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La legislación del aborto divide a Irlanda

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La legislación del aborto divide a Irlanda

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En Irlanda todavía rige una prohibición completa para la interrupción voluntaria del embarazo. Como resultado, cada año, cientos de mujeres tanto de la República como de Irlanda del Norte tienen que viajar a Gran Bretaña para poder tener un aborto libre, legal y seguro

Todos los días, una media de diez mujeres tendrán que viajar solas en ferries como este, volviendo en el día por el coste y para proteger su secreto. Una media diaria de dos mujeres se arriesgan a una condena de catorce años de cárcel por tomar pastillas seguras pero compradas en internet.

Irlanda fue una vez considerada como el país socialmente más conservador de Europa Occidental pero el cambio ha sido rápido. En 2015 fue el primer país del mundo en legalizar el matrimonio del mismo sexo por referéndum y en 2017 eligió como primer ministro a un hombre homosexual, Leo Varadkar.

Pero es necesaria otra consulta popular para cambiar las leyes contra el aborto. Los motivos los explica el propio jefe de Gobierno: "Como primer ministro, como médico y como ex ministro de Sanidad. No creo que podamos permitir una situación en la que las mujeres en crisis tengan que arriesgar sus vidas con el uso de medicinas no reguladas. Y no creo que la Constitución sea el lugar donde hacer declaraciones absolutas sobre temas médicos, morales y legales."

Para sus seguidores, eliminar la Octava enmienda es un intento de impedir que cientos de mujeres hagan ese arriesgado viaje. Pero quienes se oponen están preocupados porque pueda conducir al llamado aborto por encargo.

Incluso hablar públicamente de haber viajado para abortar es controvertido, como comprobó la activista Janet O’Sullivan al compartir su experiencia en las redes sociales. Ahora esta madre de dos hijos no se arrepiente de haber abortado con 19 años por un fallo del anticonceptivo:

"No era la única en el vuelo ese día, había otras cuatro mujeres que estaban algo nerviosas. Y nos acabamos reconociendo. E incluso más cuando cogimos el tren a Stanstead y nos dirigimos al centro de Londres, todas bajamos en la misma parada y nos dijimos que podíamos llamar a la clínica y a un taxi que nos recogiera. Y vino un minibús en el que estaban juntas todas las mujeres que viajaban desde Irlanda. Fue duro porque había manifestantes fuera, así que sabían los días que las mujeres de Irlanda solían viajar, normalmente en jueves o viernes, para así tener el fin de semana para recuperarnos. Sabían que lo más probable es que las mujeres ese día fueran irlandesas y se dirigieron a nosotras en irlandés. Dijeron en gaélico 'dios te quiere a ti y a tu bebé'. Sí, fue bastante angustioso"

Aunque Janet no se arrepiente, existe aun un profundo clima de vergüenza en torno al aborto en Irlanda. Recientemente cientos de mujeres han empezado a compartir historias similares en la página de Facebook 'In Her Shoes', pero siempre lo hacen de forma anónima. Estos relatos han ayudado a impulsar el referéndum. Quienes abogan por derogar la ley quieren que el debate esté en el marco de la salud de la mujer. En Waterford hablamos con dos mujeres. Una de las ellas quería abortar pero se lo denegaron y no se sentía en condiciones de viajar. A la otra le recomendaron abortar, pero no quiso. Ahora hacen campaña en los lados opuestos de este referéndum.

A Vicky Wall, tras 24 semanas de embarazo, se le diagnosticó a su feto una trisomía 18, el síndrome de Edwards: "Lo primero que se nos ofreció fue un aborto que nunca iba a ser una opción para nuestra pequeña hija a la que llamamos Liadan. Decidimos continuar con el embarazo y fue bonito, fue duro pero fue bonito. Dejamos de trabajar por una temporada y empleamos el tiempo con ella como una familia, valorando los ratos que tuvimos juntos. Aunque era muy difícil no saber que le aguardaba el futuro a Liadan, todavía apreciamos lo que tuvimos con ella. Liadan murió 32 semanas después su concepción. Y la tuvimos, dimos a luz y era hermosa. Pesó dos kilos y tenía el pelo rizado, unas largas pestañas negras y mi nariz. La llevamos a casa e hicimos un gran funeral para celebrar su corta pero muy significativa vida."

Vicky está ahora utilizando su trágica experiencia para hacer campaña contra la abolición de la octava enmienda y la eliminación del veto al aborto. "Intento hablar con la gente para hacerles saber que las mujeres se merecen más que el aborto. Es un acto violento para una mujer practicar un aborto. Daña a la mujer y mata al bebé. Las mujeres se merecen algo mejor. Sabemos que hay un bajo índice de abortos para casos de limitación de condiciones de vida y otros dolorosos casos de violación. Son muy bajos. El 90% de los abortos son simples elecciones de vida y eso está mal. No puede estar bien", asegura.

Pero no todos los que han atravesado este tipo de experiencia piensan lo mismo. En el otro lado de la campaña se sitúa Claire Desol Cullen, que está embarazada por cuarta vez. Pero cuando ella y su marido Wayne esperaban su tercera hija, una niña llamada Alex, la ecografía de las veinte semanas reveló que tenía el síndrome de Patau. Su bebé tenía difícil la supervivencia, así que Claire pidió que le provocaran el parto. Los médicos lo rechazaron ya que bajo la octava enmienda podría considerarse un aborto. Incapaz de viajar, Claire tuvo que llevar a su bebé durante seis semanas más hasta que este falleció.

A partir de ahí, ella tuvo atravesar una horrible experiencia: "Algo se podría haber hecho y la gente, todo el mundo, sabía el estado en el que estaba. La gente sabía que no era capaz de trabajar, que no podía cuidar de mis hijos, que no podía funcionar. Estaba derrumbándome en el colegio por ataques de pánico, era incapaz de ir a comprar. No podía seguir adelante y a nadie le importó. No importó que no pudiera tener actividad, que no pudiera ser yo, no importó que mi salud mental estuviera absolutamente hecha pedazos. Todo lo que importaba es que estaba viva y que ella estaba viva porque estaba embarazada y eso es todo lo que contaba. Cuando estás embarazada, estás viva y eso es lo suficientemente bueno para ti, y no lo es. No fue suficientemente bueno para mi, para otras mujeres y nunca sera suficiente para mis hijas."

Con los sondeos ajustados, una coalición de grupos ha creado la campaña 'Juntos por el sí' para derogar la octava enmienda asegurándose de que sus voces se escuchan. El aborto va más alla de las divisiones políticas, así que los partidos irlandeses han dado a sus políticos el voto libre de conciencia. El ministro de Salud Simon Harris y otros miembros del Gobierno han dado su apoyo a este movimiento.

"Me parece un poco peculiar que la gente no quiera que el pueblo de Irlanda tenga voz, pero respeto mucho el derecho de los diputados a votar de esa manera y no tengo la intención de pasar las próximas semanas centrándome en cuestiones marginales o secundarias. Hay verdaderos temas importantes relacionados con las mujeres y los médicos en este país y necesitamos discutirlos", subraya Harris.

Si los votantes deciden abolir la octava enmienda que solo elimina la prohibición, los políticos tendrán que decidir nuevas leyes para el aborto. Así que, ¿qué es lo que quieren los activistas para las mujeres irlandesas? Ailbhe Smyth es la codirectora de la campaña 'Juntos por el Sí': "Nuestra primera tarea es eliminar esa prohibición de la Constitución y después pensar qué tipo de legislación queremos y cómo se puede hacer mejor para proveer servicios que cubran las necesidades realmente obvias de las mujeres de este país. Así que no puedo anticipar qué legislación va a haber. Nuestro trabajo es lidiar con el tema constitucional y sacar los cuerpos y las vidas reproductivas de las mujeres fuera de la Constitución, donde nunca deberían haber estado. Y asegurarnos de que hay una política de salud adecuada y la regulación y legislación médica que necesitamos."

Ailbhe Smyth cree que la octava enmienda que prohíbe el aborto fue introducida en la Constitución en 1983 bajo la presión de la Iglesia católica. La institución defiende con fuerza el veto pero ha habido cambios sociales y demográficos significativos en la sociedad irlandesa durante los últimos 35 años. Pese a que el poder de la Iglesia Católica ha disminuido en el país por los escándalos sexuales y sus encubrimientos en los 90, su influencia no ha desaparecido. Y no ha querido responder a las preguntas de este canal.

El actual veto sobre el aborto incluye embarazos por violación e incesto. John McGuirk, director de Comunicicaón de 'Salvar la Octava' explica por qué incluso estas necesidades se defienden: "Sentimos mucha compasión por una mujer que está en una situación difícil y, por supuesto, cualquiera la tiene. Cualquiera que sea humano siente esa clase de compasión. El problema es que en casi todos los países donde se habla de estos casos es el preludio (para legislar a favor de la interrupción voluntaria del embarazo) y constituyen alrededor del 0,3% de todos los abortos que se producen. Y la consecuencia de introducir el aborto sobre la base de esos casos es que se producen abortos en los que en el 99,7% de las veces eso no es un factor y se trata de un embarazo sano, y quizá es una mujer que siente de repente que el aborto es su única opción. Nuestra perspectiva es que todo aborto es una tragedia para la mujer. Quiero decir, hay una razón, la campaña proelección no se llama a si misma proaborto porque reconoce que el aborto es algo que las mujeres usan como último recurso, que siempre que una mujer tiene un aborto es porque siente que la sociedad le ha fallado, un miembro de su familia o un compañero que la ha abandonado. Así que estamos diciendo que desde nuestro punto de vista no queremos normalizar y legitimar eso."

El referéndum se celebrará el 25 de este mes. Para los partidarios de ambos argumentos se reduce a en qué tipo de sociedad quieren vivir. La familia está en el corazón de la vida irlandesa, por lo que es inevitable que esta votación haya desencadenado un debate emotivo, personal y apasionado.