El oscarizado director Alejandro González Iñárritu se une a Tom Cruise en 'Digger', una de las películas más audaces y desquiciadas de 2026, que podría convertirse también en uno de los grandes fiascos del año.
Nota: crítica sin spoilers.
El hambre de poder de un magnate narcisista y su tendencia a manipular el relato público en beneficio propio amenazan con desencadenar un desastre global.
Si buscas evasión, 'Digger' quizá no sea la opción adecuada. Y no es el único motivo por el que conviene mantenerse a distancia.
Digger Rockwell (Tom Cruise) es un envejecido magnate del petróleo cuyo gato de 38 años está a punto de morir. Pero la pobre Maggie, a la que le quedan entre "dos semanas y cinco minutos" de vida, tendrá que esperar, porque las perforaciones temerarias de su dueño en Groenlandia han desatado el caos del metano. El resultado es una explosión enorme y que un fragmento de glaciar ártico se desprenda y quede a la deriva. Enseguida bautizan al glaciar como Judy. Es cinco veces más grande que Washington D.C. y se dirige directamente a Europa.
"Vamos a volar a esa puta helada", sugiere un general al presidente Compton (John Goodman). Pero la reacción típica estadounidense, atacar primero y preguntar después, no sirve con Judy.
"Estamos frente a la realidad de la naturaleza", explica el principal científico ambiental de Digger, el doctor Ganesh (Riz Ahmed, MVP de 'Digger' y que parece haber salido directamente de un rodaje de Wes Anderson).
Negándose a aceptar que el destino del mundo (medido, por supuesto, más en términos de destrucción de infraestructuras y pérdidas económicas que de vidas humanas) pueda depender del viento y de las corrientes oceánicas, el presidente Compton decide que ese "gran pepino de problema" es cosa de 'Digger', que tiene que evitar el Armagedón. Y, con suerte, salvar a Maggie.
Alejandro González Iñárritu ('Birdman', 'The Revenant', 'Bardo'), cineasta polémico de por sí, firma a la vez la película más audaz de 2026 y el patinazo más estrafalario del año. Digger es sin duda su filme más pretencioso hasta la fecha y le permite desplegar su incuestionable talento para la puesta en escena al servicio de una sátira ecologista con 'Dr. Strangelove' en la cabeza.
Arranca de forma prometedora, como una farsa exacerbada que se burla de la geopolítica y la gestión de crisis estadounidenses agresivas, de la administración Trump (los negocios por encima de todo, y el hecho de que la amenaza provenga del enésimo injerencismo estadounidense en Groenlandia no podría ser más oportuno) y de cómo ciertos estadounidenses engreídos ven Europa ("esos niñatos que mean sentados"). Es todo muy grueso, pero siempre resulta entretenido... Y justo cuando todo parece demasiado agotador y caricaturesco, llega el giro metatextual para poner fin a todos los giros metatextuales.
No se le puede negar audacia ni la promesa que encierra, ya que la revelación, que aquí no desvelaremos, no solo explica las interpretaciones caricaturescas y en gran medida unidimensionales de Cruise, Goodman y Sandra Hüller (relegada a encarnar a la medio hermana de Digger, Emma, como alguien que entra en las habitaciones y grita), sino que remite a la 'Birdman' ganadora del Oscar. El director se lanza de nuevo al posmodernismo en estado puro y prepara el terreno para que 'Digger' se convierta en una sátira sobre el propio concepto de sátira. Más concretamente, sobre la importancia de ridiculizar las calamidades del pasado, en una especie de máxima a lo Twain de que "tragedia más tiempo equivale a comedia".
Aunque en un principio promete, lamentablemente no llega a ninguna parte: el guion de Iñárritu, Alexander Dinelaris, Nicolás Giacobone y Sabina Berman nunca alcanza el núcleo de la crítica social, la distracción, la catarsis y, sí, la posible reescritura del relato que el género puede ofrecer. Además, el texto carece de los suficientes momentos cómicos para apuntalar sus ambiciones corrosivas y nunca, perdón por el juego de palabras, excava lo bastante como para atrapar, confiando más bien en los esfuerzos desbordados de Cruise por entretener.
En su favor hay que decir que Cruise se entrega por completo: se enfunda una tripa postiza, luce un peinado de cortinilla espantoso y adopta una dicción digna de 'Foghorn Leghorn'. Sin embargo, esta no será la película que le consiga ese Oscar al mejor actor que se le ha escapado durante tanto tiempo, como apunta el artículo que ha se le ha escapado durante tanto tiempo, ya que sus interpretaciones en 'Digger' son desbordadas pero poco gratificantes.
Es una pena, porque Cruise ha demostrado una y otra vez que es mucho más que Ethan Hunt, el protagonista de 'Mission: Impossible'; sin embargo, confunde el exceso pantomímico y de papada con la interpretación "seria", y la propia película, tan divisiva (¿deliberadamente?), puede acabar disuadiendo a los votantes de la Academia de otorgarle una cuarta nominación como intérprete, después de 'Born on the Fourth of July, Jerry Maguire y Magnolia'. En cuanto a Iñárritu, tampoco parece que vaya a añadir un tercer Oscar a la mejor dirección a su estantería, tras ganar dos premios consecutivos, 'Birdman' (2015) y 'The Revenant' (2016), ya que 'Digger' se percibe como una obra demasiado moralista para su propio bien.
Claro que, ¿cuándo ha frenado eso a la Academia?
Aun así, si prevalece la razón, las opciones de 'Digger' en la temporada de premios se apoyan en la impresionante fotografía de Emmanuel Lubezki y el impecable diseño de producción de Dennis Gassner. Ambos elementos salvan los muebles.
Es difícil escribir mucho más sobre 'Digger' sin arruinar la arriesgada pero equivocada jugada de Iñárritu, pero basta decir que, cuando le quita el suelo bajo los pies al público, lo deja ante un despropósito hinchado que resulta a la vez hueco y torpe, por la forma en que proclama todo en voz alta mediante discursos didácticos.
Sigue siendo, eso sí, singularmente fascinante en la medida en que tiene buenas intenciones como comentario sobre la complicidad, sabe adónde quiere llegar mientras rompe todas las cuartas paredes que encuentra y entiende lo que pretende decir como relato aleccionador; simplemente no consigue librarse de su propio tono de regañina. Un personaje (de nuevo, sin revelar nada), interpretado por Jesse Plemons, pronuncia hacia el final de 'Digger' un monólogo que podría haberse dicho directamente a cámara, y que viene a decir al público que, si todo esto parece demasiado obvio, es adrede, y que, si no estamos maravillados con lo que acabamos de presenciar, es porque no lo estamos entendiendo.
Lo único que hay que entender es que los grandes conceptos siempre merecen aplauso. Pero cuando desembocan en fuegos de artificio vacíos que hacen que 'Don’t Look Up', de Adam McKay, parezca una clase magistral de sutileza alegórica, la osadía conceptual termina pareciendo puro ensimismamiento. Lo más probable es que no te entusiasme.
Digger ya se ha estrenado en cines.