La inteligencia artificial se ha convertido en un aliado de los equipos de emergencia. Agencias espaciales, empresas tecnológicas y organismos internacionales utilizan imágenes de satélite y modelos de IA para localizar las zonas más afectadas por el terremoto.
Mientras los equipos de rescate continúan buscando supervivientes entre los escombros del doble terremoto que sacudió Venezuela, otra carrera se libra desde el espacio. Agencias espaciales, empresas tecnológicas y organismos internacionales han activado una red de inteligencia artificial y análisis geoespacial para identificar, en cuestión de horas, las zonas con mayor probabilidad de destrucción y ayudar a dirigir los recursos de emergencia allí donde más se necesitan.
Uno de los protagonistas es la NASA, que ha puesto en marcha su programa de respuesta a desastres junto a investigadores de la Universidad Estatal de Oregón. Su misión consiste en analizar imágenes de radar tomadas antes y después del seísmo para detectar cambios bruscos en el terreno y en las edificaciones. Gracias a este sistema, los científicos han estimado que cerca de 59.000 edificios podrían haber sufrido daños o haber quedado destruidos, una cifra preliminar que sirve para orientar las primeras labores de rescate.
Sin embargo, esas imágenes no serían posibles sin el programa europeo Copernicus. Los satélites Sentinel-1, gestionados por la Unión Europea y la Agencia Espacial Europea, proporcionan las imágenes de radar de alta resolución que permiten medir desplazamientos del terreno de apenas unos centímetros y detectar edificios que han cambiado de forma tras el terremoto. Esa información es la materia prima sobre la que trabajan los algoritmos de inteligencia artificial.
A ese esfuerzo se suma Microsoft, a través de su laboratorio AI for Good. La compañía ha desarrollado modelos de visión artificial capaces de analizar automáticamente miles de imágenes de satélite para clasificar edificios según la probabilidad de que hayan sufrido daños. En lugar de sustituir a los equipos sobre el terreno, estos modelos permiten establecer prioridades y señalar qué barrios conviene inspeccionar primero.
Toda esa información acaba llegando a quienes la necesitan gracias al Centro de Datos Humanitarios de Naciones Unidas (HDX), la plataforma donde Microsoft publica sus mapas de daños para que gobiernos, ONG y equipos de rescate puedan consultarlos casi en tiempo real. De esta forma, distintas organizaciones trabajan sobre una misma base de datos y coordinan mejor la respuesta humanitaria.
Los expertos insisten en que ninguna de estas herramientas reemplaza la inspección sobre el terreno. Los mapas generados por inteligencia artificial ofrecen estimaciones probabilísticas, no un diagnóstico definitivo. Pero cuando miles de edificios pueden haber resultado afectados y cada hora cuenta para localizar supervivientes, disponer de una radiografía casi inmediata de la catástrofe puede marcar la diferencia entre llegar a tiempo o demasiado tarde.