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Nuevo plan de jubilación en Rumanía dirigido a caballos y perros públicos

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Nuevo plan de jubilación en Rumanía dirigido a caballos y perros públicos

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Viña pasta en un gran patio en busca de las raíces más sabrosas. El caballo marrón es viejo y su pelaje ya no brilla como antes. En sus días de gloria, solía girar la cabeza en las calles, mientras patrullaba para la gendarmería rumana.

Hace casi tres años, fue enviada a la jubilación, lo que, para Viña, significaba un refugio en Bucarest dirigido por la ONG Steaua Sperantei Foundation. Llegó junto a otros dos ejemplares de la Gendarmería que también tuvieron que ser retirados. Ya murieron hace dos años.

"Tiene 28 años y es muy a cariñosa", dice Radu Sandoi, gerente del refugio. "La gente no puede montar estos caballos. Los niños se alegran de acariciarlos y darles azúcar."

"Pensamos que es una buena propuesta de ley, siempre y cuando proporcionen refugios para estos animales. Los caballos retirados no pueden trabajar, por lo que es difícil encontrar a alguien que les adopte. Los que tienen casas en las zonas rurales no adoptan caballos como mascotas", añade Sandoi.

Según Georgian Enache, portavoz de la Gendarmería de Bucarest, una vez que los perros y caballos de la policía se retiran, el personal que trabajaba con ellos puede llevárselos, o bien ser donados a una ONG u otra autoridad que aún los utilice.

Un caballo puede trabajar durante 13 años y medio y un perro durante siete. Después de este período, todavía pueden permanecer en servicio, pero necesitan un certificado veterinario cada año.

"Hasta su retiro, todavía reciben algo, pero después, a nadie le importa, aunque el animal sirvió al país, por así decirlo", cuenta Gigi Oleniuc, jefe de la Policía de Fronteras rumana que adoptó a Liz, un perro labrador de 10 años con el que trabajaba.

Oleniuc compró el perro cuando tenía seis semanas. Ya entonces puso todas sus esperanzas para que fuera su principal guardián en la policía fronteriza de Siret, en la frontera norte con Ucrania. Después lo donó a su empresa para que recibiera los cuatro meses de preparación necesaria para el puesto.

"Mi objetivo era demostrar que también podemos conseguir buenos resultados sobre el terreno, no sólo en el centro de entrenamiento". En 2012, Liz ganó el primer puesto en la detección de drogas en un concurso internacional organizado por el Ministerio del Interior.

En 2017, Liz fue uno de los cuatro perros de la policía fronteriza que se retiró. Todos ellos fueron acogidos por los oficiales con los que trabajaban. "Con todas las dificultades y riesgos, no podía rendirme con él. Él era mi mano derecha, siempre en el asiento derecho de mi auto", explica Oleniuc.

La Policía de Fronteras dispone de refugios especiales para los perros durante toda su vida laboral. Al retirarlos, si los oficiales que trabajaban con ellos lo desean, pueden llevarse a los perros a casa como lo hizo Oleniuc. Una decisión que a su esposa le costó aceptar al principio:

"Los niños estaban felices. Mi esposa se acostumbró. Al principio, tenía miedo". Tuve que cambiar la disposición de los asientos del coche y decirle a mi mujer que se sentara en el asiento trasero. Finalmente lo aceptó porque el perro estaba acostumbrado a sentarse siempre delante conmigo”, añade.

Cuando Liz trabajaba, Oleniuc recibía 21 kilos de comida para perros al mes y un aumento salarial del 5%, lo que significaba 60 RON (13€) más al mes.

A finales de 2017, había 336 perros trabajando para la Policía de Fronteras. A lo largo del año, los perros olfatearon más de 75.000 paquetes de cigarrillos, 1.075 tabletas de éxtasis, 3.240 tabletas y 167 ampollas de sustancias anabolizantes, así como las personas que las introducían ilegalmente a través de las fronteras estatales, según Alexandra Popescu, portavoz de la Policía de Fronteras. Seis equipos con perros también participaron en operaciones de la autoridad europea de guardia fronteriza y costera Frontex.

La Dirección General de Aduanas de Rumanía es otra institución que utiliza perros. Allí los animales son adiestrados para realizar varias tareas, mientras que la Policía de Fronteras los especializan en tareas concretas. "Los perros que trabajan en la aduana valen por dos", comenta Alexandru Ionita, el hombre a cargo del equipo canino. "Tenemos animales especializados en detectar drogas y cigarrillos. Y hace tres años empezamos a entrenarlos para detectar dinero también".

Para ello, los agentes de aduanas y sus perros tienen que entrenar durante un total de 15 semanas divididas en dos etapas. "Los perros detectores de drogas, por ejemplo, en la primera etapa aprenden a buscar y seguir las órdenes de su amo. Es un entrenamiento disciplinario. Memorizan los olores de las drogas naturales: marihuana, hachís. En la segunda etapa, memorizan los olores de la heroína, la anfetamina y el éxtasis", continua explicando Ionita.

Para el 2017, el trabajo de los equipos caninos se tradujo en 462 sanciones con multas de más de 350.000 euros.

Siguiendo el ejemplo de los equipos caninos de las autoridades aduaneras francesas y alemanas, los perros viven con los oficiales con los que trabajan mientras están en acción, ya que esto crea un vínculo más fuerte.

Phil, el primer perro de Ionita, también vivía con él y su familia. Cuando llegó el momento de su retiro, Ionita lo adoptó. "Era un labrador especializado en la detección de drogas, entrenado en la aduana francesa. Trabajó hasta los nueve o diez años y vivió hasta los catorce. Cada año, detectaba al menos uno o dos cargamentos de droga. Durante cuatro años después del final de su servicio, fue el perro de mi familia. Se quedó en mi casa un tiempo e incluso convivió con mi nuevo perro de trabajo".

A diferencia de otras instituciones, según los reglamentos internos, la Dirección General de Aduanas reembolsa los gastos veterinarios de los perros retirados, cuando los empleados que los adoptaron presentan los recibos.

En 2017, 12 perros recibieron una pensión de la autoridad aduanera y otros 40 están trabajando actualmente.

Según el senador que redactó la nueva ley sobre pensiones animales, cada año hay aproximadamente 100 perros y caballos que se retiran en todas las diferentes instituciones. Calcula que el gasto total en atención veterinaria sería inferior a 80.000 euros al año.