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Alemania endurece su política migratoria

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Alemania endurece su política migratoria

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En 2015, cientos de inmigrantes de todo el mundo llegaron a Hungría y a Austria. Pero su país elegido era Alemania, a donde pudieron desplazarse. Hoy la situación ha cambiado mucho y el que durante años ha sido uno de los Gobiernos más permisivos con su política migratoria está endureciendo las medidas. El ascenso de la ultraderecha y el riesgo a perder gobiernos regionales está poniendo en dificultades la ambición de muchas personas de encontrar un futuro mejor en la gran locomotora europea.

Muchos de los trescientos residentes del diminuto pueblo de Pfenningbach, situado en la región de Baviera y cerca de la frontera con Austria, firmaron una petición oponiéndose a que un centenar de solicitantes de asilo se alojarán en un edificio vacío. Christian Erntl es uno de los fundadores de este movimiento de protesta local, síntoma inequívoco de que los inmigrantes son menos bienvenidos actualmente en Alemania. Erntl explica que una familia siria de unas veinte personas, dejó el camino de su casa al bosque repleto de ropas y documentación rasgada o quemada "para evitar ser devueltos a Grecia o Hungría, los países en los que se les registró por primera vez a su entrada en la Unión Europea. Querían un primer registro en Alemania para poder quedarse aquí". Considera que hay una falta de solidaridad europea, normas quebradas y políticos que han perdido el control y cree que "los que dejan su país de origen sólo por razones económicas o los que vienen a Alemania sólo para ganar dinero tienen que ser devueltos. Y eso debería hacerse en la frontera".

Precisamente en Ingolstad, una floreciente ciudad bávara, viven en un campamento de contenedores muchos de los solicitantes de asilo de países de los Balcanes cuya petición ha sido rechazada. Un hombre procedente de Yugoslavia explica que cuando recibieron la segunda denegación, su mujer comenzó a tener mucho miedo y "y finalmente decidió abandonar este lugar. Se llevó a los niños y se fue a Holanda. Es difícil saber dónde ir o qué hacer".

Las ordenes de expulsión, ahora más estrictas y que también afectan a muchas personas procedentes de Asia y África, han desencadenado movimientos migratorios secundarios en toda Europa, es decir, desplazamientos desde los primeros países de llegada a otros comunitarios. En 2016, el número de peticiones de asilo en Alemania se redujo a 280.000 mientras que en 2017 disminuyó a 187.000.

Los centros de anclaje

Para afrontar el problema migratorio, Baviera creó el concepto de 'centros de anclaje', lugares compuestos por grandes edificios vacíos y contenedores en los que los solicitantes de asilo deben fichar para conseguir agua, comida, ropa, un lugar dormir y una situación legal hasta que se tome una decisión sobre su petición. En caso de denegación, muchos presentan su caso ante un tribunal administrativo, con lo que se amplía considerablemente la duración del procedimiento. Durante este tiempo tienen que quedarse en los centros de anclaje hasta 18 meses.

Los grupos que defienden los derechos de los inmigrantes reciben muchas peticiones para abandonar los centros de anclaje, algunas de personas que llevan viviendo allí más de dos años y medio. Aseguran que el Gobierno bávaro ha dejado de subvencionar con dinero a los inmigrantes y que estos están hacinados, lo que provoca conflictos entre ellos. Varios activistas se quejan de la situación actual y sostienen que este tipo de campamentos está dando muchos más problemas que las viviendas descentralizadas. Detallan que a altas horas de la madrugada se escucha el ruido de los coches de policía, que se llevan a personas para deportarlas.

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Baviera se prepara para las elecciones regionales

Las elecciones regionales del próximo mes de octubre han contribuido en gran medida al endurecimiento de la política migratoria. La CSU bávara, socio de la CDU de Angela Merkel, ya ha dicho que no cuenta con la canciller para la campaña. Las últimas encuestas dan a la ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD, por sus siglas en alemán), el segundo puesto, por delante de los socialistas. En la ciudad de Pissau, el ministro de Interior bávaro, Joachim Herrmann, y el primer ministro de la región, Markus Söder, han destinado catorce millones de euros para la nueva policía fronteriza de Baviera con los que se han adquirido drones o detectores de huellas dactilares con los que se puede saber si una persona que no tiene documentación ha entrado previamente a Europa o está en búsqueda. Los fondos también han servido para reforzar la frontera con Austria y llevar a cabo controles en una franja de hasta treinta kilómetros antes de la línea divisoria.

Herrman asegura que no existe el derecho a presentar solicitudes de asilo en varios países comunitarios ni a que los inmigrantes elijan su destino, sino que es el primer país de llegada en el que debe tomarse una decisión, "por eso pensamos que lo mejor es devolver a la gente que busca desplazarse al país donde se tramita su primera solicitud de asilo".

Las actuaciones políticas se reflejan también en la sociedad. Dos de cada tres ciudadanos respaldan la idea de impedir la entrada a aquellos que no muestren sus documentos identificativos. Según Sóder, el espacio libre de fronteras en Europa solo funciona si los bordes hacia el exterior están protegidos con eficacia, "si tienen una buena valla en el jardín, si todo está asegurado, entonces a veces pueden dejar la puerta principal de su casa abierta. Pero nunca he conocido a alguien sin una valla en el jardín, sin ningún sistema de seguridad, que deje la puerta de su casa abierta toda la noche Si este continente no es capaz de establecer la idea de una protección europea, todas las demás cosas se desmoronarán. Y tal vez incluso la estabilidad de nuestra democracia está de algún modo en peligro". Los últimos datos hablan de un millón de personas de fuera de la Unión Europea viviendo en Alemania de un total de más de 82 millones de habitantes, cerca de un 1,2% de la población.

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En defensa de la inmigración

La canciller alemana, Angela Merkel, dio luz verde a la reanudación de las deportaciones masivas a Afganistán. Una reciente encuesta de opinión muestra que el 86% de los alemanes apoya esta medida para los solicitantes de asilo rechazados. Pero no todos están de acuerdo. El Consejo Bávaro para los Refugiados, una organización no gubernamental, considera que hay "un cambio a la derecha radical como la del húngaro Víktor Or´bán" de los principales partidos bávaros y alemanes, influidos por los próximos comicios. Antes de una concentración en el aeropuerto de Baviera para protestar con la situación, algunos de sus miembros aseguran que los inmigrantes "tienen peor acceso a un abogado" y que "todos los jóvenes solteros que han recibido una respuesta negativa son devueltos".

Mientras los manifestantes despliegan sus pancartas, 69 demandantes de asilo fueron escoltados a un avión que no podían ver. Tras llegar a Kabul, uno de los deportados se suicidó. Los pasajeros del aeropuerto se pararon a ver la manifestación. Una pareja afgana que lleva décadas viviendo en Baviera recuerda que en su país hay atentados de todo tipo diariamente. El testimonio es más estremecedor cuando procede de un demandante de asilo como Amiri Sadahat, que teme ser el siguiente en una lista de deportaciones: "Los talibanes me pidieron varias veces que me uniera y trabajara para ellos. Pero lo rechacé porque, siendo afgano, no puedo aceptar lo que dicen y lo que hacen. Matan a gente todas las semanas, todos los días en Afganistán. No quiero hacer la yihad porque es algo totalmente equivocado".

Un grupo de etíopes bloqueó el convoy del Ministro, obligando a la seguridad a evacuar al cargo público por la salida trasera. Todos ellos están establecidos en un centro de anclaje, aunque pueden salir al exterior. Más tarde, nos reunimos con tres de ellos en un piso privado. Reivindican una mejor alimentación y atención médica, permisos de trabajo y acceso a clases de alemán. Además piden que los trasladen fuera del enorme campamento. Quieren permanecer bajo anonimato. El problema, aseguran, es que "el 100% de los demandantes de asilo etiopes están siendo rechazados. Estamos viviendo en campos de deportación".

Una mujer explica que las personas que est´án allí "no pueden dormir durante toda la noche, la mayoría de la gente teme ser deportada no sólo a países europeos sino también a los países de origen de donde venimos, Etiopía en nuestro caso. Así que no pueden dormir, están enloqueciendo". Su hermano fue asesinado por el Gobierno y a ella, sostiene, la persiguen y la intentan apuñalar y violar, Las dos personas con las que hablamos dicen que quizá se suicidarían en caso de tener que regresar a su país.