavanga:
“Casi la mitad de la población”.

 - Sergio Serraino:
“Sí, casi la mitad de la población. Desde 2013 hemos visto a más de 8.000 personas necesitadas de atención médica. La mayoría son extranjeros de Ghana y Nigeria, las comunidades más grandes que hay aquí. Nuestras pacientes mujeres son normalmente víctimas muy jóvenes de tráfico sexual. Si conduces por Castel Volturno pronto te das cuenta de que muchas casas en las que viven los extranjeros, están en ruinas. Pagan alquiler por una cama, pero las casas están decrépitas. A menudo las ventanas están rotas, no hay agua, necesitan importantes arreglos de fontanería, hay humedad.”

- Claudio Lavanga:
¿En teoría estás casas no tendrían que alquilarse?

- Sergio Serraino:
“No, son insalubres no se puede vivir en ellas, al menos en base a los baremos a los que estamos acostumbrados, aquí en Italia”

- Claudio Lavanga:
“Esta es una ciudad dividida en dos partes, en la que los italianos y los emigrantes casi nunca coinciden”

- Sergio Serraino:
“Es como si ambos grupos estuvieran separados por una pared de plástico. Pueden ver al otro, pero ni se tocan. Unos pueden vivir en Castel Volturno, sin tener contacto alguno con italianos, a parte de en lo estrictamente necesario. Y luego están las iglesias. Castel Volturno está plagado de iglesias africanas de pentecostés”.

Y es cierto, son más numerosas que las iglésias católicas en esta zona. Y estos centros de culto son uno de los pocos sitios en los que los inmigrantes se sienten como el casa: pueden rezar y rogar al Señor por una vida mejor.

Prosper Doe es pastor explica que entre los defafíos a los que tienen “que hacer frente aquí está el hecho de no contar con actividades públicas que podrían transformar sus vidas. Escuelas, cursillos profesionales remunerados, oportunidades laborales. No hay nada de eso. Obtener el permiso de residencia se ha convertido en un problema para los extranjeros, aquí. Y las noticias que aparecen en los periódicos, los periodistas, la televisión sólo cuentan cosas negativas de nosotros. Yo discrepo porque estamos contribuyendo con nuestro esfuerzo: pagamos los alquileres, las facturas, no vivimos gratuitamente aquí. Incluso en las casas abandonadas, la gente se queda en ellas y aún así pagan; aunque las instalaciones de las mismas sean impropias para los seres humanos, pero como no tenemos otra opción, tenemos que hacerlo.”

Algunos de los italianos que llevan viviendo aquí toda su vida no ocultan su desagrado. Un hombre nos dice que “no son demandantes de asilo. Son emigrantes económicos. Se ve en cómo se comportan. Buscan una vida mejor, un trabajo. Pero aquí no hay trabajo.” Vienen hasta aquí, añade, “porque alguien se lo ha permitido. Aquí tienen ayudas, del Estado, siempre hay alguien que les ayuda. Me pregunto si sería posible para un italiano, irse, y volver de inmigrante ilegal. Igual así tendríamos una vida mejor en este país”, exclama.

¿Cómo podrían superar italianos e inmigrantes esta desconfianza mutua? Quizás la segunda generación, tenga la respuesta. Todos han nacido en Italia y, sin embargo, el año pasado descubrieron que la mayoría de ellos no pueden jugar en una liga de baloncesto juvenil, porque todavía son extranjeros. La ley dice que deben esperar hasta los 18 años antes de poder solicitar la ciudadanía italiana. La noticia causó indignación, y el gobierno aprobó un decreto especial que les permite a ellos y a todos los demás hijos de inmigrantes tener los mismos derechos que los italianos; al menos en lo que respecta al deporte.

Massimo Antonelli es entrenador de baloncesto: “Mi experiencia aquí en Castel Volturno con los chavales de Tam Tam me ha enseñado que se pueden alcanzar resultados increíbles a partir de algo realmente pequeño. Lo importante es creer. Reclamar los derechos. A través del deporte concienciar a la gente y cambiar las reglas del juego”

Tanto los italianos como los extranjeros, aquí en Castel Volturno o en otras partes de Italia parece que no logran encontrar una vía para la integración. Las esperanzas recaen en la siguiente generación: los hijos de los emigrantes que han nacido y crecido en Italia y que esperan que algún día se les llame “italianos”. Claudio Lavanga, desde Castel Volturno para Euronews.