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Estado del clima en Europa en 2018: un año de extremos variados y persistentes

Estado del clima en Europa en 2018: un año de extremos variados y persistentes
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Un comienzo frío y nevadas históricas, largas olas de calor, sequía, incendios forestales, inundaciones, tormentas, preocupante deshielo en el Ártico y en los glaciares de los Alpes: el reciente informe del Servicio de Cambio Climático de Copérnico (C3S, por sus siglas en inglés) pone de relieve claras tendencias de cambio climático, así como patrones climáticos extremos e irregulares a largo plazo en todo el continente.

Temperaturas al rojo vivo en Europa

Las temperaturas en Europa han mostrado una tendencia al alza en las últimas cuatro décadas, y el informe “Estado del clima en Europa en 2018” del programa Copérnico confirma que las temperaturas en el continente este último año están entre las tres más altas jamás registradas. El año fue cálido en general, con temperaturas 1,2 °C más altas de lo habitual, pero la primavera y el verano pasados fueron un verdadero horno, con unas temperaturas excepcionalmente cálidas en Europa central, que en muchos lugares fueron 3 °C más altas que la media.

"Bandas de calentamiento" mostrando el cambio de las temperaturas en Europa desde 1958 hasta 2018. Fuente: Servicio de Cambio Climático de Copérnico (C3S) / KNMI

Comparándolas con las de la era preindustrial, las temperaturas en Europa han ido aumentando de manera continuada durante toda la era industrial, aunque este aumento se hizo mucho más acusado desde los años ochenta. Los valores medios, analizados en grupos de 60 meses, alcanzan los 9,9 °C para períodos que acaban en la segunda mitad de 2018. Esto supone un aumento de casi 2 °C con respecto a los valores registrados en la segunda mitad del siglo XIX.

Media móvil en períodos de 60 meses de la temperatura del aire en Europa a una altura de dos metros sobre el terreno, según diferentes grupos de datos. Fuente: Servicio de Cambio Climático de Copérnico (C3S) / ECMWF

Los patrones climáticos extremos persistentes afectan a la economía europea y a la vida diaria de sus ciudadanos

El informe “Estado del clima en Europa en 2018” de C3S ofrece información valiosa que permite llegar a conclusiones sólidas sobre un problema que evoluciona rápidamente. Los datos muestran patrones claros, como el aumento de la cantidad gases de efecto invernadero en la atmósfera, y, además, pone de relieve los diversos patrones climáticos extremos que los europeos experimentaron en 2018, con épocas de frío intenso u olas de calor y sequía que batieron récords, seguidas de un huracán o una inundación. Los detalles específicos varían a lo largo de la geografía europea, pero hay una cosa que no cambia en ninguno de estos lugares: los episodios climáticos extremos de larga duración causan un impacto en nuestro modo de vida.

Un largo período de frío marcó el comienzo del año: el frío y las nevadas de febrero y marzo supusieron la única ocasión en la que las temperaturas en Europa se mantuvieron por debajo de la media el año pasado. Sin embargo, el verano se tomó la revancha, con temperaturas más altas de lo normal desde abril hasta final de año. Y aquí podemos hablar de la historia de dos extremos: el sur de Europa tuvo más lluvia de lo habitual, mientras que en el norte el año 2018 fue inusualmente cálido y seco. Europa central experimentó altas temperaturas que no se habían visto desde los años cincuenta, y tanto el centro como el norte de Europa recibieron menos del 80 % de la cantidad normal de lluvia durante la primavera, verano y otoño. Por su parte, Alemania disfrutó de una cantidad inusual de días despejados y, junto a otras zonas de Europa central y del norte, experimentó hasta un 40 % más de horas de sol de lo habitual.

Humo procedente de incendios forestales en Suecia. Derechos de autor: contiene información modificada de los satélites Sentinel de Copérnico (2018), procesada por ESA

La manera en la que se analizan los datos climáticos es importante: el promedio de lluvia en Europa puede parecer normal cuando se toma en conjunto, pero, desglosado por región, los extremos se hacen evidentes. Y esto es algo que se siente sobre el terreno. Así, por ejemplo, Escandinavia sufrió algunos de los peores incendios forestales de la historia moderna, mientras, en octubre, el huracán Leslie azotaba la península Ibérica con una virulencia que no se registraba en una tormenta de este tipo desde 1842.

Las temperaturas inusualmente altas acompañadas de la falta de lluvia trajeron como consecuencia restricciones al consumo de agua y bajos caudales en los ríos, lo que tuvo consecuencias en los transportes. En el momento más crítico, un 36 % de los ríos europeos tenía escasez de agua. De hecho, en el verano se podía caminar hasta la mitad del lecho del río Danubio por primera vez en más de una década. Esta falta de lluvias también causó pérdidas en la agricultura, como resultado del problema que supone que la humedad haya ido escapando paulatinamente del terreno a la vez que las temperaturas aumentaban durante los últimos 40 años.

El deshielo: una gran preocupación en los Alpes y en el Ártico

Las primaveras y veranos soleados son una amenaza para los glaciares de las montañas, y 2018 ha sido testigo de una enorme pérdida de masa en los glaciares de referencia en los Alpes. Desde 1997, los glaciares de Europa han perdido entre 8 y 25 metros de masa, con una pérdida media de 16 toneladas de agua dulce por metro cuadrado.

El hielo marino del Ártico europeo también ha disminuido debido a las crecientes temperaturas; en los dos primeros meses del año, las temperaturas en esta zona han estado 4 °C por encima del promedio a largo plazo. La cubierta de hielo marino del Ártico ha seguido una tendencia negativa desde el año 2000, pero el verano de 2018 vio como la capa de hielo del sector europeo de este océano llegaba a perder un alarmante 30 % con respecto a la cantidad promedio a largo plazo. Los satélites nos ofrecieron datos e imágenes alarmantes: este invierno, por primera vez desde que comenzaron las observaciones, la masa de hielo que solíamos encontrar al norte de Groenlandia dejó paso a una zona de mar abierto a causa del aire cálido y los fuertes vientos.

Estado del clima en Europa en 2018: una gran herramienta para situar al año 2018 en el contexto climático a largo plazo

Actualmente en su quinto año, Copérnico, el importante programa de observación de la Tierra de la Unión Europea, ofrece una cantidad de información medioambiental sin precedentes, que sirve de apoyo para formular políticas públicas y para una creciente economía basada en el conocimiento. Sumado a los paquetes de información exhaustiva, gratuita y de fácil manejo de la base de datos del Climate Data Store, el “Estado del clima en Europa en 2018” ofrece información valiosa para muchos sectores de gran importancia en la sociedad, incluyendo la agricultura, la salud, los seguros, la seguridad, el turismo y la planificación urbana y regional.

“Los datos fiables obtenidos de la observación de la Tierra que aparecen en el 'Estado del clima en Europa en 2018' son de vital importancia para comprender el estado de nuestro planeta”, dijo Juan Garcés de Marcilla, el director del Departamento de Servicios de Copérnico en el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo (ECMWF, por sus siglas en inglés), que se encargará de implementar el informe. “[El informe] ofrece información muy valiosa para legisladores, organizaciones y empresas, que ayudará a trazar planes para el futuro que beneficien a todos los ciudadanos europeos y de otros lugares”.

Por último, el “Estado del clima en Europa en 2018” aspira a lograr una mejor comprensión de cómo la información sobre el cambio climático conecta con las experiencias vividas por los ciudadanos de Europa y otros lugares. Este conocimiento es un eslabón muy importante, ya que solo con una buena comprensión podemos crear la motivación necesaria, y, finalmente, dedicar los recursos necesarios para conseguir salvarnos.