Cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció por unanimidad el estatus de neutralidad permanente de Turkmenistán en diciembre de 1995, pocos podrían haber predicho hasta qué punto este principio llegaría a ser central para la identidad del país. Treinta años después, Turkmenistán celebra un enfoque político que no solo ha dado forma a su política exterior sino que también ha influido en su papel en una región a menudo marcada por alianzas cambiantes y tensiones históricas.
Para Turkmenistán, la neutralidad nunca se ha limitado a ser una etiqueta jurídica. Se convirtió en una piedra angular de su condición de Estado: una promesa de mantenerse alejado de los bloques militares, evitar la interferencia en los asuntos internos de otros países y defender la diplomacia por encima de la confrontación. En los años transcurridos desde entonces, el gobierno ha trabajado para presentar la neutralidad como una fuerza estabilizadora y una plataforma para la cooperación, argumentando que la independencia del país frente a las rivalidades geopolíticas le permite facilitar el diálogo en lugar de la división.
Una política con raíces profundas
La decisión de adoptar una neutralidad permanente se formalizó no solo a escala internacional, sino también en el propio país. Turkmenistán incorporó este principio a su legislación nacional, elevándolo a una filosofía rectora de su desarrollo político, económico y social. En las décadas transcurridas desde entonces, esta postura se ha reafirmado en repetidas ocasiones, incluso en la resolución más reciente de la Asamblea General de la ONU, adoptada por consenso en marzo de 2025.
Los partidarios del enfoque de Turkmenistán a menudo señalan los primeros esfuerzos diplomáticos —como la celebración de conversaciones de paz mediadas por la ONU durante la guerra civil de Tayikistán— como prueba de que la neutralidad tenía la intención de ser activa, no pasiva. La creación del Centro Regional de las Naciones Unidas para la Diplomacia Preventiva en Asjabat consolidó aún más la imagen del país como sede de diálogo en Asia Central.
Neutralidad en la práctica: construir vínculos y no líneas divisorias
Aunque la neutralidad puede parecer un concepto abstracto, Turkmenistán ha trabajado para dotarla de una dimensión económica y práctica. En los últimos treinta años, el país se ha presentado cada vez más como un puente, ya sea entre Asia y Europa, entre Estados productores y mercados consumidores, o entre regiones que afrontan desafíos medioambientales comunes.
Los corredores de transporte que cruzan Turkmenistán se han expandido constantemente, desde enlaces ferroviarios hasta desarrollos portuarios en el mar Caspio. Nuevos centros logísticos están transformando el movimiento de mercancías entre Asia Central, el Cáucaso Meridional y Oriente Medio. Los proyectos energéticos —en particular en el ámbito del gas natural— también se han enmarcado dentro de esta conectividad, con Turkmenistán posicionándose como un socio fiable que acoge la cooperación en condiciones de igualdad.
Este enfoque es visible en áreas más allá de las infraestructuras. Las preocupaciones ecológicas, en particular la seguridad hídrica en una región cada vez más vulnerable al estrés climático, se han convertido en un foco de atención diplomática. Turkmenistán ha acogido conferencias medioambientales y ha promovido la cooperación transfronteriza, defendiendo que la neutralidad contribuye a crear el clima de confianza necesario para abordar cuestiones delicadas.
Un año de celebración y reflexión
Ahora que está en marcha el 30.º aniversario, las celebraciones se extienden mucho más allá de Asjabat. Se han celebrado exposiciones culturales, foros académicos y conferencias, así como recepciones diplomáticas, en distintas partes del mundo, lo que refleja el amplio interés internacional en la postura neutral de Turkmenistán y sus implicaciones para la cooperación regional y mundial.
Dentro de Turkmenistán, las conmemoraciones han adquirido una marcada dimensión social. Universidades y organizaciones juveniles han organizado debates para explorar qué significa la neutralidad para el futuro del país. Para muchos jóvenes, la neutralidad no es una decisión política lejana, sino algo que forma parte de su educación e identidad nacionales: una característica definitoria de cómo Turkmenistán se presenta al mundo.
El hecho de que el aniversario coincida con el Año Internacional de la Paz y la Confianza —una iniciativa de la ONU propuesta inicialmente por Turkmenistán— ha otorgado una resonancia adicional a las celebraciones. Los responsables políticos han subrayado que la neutralidad del país no está anclada en el pasado sino que continúa evolucionando, adaptándose a nuevos desafíos y oportunidades globales.
Mirando hacia adelante: la neutralidad como estrategia de futuro
Mientras Turkmenistán conmemora tres décadas de su doctrina fundamental de política exterior, surge inevitablemente la pregunta: ¿qué viene después? El mensaje oficial de Asjabat es claro: la neutralidad sigue siendo un factor central en la visión del país para moverse por un mundo cada vez más incierto.
Las declaraciones del Gobierno de este año destacan "nuevas iniciativas destinadas a fortalecer la paz, la confianza y la cooperación". Aunque los detalles aún están tomando forma, el énfasis parece estar puesto en reforzar el aspecto económico de la neutralidad: mejorar la conectividad del transporte, alentar la innovación y ampliar el papel de Turkmenistán en la diplomacia regional.
En un mundo dividido por la rivalidad geopolítica y la incertidumbre, Turkmenistán se esfuerza por presentar su neutralidad no como una falta de convergencia, sino como un modelo de compromiso constructivo. Sus defensores sostienen que, al evitar verse atrapado en alianzas contrapuestas, el país puede ofrecer un espacio poco común para el diálogo en una región donde las tensiones pueden estallar con facilidad. Los detractores, mientras tanto, argumentan que la neutralidad también requiere apertura y transparencia para seguir siendo creíble en el escenario global.
Lo que está claro es que el aniversario ha dado a Turkmenistán la oportunidad de reafirmar su mensaje de larga data: que la neutralidad, lejos de ser una postura pasiva, puede servir como marco para asociaciones, conectividad y cooperación pacífica.
De cara a los próximos 30 años, el país concibe la neutralidad no simplemente como una decisión tomada en 1995, sino como un compromiso nacional a largo plazo: una brújula que guía a Turkmenistán a través de las complejidades del mundo moderno.