La obesidad y el sobrepeso suponen cada año miles de millones de euros para las economías europeas, un coste similar al gasto en vivienda o defensa, según un informe de la industria farmacéutica.
Más allá del impacto sobre la salud, la obesidad y un índice de masa corporal (IMC) elevado suponen una carga creciente para las economías europeas, que cuesta miles de millones de euros al año en forma de costes directos e indirectos, según un nuevo informe de la industria farmacéutica.
El coste anual total equivale a entre el 0,7% y el 1,4% del PIB nacional en Alemania, Francia, Italia, España, Irlanda, Grecia, Rumanía y el Reino Unido, los países analizados en el estudio (fuente en inglés) realizado por la Office of Health Economics (OHE) para el grupo farmacéutico EFPIA.
"Abordar la obesidad es esencial para proteger la salud y el bienestar de la ciudadanía, salvaguardar nuestros sistemas sanitarios europeos y garantizar un crecimiento sostenible en Europa", señaló Nathalie Moll, directora general de la Federación Europea de la Industria Farmacéutica (EFPIA), que financió el informe.
En 2024, el 26% de las personas adultas en Europa vivían con obesidad, definida como un índice de masa corporal de 30 o más, y otro 30% vivía con sobrepeso, una situación que se prevé que empeore. Se estima que en 2035 la mitad de la población adulta mundial vivirá con sobrepeso u obesidad.
En Europa, la prevalencia del sobrepeso y la obesidad en adultos ha aumentado un 22%, mientras que la obesidad por sí sola ha crecido más de un 75% respecto a los niveles de 1990.
¿Cuánto dinero están gastando los países?
Tanto la obesidad como el sobrepeso tienen un coste elevado en toda Europa. En comparación con otras grandes partidas de gasto público, el informe concluye que la carga económica de un IMC elevado, en proporción al PIB, es similar a lo que algunos países destinan a vivienda y defensa.
La carga económica anual estimada oscila entre 2.500 millones de euros en Rumanía y 55.200 millones en Alemania. El coste económico total anual alcanza los 43.200 millones de euros en el Reino Unido, mientras que España, Italia y Francia registran cada una unos 20.000 millones.
Como porcentaje del PIB, los costes atribuibles a un IMC elevado van del 0,7% en Rumanía al 1,4% en Grecia y el Reino Unido.
En Alemania (1,3%), España (1,2%) e Irlanda (1,1%), la parte de la economía nacional atribuible a un IMC elevado supera el gasto en defensa de esos países.
Ello se traduce en unos costes per cápita que van desde 131€ por residente en Rumanía hasta 662€ por residente en Alemania.
Una combinación de costes directos e indirectos
La obesidad y el sobrepeso están asociados a 278.000 muertes y a la pérdida de ocho millones de años de vida saludable solo en los ocho países analizados en el estudio.
Además de ser un problema de salud en sí mismo, la obesidad es también un factor de riesgo para enfermedades no transmisibles, entre ellas la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares, la enfermedad del hígado graso, los cánceres, los trastornos neurológicos, las enfermedades respiratorias crónicas y los trastornos digestivos.
Los costes derivados de estas afecciones, conocidos como "costes directos", ascendieron a 100.400 millones de euros, siendo Alemania el país con mayor peso, con 30.000 millones.
Sin embargo, el informe detecta una parte adicional considerable de costes vinculados de forma indirecta a estas afecciones, los llamados "costes indirectos". Incluyen las pérdidas debidas al absentismo laboral, la inactividad económica, los cuidados informales y la mortalidad prematura.
¿Qué se puede hacer?
Las conclusiones del informe indican que los enfoques históricos de prevención y manejo "no han tenido el impacto deseado".
"Es necesario un cambio urgente en la percepción, la prevención, el diagnóstico y el tratamiento para mejorar los resultados, reducir la carga de costes sobre los servicios de salud, impulsar la productividad económica y la resiliencia social", afirmó Moll.
El informe plantea recomendaciones para hacer frente a los retos sanitarios y económicos asociados a la obesidad y a un IMC elevado, que van desde reconocer la obesidad como una enfermedad y no solo como un factor de riesgo hasta mejorar el acceso a la prevención y al tratamiento.