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Las elecciones en Israel de septiembre pueden ser el ocaso de la era Netanyahu
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REUTERS/Gleb Garanich

Las elecciones en Israel de septiembre pueden ser el ocaso de la era Netanyahu

Benjamin Netayanhu es el primer ministro israelí que más tiempo ha ostentado su cargo: ya ha sobrepasado a Ben Gurión, mentor del Estado de Israel y su primer dirigente. Tras 13 años en el poder Netanyahu, también conocido como Bibi, ha dejado una huella imborrable en la historia israelí.

"Carismático y controvertido", así lo describre Lola Bañón, periodista especializada en Oriente Medio y profesora en la Universidad de Valencia. La gente que lo alaba, reconoce que ha llevado al país al progreso y a una situación muy relevante dentro del tablero geopolítico.

Sus detractores, afirman que ha frustrado las esperanzas de paz con los palestinos, ha destrozado la sociedad atacando a las minorías árabes y a los opositores de la izquierda, y ha manchado la política israelí con corrupción.

Sin embargo, el longevo mandato de Bibi podría estar cerca de llegar a su fin. Tras casi cinco meses de crisis política, el futuro Gobierno de Israel parece estar tomando forma, en vísperas a las próximas elecciones del 17 de septiembre -los segundos comicios celebrados en el país en el mismo año, por el fracaso de Netanyahu de conformar una coalición y renovar su mandato.

"Se trata de una situación atípica en Israel, es la primera vez en su historia que celebran dos elecciones en un año", explica Bañón.

Elecciones de última hora

Netanyahu ha intensificado sus esfuerzos en los últimos días para volver a conquistar a los votantes de extrema derecha, a medida que la campaña electoral llegaba a su fin.

La semana pasada anunció su intención de anexionarse el Valle del Jordán en la Cisjordania ocupada si ganaba las elecciones, un plan que, según la Unión Europea, sería "ilegal según el Derecho internacional".

El domingo, su Gobierno en funciones incluso se reunió en el Valle del Jordán, un lugar donde rara vez se celebran sesiones del gabinete israelí. El traslado del Ejecutivo fue considerado en Israel como otro intento de Netanyahu de conseguir el apoyo de pequeños partidos ultranacionalistas a su partido de derecha Likud.

También ha intentado captar la imaginación del público con la publicación de un vídeo electoral, casi cómico, en el que interpreta a un salvavidas en una playa israelí, protegiendo a los ciudadanos de las amenazas a las que se enfrentan y burlándose de sus enemigos políticos.

Quién es Avigdor Lieberman, la llave del Knéset

Si hay algo en lo que están de acuerdo los expertos, es en que la llave del Gobierno israelí está en manos de Avigdor Lieberman, actual ministro de Defensa y líder del partido conservador, laico y ultranacionalista, Yisrael Beytenu. "Lieberman dirigirá las dinámicas de coalición y tendrá un peso determinante", explica Bañón.

Según las encuestas recientes, Likud, el partido de Netanyahu, todavía es el ganador y obtendría entre 38-41% de los votos, aunque los resultados apuntan a un empate técnico con la coalición Azul y Blanco (Kahol Laván), formada por los partidos Hosen L'Israel (centro), Yesh Atid (centro) y Télem (derecha) encabezada por Benny Gantz, quién fue jefe del Estado Mayor entre 2011 y 2015.

Ante este ajustado escenario, los votos al partido Lieberman son decisivos y parece que este ya ha elegido a quién va a dar las llaves del Knéset.

El ultranacionalista y rusoparlante Lieberman se ha reinventado a sí mismo como baluarte del Israel laico contra la comunidad ultraortodoxa y puede que esté decidido a darle el golpe de gracia a su antiguo aliado, Bibi.

REUTERS/Ronen Zvulun
Avigdor LiebermanREUTERS/Ronen Zvulun

El sistema electoral israelí permite que los partidos que puedan cederse entre sí los "votos excedentes", es decir, un número de votos insuficiente para obtener un escaño más, pero que podrían ser de utilidad para otra formación política.

Lieberman firmó un acuerdo de reparto de votos con Benny Gantz. Según la ley, los votos van al partido más cercano a ganar el siguiente escaño.

Likud no tardó en pronunciarse sobre el acuerdo que podría apartarles del Gobierno: "Se ha descubierto el pastel", dijo un comunicado del partido. "Lieberman ha firmado un acuerdo de voto excedente con Lapid y Gantz, después de declarar abiertamente que los apoyaría en caso de que consiguieran el cargo", añadió.

Por su parte, Lieberman ha declarado que es una "simple cuestión técnica" y que "no pensaban arriesgarse a perder un asiento en el Knéset". Aunque en la práctica, el acuerdo es un pasó más en una posible coalición con Kahol Lavan tras las elecciones.

La influencia de la religión en la vida política

La religión es endémica al estado de Israel y ha sido fundamental dentro de la ideología y las acciones políticas de Benjamin Netanyahu. Uno de los asuntos que causó el bloqueo del primer ministro para volver a formar Gobierno fue el empeño de Lieberman en aprobar una nueva legislación que obligaría a los jóvenes ultraortodoxos a realizar el servicio militar, de la misma forma que el resto de la población.

"No tengo nada en contra de la comunidad ultraortodoxa, y creo que deberían integrarse", dijo Lieberman después de que se convocaran la nuevas elecciones. Sin embargo, añadió: "No se puede tener un gobierno dictado por un solo grupo".

Los judíos ortodoxos gozan de multitud de privilegios en el estado de Israel. Los hombres están exentos de la obligación de servir en el ejército 32 meses y, en el caso de las mujeres 18.

Según la periodista Lola Bañón, el servicio militar es un periodo "vital" para los israelíes. "Es largo y sacrificado, no siempre llevado con facilidad, ya que supone toda una ruptura en su vida", explica.

Además, los ultraortodoxos, con una alta tasa de natalidad y familias numerosas, son el segmento de más rápido crecimiento en Israel.

REUTERS/Ronen Zvulun
Judíos ultra ortodoxos.REUTERS/Ronen Zvulun

"Es una población que no produce y vive de ayudas sociales…Tienen mucho gasto social y apenas pagan impuestos. Son un grupo social con privilegios exacerbados", explica Lola Bañón.

Los economistas advierten que si no se les controla se convertirán en una carga para la economía de Israel, con una fuerza laboral no preparada para los desafíos del mundo moderno. Constituyen el 7% de los adultos del país, pero sus bisnietos serán aproximadamente la mitad de todos los niños israelíes en dos generaciones.

En estas elecciones, la laicidad del estado vuelve a estar sobre la mesa y la entrada en el Gobierno de un líder como Avigdor Lieberman podría significar una mayor secularización del estado.

Pero para Tal Schneider, periodista en el periódico Globes Business, esta situación todavía queda muy alejada. "El proceso de negociaciones y su contenido, incluso con respecto a la agenda del Estado y la religión, aún está por verse. Aunque Netanyahu sea incapaz de formar un gobierno, parece que otros partidos aspirarán a incluir partidos ultraortodoxos y con ello el objetivo de un gobierno más laico probablemente no se alcanzará", añade.

Corrupción: la espada de Damocles sobre Netanyahu

Para Gideon Levy, periodista de Haaretz, ni el deseo de la sociedad israelí de una mayor secularización del Estado, ni la creciente influencia de Lieberman, están siendo los motores principales de la campaña contra Netanyahu. A su juicio, todos los ataques de sus rivales giran en torno a la corrupción.

Netanyahu se dirige a las urnas con el peso de tres cargos por soborno, fraude y abuso de confianza.

En octubre, se enfrenta a una audiencia con el fiscal general de Israel, quien ha formulado la acusación. Si se presentan cargos formales, podría verse obligado a retirarse, gane o pierda las elecciones.

El mandatario israelí se considera víctima de una “caza de brujas” orquestada por sus rivales para ponerle contra las cuerdas.

Pero su popularidad ha resistido bien estos embistes. “Ha conseguido crear esta imagen de que es imprescindible, que no puede ser sustituido”, señala Levy.

Para este periodista israelí, que la corrupción esté dominando la campaña electoral está eclipsando el verdadero problema político del país: el conflicto con Palestina.

REUTERS/Mohamad TorokmanREUTERS/Mohamad Torokman

Palestina, olvidada en el discurso electoral

“Ni Gaza, ni la ocupación, están influenciando las elecciones”, lamenta Levy. “Es increíble, la sociedad vive en negación. Nadie habla en absoluto de la ocupación, de Gaza solo se habla si hay lanzamientos (de misiles), pero nadie habla de las raíces del problema: el bloqueo de Gaza”.

Las pasadas elecciones en abril estuvieron marcadas por el intercambio de ofensivas entre Israel y Gaza. Levy dice que el conflicto se convertirá en argumento electoral solo si se produce una nueva escalada de tensión.

A diferencia de los comicios anteriores, los partidos árabes han decidido presentarse en una única lista conjunta pero Omar Shaban, director del gabinete estratégico Palthink for Strategic Sudies en Gaza, no cree que esto vaya a mejorar ni los índices de participación de los ciudadanos árabes-israelíes, apáticos y enfadados con el sistema, ni su representación en el Knéset, que cree que quedará por debajo del 11%.

El presidente de Estados Unidos ha anunciado que presentará su plan de paz después de las elecciones en Israel. Netanyahu ha usado su buena relación con el magnate estadounidense como artillería en las elecciones, pero los expertos no creen que su derrota vaya cambiar el apoyo del país norteamericano.

Donald Trump ha trasladado la embajada estadounidense a Jerusalén, pero Levy recuerda que Barack Obama, “el presidente estadounidense más liberal”, entregó más dinero que ningún otro mandatario al Estado israelí. En 2014, Obama mandó 225 millones de dólares de ayuda en armamento.

“La relación de Israel con Estados Unidos está por encima de los líderes”, asegura la periodista Bañón. “Es de las más sólidas de la política mundial, es una relación estratégica inquebrantable”.

Mientras sus oportunidades electorales están en vilo, puede que Bibi se esté quedando sin argumentos para defender que es irremplazable.