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Elecciones en EE.UU.: Los estados decisivos podrían inclinarse hacia Clinton

En la noche electoral del próximo 8 de noviembre, para saber quién tomará el relevo de Barack Obama en la Casa Blanca, es importante observar unos pocos estados clave de los cincuenta que componen Est

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Elecciones en EE.UU.: Los estados decisivos podrían inclinarse hacia Clinton

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En la noche electoral del próximo 8 de noviembre, para saber quién tomará el relevo de Barack Obama en la Casa Blanca, es importante observar unos pocos estados clave de los cincuenta que componen Estados Unidos. Son los llamados “estados decisivos” que con mayor frecuencia cambian de demócratas a republicanos; y como en décadas pasadas, es ahí donde los candidatos concentran sus esfuerzos y sus fondos de campaña.

El resto se consideran escaños garantizados y es relativamente sencillo predecir el ganador. Estos “estados seguros” representan 418 de los 538 electores o personas nominadas por cada partido. Para ganar la presidencia un candidato debe obtener al menos 270 electores. Con lo cual, todo se juega en 120 circunscripciones electorales de tan solo nueve estados. Es ahí donde el resultado será decisivo.

Veamos de cerca esos estados cruciales y lo que dicen las últimas encuestas de opinión. Unos sondeos que sugieren que será Clinton y no Trump quien trabajará en el Despacho Oval a partir de enero de 2017.

FLORIDA – 29 votos

El estado soleado de la Florida se ha convertido en el campo de batalla decisivo de las presidenciales de este año. La razón es puramente matemática: si Hillary Clinton mantiene todos los estados que siempre votaron por el Partido Demócrata desde 1992 en sus filas y se impone además en Florida, entonces, ella será presidenta.

En cuanto a Trump, si no gana en Florida, ya puede ganar en todos los demás estados en disputa, que aún así perderá las elecciones.

La carrera estaba prácticamente decidida hasta el primer debate a finales de septiembre, cuando los sondeos mostraron que Clinton tenía una ventaja sustancial. Y eso podría conducirla a la victoria, sobre todo porque cuenta con un terreno de operaciones diez veces superior al de Trump. Además de los cambios demográficos que también podrían beneficiarla.

La clave está en una creciente comunidad latina que representa aproximadamente una cuarta parte de la población del estado, respecto a una quinta parte que constituía en 2010. Los latinos de tradición católica, propietarios de pequeños negocios, orientados a la familia y con una herencia cubana anticomunista, solían formar un bloque de votantes republicanos fiable hasta la reelección de George W. Bush en 2004. Sin embargo, desde que el Partido Republicano endureció su postura sobre la inmigración, los latinos comenzaron a votar por el Partido Demócrata. La nominación de Trump no ha hecho más que amplificar este giro a la izquierda. Las encuestas indican que Clinton se llevará el voto latino por un margen de 3 a 1.

Barack Obama ganó el estado de Florida dos veces, ayudado por la joven generación posguerra fría de cubanos estadounidenses. Además, la afluencia masiva de puertorriqueños en los últimos años ha cambiado el rostro de la comunidad latina que ha adquirido una posición más “socialdemócrata”.

El aumento de la población latina en el sur de Florida ayudará de sobra a contrabalacear los bastiones republicanos del norte y el oeste de la península, compuestos por muchas familias de militares y personas de la tercera edad, que representan la media de la población general de Florida. Florida fue un estado decisivo en nueve de las últimas diez elecciones con la excepción de 1992, cuando aunque el estado votara por Bush padre, ganó Bill Clinton.

PENSILVANIA – 20 votos

Pensilvania, el estado trapezoidal, ha ido perdiendo votos de los colegios electorales desde 1960, como resultado de la transformación económica y migración de la población. Cada cuatro años, los republicanos escuchan el canto de las sirenas de una posible victoria en Pensilvania, pero sólo para darse de bruces contra la realidad. El Estado ha sido Demócrata en todas las elecciones presidenciales desde 1992. Y no parece que vaya a ser diferente este año; Hillary Clinton está a la cabeza en todas las encuestas desde mediados de julio. Sin embargo, el estado ha visto las campañas de ambos candidatos, y el mensaje proteccionista de Donald Trump podría tener eco tanto en las zonas rurales como en las industriales. Trump podría acceder a la victoria, solo si consigue seducir a los nacionalistas blancos más recalcitrantes de este estado.

Pero el electorado blanco sigue disminuyendo a nivel nacional, y Pensilvania no es una excepción. Los demócratas tienen seguras las elecciones en las grandes áreas metropolitanas alrededor de Filadelfia y Pittsburgh donde el voto de la fuerte minoría logró un margen democrático en el pasado. Tengamos en cuenta que en 2012, había 59 distritos electorales afroamericanos, en su mayoría en los alrededores de Filadelfia, donde el candidato republicano, Mitt Romney no obtuvo un solo voto. Por otra parte, la población latina, uno de los bloques electorales más abiertamente anti-Trump, ha crecido en Pensilvania más de un 80% desde el año 2000.

OHIO – 18 votos

Ohio fue considerado desde siempre como un estado clave, tan fiable como el barómetro de toda la nación. Desde 1944, los votantes de Ohio solo se pusieron del lado del candidato perdedor una vez, al optar por Richard Nixon sobre John F. Kennedy en 1960.

Así que por lo general, ganar Ohio, significa ganar la presidencia. Este año podría ser diferente. Donald Trump tuvo buenos resultados en los sondeos de Ohio hasta principios de octubre y todavía podría ganar allí, pero incluso así no sería garantía suficiente para alcanzar la Casa Blanca, ya que el mapa electoral general le sigue siendo desfavorable.

Este estado industrial del Medio Oeste se ha visto profundamente afectado por la crisis financiera y económica y por la globalización en general. Muchos puestos de trabajos del sector de la manufactura han ido desapareciendo. Como resultado, Ohio, ha perdido población, en relación con el país en su conjunto y ha perdido cerca de un tercio de su peso electoral desde la década de 1960. La campaña de Trump cree que una victoria en Ohio podría ser la piedra angular de una victoria general, ya que el estado tiene el perfil exacto del electorado de Trump: es decir, una gran mayoría de población blanca, personas sin títulos universitarios y familias de clase trabajadora. Las primarias han demostrado lo volátil que pueden ser estas elecciones, y el atractivo de Trump entre un electorado descontento, de raza blanca y nacionalista que se extienden más allá del Sur.

CAROLINA DEL NORTE – 15 votos

Al igual que muchos otros estados del sur, Carolina del Norte votó casi exclusivamente por el Partido Republicano desde 1968. Aquí, desde siempre, se mostró la reacción del votante blanco conservador descontento con la legislación de derechos civiles que pasó a mediados de la década de 1960, y que fue explotada de manera efectiva por los republicanos como la “estrategia sureña”.

Las únicas excepciones fueron la victoria de Jimmy Carter en 1976 y la de Barack Obama en 2008. En ese año, Obama ganó a John McCain por unos 14.000 votos de un total de 4,3 millones. Fue el segundo estado, detrás de Misuri donde se jugó la contienda más ajustada. En 2012, Carolina del Norte volvió a jugar el mismo papel, esta vez detrás de Florida, como el estado que pasó a ser republicano. Mitt Romney venció a Obama por un dos por ciento.

Este año, Carolina del Norte es un estado clave en el que las apuestas están muy ajustadas. Las encuestas han mostrado a Donald Trump y Hillary Clinton a la par durante toda la campaña, aunque Clinton ha empezado a abrirse una pequeña ventaja en el sondeo de principios de octubre. Esta es una tendencia que se confirma con el voto anticipado. Alrededor del 40% de los votos anticipados hasta ahora son para los demócratas en comparación con el 35% que es para los republicanos. En 2012, en este mismo momento de la carrera electoral, Mitt Romney le sacaba cinco puntos al presidente Obama.

Carolina del Norte ha experimentado una profunda transformación social y económica en la última década, convirtiéndose en el cuarto estado manufacturero más grande de EE.UU.. Como resultado, hay en Carolina de Norte una mayor diversidad, con un electorado de cuello blanco, es decir, de profesionales con cierto nivel de educación que se han trasladado allí, y con una población hispana de rápido crecimiento. Esto le hace ser un estado clave e impredecible en las presidenciales del próximo 8 de noviembre.

VIRGINIA – 13 votos

Virginia es el lugar de nacimiento de ocho presidentes estadounidenses (incluidos cuatro de los cinco primeros). Ha sido un estado republicano de 1952 a 2004 (con la excepción del derrumbe de Lyndon Johnson sobre Barry Goldwater en 1964).

En 2008 se produjo un cambio debido a los rápidos cambios demográficos, lo que hizo ganar a Barack Obama, con un 53% sobre John McCain. Obama ganó aquí de nuevo en 2012, derrotando a Mitt Romney por un margen ligeramente más estrecho 51-47 por ciento. De este modo, Virginia se ha convertido en un verdadero referente en las elecciones, ya que sus resultados fueron casi idénticos a los resultados nacionales.

En Virginia, no sólo ganó Obama dos veces, además su gobernador y sus dos senadores también son demócratas. Hillary Clinton ha mantenido una sólida ventaja en todas las encuestas realizadas durante el ciclo electoral de 2016, hasta el punto de que este verano dejó de gastar recursos de campaña en publicidad.

El Gobernador de Virginia, Tim Kaine, candidato a la vicepresidencia de Estados Unidos también ha ayudado. El Estado parece estar fuera del alcance de Donald Trump quien, de hecho, realmente no compite allí.

El panorama político en Virginia ha cambiado drásticamente en los últimos años. La antigua Virginia de tradición republicana, religiosa, rural, de clase trabajadora y blanca, ha sido sobrepasada por la nueva Virginia democrática, más laica, urbana, diversa y compuesta por profesionales del sector terciario.

Los alrededores de la capital del estado de Richmond y de los condados ricos del norte de Virginia están también en esta categoría. Pues al igual que en Washington, DC, los suburbios se han expandido, y el norte de Virginia se ha vuelto una zona más diversa y con un mayor nivel de educación. Y es el hogar de miles de trabajadores del Gobierno, contratistas y empleados de empresas de alta tecnología.

COLORADO – 9 votos

Aunque esté rodeado de estados republicanos “rojos” (con excepción de Nuevo México al sur) y pese al hecho de que votó por el Partido Republicano en casi todas las elecciones, con la excepción de tres, entre la Segunda Guerra Mundial y 2008, Colorado está considerado un estado clave debido a los cambios demográficos.

En 2004, George W. Bush derrotó a John Kerry por un 4,7 por ciento, el quinto resultado más ajustado de los 31 estados en los que ganó como presidente. Colorado cambió en 2008, votando por Barack Obama con un 54 por ciento sobre John McCain. Obama ganó de nuevo en 2012, pero con un margen menor del 5,4 por ciento con respecto a Mitt Romney. La población de Colorado ha ido creciendo, y ahora tiene un 50 por ciento más de votos que en la década de 1960.

Las encuestas tras los debates televisivos muestran que Hillary Clinton tiene una cómoda ventaja en Colorado, que en algunos lugares alcanza incluso los dos dígitos.

Donald Trump creyó durante gran parte de su campaña que podría mantenerse en liza en el estado de las Montañas Rocosas, pero para ser realistas, Colorado es todo un desafío para Trump.

Con un elevadísimo porcentaje del electorado de raza blanca y con estudios universitarios (un grupo que vota por Clinton), una población latina en rápido crecimiento y un ambiente político en general liberal (la marihuana es legal), queda claro que el contexto no es propicio para una victoria de Trump. Aunque Trump ha hecho mucha campaña en Colorado, el estado parece estar fuera de su alcance. Hillary Clinton ha sentido la confianza suficiente para suprimir la publicidad en este estado desde finales de julio.

Los otros tres estados en juego son Iowa y Nevada, con 6 votos y New Hampshire con 4 votos.