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El clima europeo en 2020: temperaturas de récord en el continente y calentamiento en el Ártico

Placas de hielo marino al sur de la isla Pioneer (Rusia), 14 de agosto de 2020.
Placas de hielo marino al sur de la isla Pioneer (Rusia), 14 de agosto de 2020.   -   Derechos de autor  Unión Europea, imágenes de la misión Sentinel-2 de Copérnico; procesadas para C3S por Pierre Markuse.
Por Copernicus
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El informe «Estado del Clima en Europa» de Copérnico ofrece información actualizada sobre la meteorología y el clima del continente europeo.

A pesar de los enormes desafíos que trajo 2020, el clima europeo no pasó desapercibido durante ese año. Los registros estacionales de Europa se vieron afectados por varios eventos meteorológicos de récord y por la influencia de las características climáticas regionales y globales; los datos muestran una clara tendencia al calentamiento.

El Servicio de Cambio Climático de Copérnico acaba de publicar el informe «Estado del Clima en Europa en 2020» (ESOTC, por sus siglas en inglés). Este estudio analiza los principales patrones climáticos y eventos meteorológicos que se dieron en Europa en 2020, prestando atención a los cambios y la variabilidad y encuadrando la información en una perspectiva global. Es la primera vez que el informe ESOTC no se limita al continente europeo y también incluye toda la región del Ártico, cuyo clima puede influir considerablemente en el de Europa.

El año más cálido jamás registrado en Europa

El año 2020 fue el más cálido hasta la fecha en Europa, ya que las temperaturas crecieron casi medio grado con respecto a registros anteriores. Las temperaturas medias se situaron por encima del promedio de los años 1981-2010 en todo el continente, y algunas partes del este y el norte lo superaron en más de 2 °C. Esas mismas regiones registraron temperaturas mínimas diarias por encima de la media, mientras que Francia y los países del Benelux experimentaron temperaturas máximas diarias más altas.

«Hemos tenido algunos períodos de temperaturas especialmente altas, olas de calor en verano y un episodio caluroso en otoño, aunque no fueron tan intensos, generalizados o duraderos como los de años recientes», afirma la Dra. Francesca Guglielmo, científica sénior del Servicio de Cambio Climático de Copérnico (C3S) y una de las coautoras del informe ESOTC.

La anomalía térmica más llamativa se dio el pasado invierno. Las temperaturas de la estación fría se situaron 1,9 °C por encima del récord anterior y 3,4 °C por encima de la media de los años 1981-2010, en el que los científicos de C3S consideran un invierno «excepcionalmente cálido». «El número de días en los que las temperaturas se mantuvieron bajo cero durante todo el día ilustra este calentamiento», dice la Dra. Freja Vamborg, científica sénior de C3S y autora principal del estudio. «Que haya una situación de heladas, o falta de ellas, en un lugar determinado cambia las cosas considerablemente».

Número de días cuyas temperaturas máximas diarias se mantuvieron bajo cero («días de hielo») durante el invierno de 2020 (izquierda) y comparación de ese invierno con el período de referencia 1981-2020 (derecha).
Fuente de los datos: E-OBS. Crédito: C3S/KNMI.Número de días cuyas temperaturas máximas diarias se mantuvieron bajo cero («días de hielo») durante el invierno de 2020 (izquierda) y comparación de ese invierno con el período de referencia 1981-2020 (derecha).

En el norte y este de Europa, las condiciones fueron atípicas: el invierno en el mar Báltico, Finlandia y Rusia occidental fue hasta 8 °C más cálido que la media de 1981-2010. Esto hizo que el número de días con riesgo de importante estrés por frío fuera el más bajo jamás registrado, y se redujo la cubierta de hielo marino en el mar Báltico y el golfo de Finlandia. «Este invierno, el número de días con alto o muy alto estrés por frío durante el día fue el más bajo desde la década de 1980», dice la Dra. Guglielmo. «Hemos experimentado una tendencia al calentamiento en Europa: ya hemos superado en 2,2 °C los niveles preindustriales».

Sin embargo, las temperaturas estivales no fueron tan excepcionales como las que se vieron en el otoño y el invierno. Aunque junio fue especialmente cálido en el noreste de Europa, la región mediterránea, Europa central y los Balcanes, que se vieron muy afectados por las altas temperaturas en 2018 y 2019, registraron menos días de calor intenso que la media del período entre 1981 y 2010.

Una inesperada primavera seca y una tormenta de récord

Un reducido número de eventos marcaron un año en el que, por lo demás, se registraron precipitaciones bastante típicas en toda Europa. El invierno fue más húmedo de lo habitual, y febrero registró el mayor volumen de precipitaciones del año, que afectaron a grandes zonas de Europa occidental y provocaron que ríos, como el Rin, alcanzaran su caudal máximo a principios de ese mes. Y fue entonces cuando las cosas cambiaron. «Es sorprendente comprobar cómo hemos pasado de un invierno húmedo a una primavera seca en tan poco tiempo», dice el Dr. David Lavers, que es coautor del informe y trabaja para el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (CEPMPM) en investigaciones que se centran en los ciclos hidrológicos a escala mundial. «Lo podemos ver muy claramente en las precipitaciones, la humedad del suelo y los caudales fluviales, y eso tuvo un efecto directo sobre la vegetación». Según el informe, la falta de precipitaciones, una presencia de nubes por debajo de la media y el gran número de horas de sol en primavera, que acentuaron la evaporación del agua del suelo, se tradujeron en la primavera más seca que ha vivido Europa occidental en 40 años.

En octubre, la tormenta Alex hizo que se batieran los récords de precipitaciones diarias en el Reino Unido, la Bretaña francesa y los Alpes Marítimos franceses e italianos. En los Alpes Marítimos, un flujo de aire mediterráneo, húmedo y cálido, que llegó desde el suroeste provocó deslizamientos de tierra e inundaciones en Francia e Italia, lo que produjo daños en infraestructuras. Fue la primera vez en 40 años que Francia presenciaba una tormenta de tal intensidad en fechas tan tempranas, y la región italiana de Piamonte registró los mayores niveles de precipitación en 70 años. El Reino Unido registró 31,7 mm de lluvia en 24 horas, y el 3 de octubre se convirtió en el día más húmedo de los últimos 130 años en ese país.

Los expertos consideran que sigue siendo difícil asegurar si los eventos de precipitaciones se están volviendo más extremos en toda Europa. Sin embargo, Météo-France estima que la intensidad de las precipitaciones en la región mediterránea ha aumentado en un 22 % en los últimos 50 años, y en ese mismo período casi se ha duplicado la frecuencia de chubascos fuertes.

Los incendios forestales ofrecen una tregua

En un año con un riesgo de incendios forestales inferior a la media, solo algunas regiones, como los Balcanes y el este de Europa, vieron como aumentaba el riesgo en invierno y primavera, especialmente cuando las condiciones pasaron de húmedas a secas muy rápidamente. Las emisiones procedentes de incendios forestales también fueron de las más bajas desde que se empezaron a recoger estos datos hace 18 años: solo el suroeste de Francia y los Balcanes se situaron por encima de la media. Durante el verano, que es la temporada de apogeo de los incendios forestales en la región mediterránea, las emisiones producidas por incendios estuvieron muy por debajo del promedio de los años 2003-2019.

Lo que pasa en el Ártico raramente se queda en el Ártico

«Las temperaturas del Ártico en 2020 fueron un indicador climático clave a escala mundial», afirma la Dra. Vamborg. «Es uno de los principales eventos del pasado año». En 2020, el Ártico fue la región con la mayor desviación de temperatura del planeta, con un registro 2,2 °C por encima de la media de 1981-2010, frente a los 0,6 °C que se experimentaron a escala mundial.

La parte ártica de Siberia se vio especialmente afectada. Con un registro que en 2020 se situó 4,3 °C por encima de la media, esta región pulverizó los anteriores récords de 2011 y 2016, cuyas temperaturas superaron el promedio en unos 2,5 °C. «Estos registros son, sin duda, parte de la tendencia que muestra que el Ártico se está calentando más rápidamente que el resto del mundo; dos o tres veces más rápido por lo menos», comenta el Dr. Julien Nicolas, científico de reanálisis de C3S y coautor del informe.

«Los mecanismos de retroalimentación seguramente contribuyeron a hacer que 2020 fuese tan cálido», añade el Dr. Nicolas. «Uno de estos mecanismos es el efecto albedo, que está relacionado con lo reflexivas que son las superficies. Las altas temperaturas provocaron que la cubierta de nieve de principios de primavera fuese menor y se derritiese más rápidamente, con lo que quedó al descubierto el suelo, más oscuro, que tiende a absorber más calor y acentúa el calentamiento inicial. Eso representó un papel claro, especialmente en las olas de calor que vimos en partes de Siberia durante la primavera». Los vientos, suelos más secos de lo habitual e incendios generalizados también contribuyeron a este récord de calor. En el océano Ártico, el calor también afectó a la zona cubierta por hielo marino, que en septiembre alcanzó su segundo nivel más bajo desde el año 1979. En concreto, la extensión del hielo se situó un 35 % por debajo del promedio de 1981-2010, y en julio y octubre este registró los niveles más bajos que se habían visto jamás en esa época del año.

Los incendios forestales siberianos también batieron récords: emitieron unos 58 millones de toneladas de carbono a la atmósfera, doblando así el anterior récord alcanzado en 2019. Una vez más, una primavera seca, la falta de humedad en el suelo y el hecho de que gran parte de Siberia estaba libre de nieve a mediados de junio, un mes antes de lo habitual, hicieron que la temporada de incendios forestales comenzara antes y se dieran unas condiciones que aumentaron su virulencia.

La estrecha relación que existe entre las condiciones que se dan en Europa y en el Ártico es una de las razones por las que el informe ESOTC se ha ampliado para incluir a toda la región ártica. «No podemos limitarnos a observar el Ártico europeo; debemos adoptar una visión más general», comenta el Dr. Nicolas. «Lo que sucede en el Ártico también tiene consecuencias sobre el clima y la meteorología de Europa. De hecho, las altas temperaturas que experimentó Europa a principios de 2020 procedían de una masa de aire caliente de mayor tamaño que se situó sobre Siberia. Lo que ocurrió en ambas regiones formaba parte del mismo patrón climático».

Inusual reducción del ozono en el norte

«La mayoría de la gente conoce el agujero de la capa de ozono de la Antártida, pero en el Ártico las condiciones son diferentes y hay una menor disminución de ozono», dice el Dr. Nicolas. «El año 2020 fue algo diferente, porque se batieron récords de pérdida de ozono en el Ártico en marzo y a principios de abril. No se trataba realmente de un agujero como el de la Antártida, pero se convirtió en la menor concentración de ozono estratosférico que hemos visto en el Ártico desde que hay registros».

Si buscamos una explicación, el informe ESOTC apunta hacia el vórtice polar: un anillo, que rodea el Polo Norte y varía anualmente, formado por fuertes vientos que soplan desde el oeste. Su potencia influye en la cantidad de aire polar que se mezcla con el de latitudes más meridionales en la atmósfera superior, donde el ozono se forma bajo ciertas condiciones de temperatura. «El vórtice polar fue excepcionalmente intenso y mantuvo su fuerza durante más tiempo de lo habitual», afirma el Dr. Nicolas. «Retuvo aire frío sobre la región polar norte y no dejó que el aire del norte se mezclara con el de latitudes medias, que es más rico en ozono». El volumen de ozono del norte, ya bajo de por sí, disminuyó aún más al final del invierno polar, cuando volvió la luz solar y comenzó a activar en la atmósfera productos químicos que reducen este gas.

Las emisiones globales de gases de efecto invernadero siguen creciendo

A pesar de la interrupción temporal de la actividad durante la pandemia de COVID-19, las concentraciones de CO2 aumentaron en un 0,6 %, lo que equivale a unas 2,3 partes por millón (ppm). Según el Servicio de Vigilancia de la Atmósfera de Copérnico (CAMS, por sus siglas en inglés), aunque el aumento fue algo menor que en años recientes, los datos muestran que en 2020 la concentración atmosférica de gases de efecto invernadero alcanzó su promedio anual global más alto desde 2003. «La gente podría pensar que la ralentización de las emisiones se apreciaría con claridad. Sin embargo, a pesar de la reducción de las emisiones, seguimos enviando una gran cantidad de gases de efecto invernadero a la atmósfera y, por lo tanto, sus concentraciones continuaron aumentando», dice la Dra. Vamborg. «Supuso un cambio, pero no lo suficientemente grande como para que se viera. Necesitaríamos que eso sucediera muchas más veces».

La vigilancia de las condiciones climáticas anuales sigue siendo esencial para entender la evolución a largo plazo del sistema climático. Se han utilizado muchos tipos de datos para compilar la información del informe. Desde datos tomados por satélites hasta otros obtenidos en tierra combinados con modelos informáticos: se ha usado gran variedad de fuentes para mejorar la fiabilidad de los resultados. «La información del año pasado confirma las expectativas y muestra que las temperaturas están subiendo en todas partes”, comenta la Dra. Vamborg. «Los récords de temperatura se dan con mayor frecuencia, y es importante seguir haciendo esta vigilancia año tras año. Esta combinación de datos nos muestra cuáles son las tendencias».