El creciente número de visitantes hace que muchos estudiantes se reúnan en la asociación de discapacitados, algunas iglesias ya no dan misa y los habitantes ven la tele para decidir cuando salir de casa
Cada mañana Marija Grazio bebe su café en un bar del centro, uno de los más antiguos de Dubrovnik. Está situado en el edificio del ayuntamiento, con vistas a la iglesia de San Blas, patrón de la ciudad, y al Palacio del Rector, símbolo de la República de Ragusa. El apartamento de Grazio está a dos minutos a pie; la escuela de música en la que es profesora, a una distancia similar y todo a cinco minutos de la playa.
Las razones por las que la vivienda de Marija es ideal para ella, son las mismas que atraen a cientos de miles de turistas cada año a la ciudad. Ella es una de las CADA VEZ MENOS residentes de la ciudad que sueñan con enfrentarse al turismo de masas por el derecho a disfrutar de su propia ciudad.
Los turistas superan en 20 a 1 a los 42.615 habitantes de Dubrovnik, el destino turístico más popular de la turística Croacia. Incluida en la lista del Patrimonio Mundial de UNESCO su popularidad se ha multiplicado en los últimos años, cuando se convirtió en una de las localizaciones principales de la serie Game of Thrones (Juego de Tronos). Los visitantes aumentan un 10% cada año.
Pero irónicamente, aunque el turismo trae empleos y beneficios económicos, especialmente en verano, el número de residentes que se benefician de ello disminuye cada año.
UNESCO ha respondido pidiendo limitar el número de visitantes que llegan a la ciudad al mismo tiempo, pidiendo un límite de 8.000 visitantes. Las autoridades locales han instalado un “contador de personas” en la entrada principal de la ciudad para controlar el número de turistas.
Por el momento no se han superado los 7.000 visitantes (en un mismo momento). “Es un hecho que tenemos que reducir el número de turistas, especialmente los que desembarcan de los cruceros. El año que viene queremos reducirlo a 4.000 visitantes al mismo tiempo” dice a euronews el nuevo alcalde de la ciudad Mato Franković. En 2016 hubo 799.916 visitantes sólo en los que desembarcaron de los grandes barcos de crucero, según las cifras que manejan las autoridades portuarias.
La mayoría vienen entre mayo y octubre. En estos meses la media es de 112.000 visitantes al mes. El problema es que las visitas no están bien repartidas.
“El ataque”
“Cuado empieza el ataque nos quedamos en casa” dice Mirjana Puhjera, periodista cuyo apartamento tiene vistas a las murallas de Dubrovnik, refiriéndose a los jueves y viernes, los días en los que los cruceros hacen parada en la ciudad. “Por ejemplo, el jueves pasado hubo siete cruceros, cada uno con una capacidad de 9.000 pasajeros.
Durante estas “invasiones”, la policía regula los flujos de gente en las entradas principales y los residentes de la ciudad a menudo miran el streaming de una TV local, que muestra cuándo los visitantes vuelven a dejar espacio para poder salir a la calle.
Tonči Ivanović, trabajador de una de las mayores empresas de cruceros —MSC Cruise— señala los beneficios de la industria para la ciudad: “La autoridad portuaria ingresa 10.000 euros por barco, los concesionarios 5.000 euros, el sector servicios 25.000 euros, las agencias, museos, 25.00 euros… Cada visitante gasta 46 euros en la ciudad”.
Pero estas ganancias, concentradas en restaurantes y tiendas de souvenirs no significan mucho para los que intentan habitar entre los muros del centro de Dubróvnik. “Ya no tenemos tiendas de alimentación, solo quedan tres o cuatro, y tienen precios mucho más altos que el resto de la ciudad” dice Grazio. En 2016 había 107 tiendas de souvenirs y 143 restaurantes de todo tipo según el Instituto para la Restauración de Dubrovnik. Los restaurantes, además, producen una cantidad ingente de residuos, olores y suponen un desafío para el sistema de tratamiento de aguas.