La vida de una paciente dentro de un hospital improvisado para COVID-19 en Shanghái

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Por Amaranta Zermeno Jimenez  con AP
El hospital improvisado para los pacientes del COVID-19 en el Centro Nacional de Exposiciones y Convenciones de Shanghái, 12/4/2022.
El hospital improvisado para los pacientes del COVID-19 en el Centro Nacional de Exposiciones y Convenciones de Shanghái, 12/4/2022.   -   Derechos de autor  Ding Ting/Xinhua

Yu Beibei es empleada de una empresa inmobiliaria, y es una de las miles de personas que se encuentran actualmente en uno de los 100 hospitales improvisados en Shanghái, tras el rebrote de infecciones de COVID-19 en China.

Dio positivo en la prueba el 2 de abril, y los síntomas solo duraron un par de días. Sin embargo, no se le permitió pasar la cuarentena en casa, y tuvo que separarse de su hijo de 2 años. Cualquier persona que dé positivo debe pasar al menos una semana en estos centros de observación para limitar la propagación del virus.

"En el refugio no hay medicamentos ni inyecciones. Hasta ahora lo único que tenemos es un plan de tratamiento de autocuración. Los médicos vienen a tomarnos la temperatura cada mañana y cada tarde para ver si es normal. Luego rellenamos su encuesta en los teléfonos móviles y anotamos si nos sentimos mal, junto con nuestra temperatura, eso es todo", explica Yu. 

Ding Ting/Xinhua
Artículos personales para los pacientes de COVID-19 en el Centro Nacional de Exposiciones y Convenciones en Shanghai, 12/4/2022.Ding Ting/Xinhua

"Veo que el estado de la mayoría de las personas en el hospital improvisado es bueno. Apenas se ven enfermedades evidentes en ellos, o lo que es lo mismo, no hay síntomas evidentes. Hay gente que tose, pero no tengo ni idea de si tienen faringitis u ómicron".

El hospital improvisado ha sido reconvertido desde el Centro Nacional de Exposiciones y Convenciones de Shanghái y ocupa unos 420 000 metros cuadrados, con una capacidad de 50 000 camas.

Para Yu y los demás pacientes, los principales problemas son las malas condiciones de limpieza en las instalaciones.

"Los baños no están muy limpios, lo cual es comprensible porque los utiliza mucha gente y los voluntarios o las limpiadoras no dan abasto, así que están un poco sucios. Además, no hemos encontrado un lugar con ducha caliente. Las luces están encendidas durante toda la noche y es difícil conciliar el sueño. Estas tres cosas son de las que más se ha quejado la gente", cuenta Yu. 

El encierro ha logrado más que nada, una oleada de frustración. Según Yu, parece que la gente está más preocupada por la escasez de alimentos y otros suministros, que por el miedo al coronavirus.