Desde la desalinización en los EAU hasta la modernización de los sistemas de riego en Uzbekistán, los países con estrés hídrico buscan asegurar el suministro y reducir las pérdidas.
Aproximadamente la mitad de la población mundial sufre una grave escasez de agua al menos durante parte del año, según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU, una cifra que se espera que aumente a medida que el cambio climático, el crecimiento de la población y la creciente demanda ejerzan más presión.
Las presiones varían según la región. En Emiratos Árabes Unidos, donde las precipitaciones son escasas y no hay ríos permanentes, la mayor parte del agua potable procede de la desalinización del agua de mar. En Uzbekistán, la agricultura depende de redes de riego que trasladan agua a través de paisajes secos. Ambos países recurren a la tecnología y a las infraestructuras para estirar aún más unos recursos limitados.
Garantizar el agua en un clima árido
En Emiratos Árabes Unidos, las escasas lluvias y la ausencia de ríos permanentes han marcado desde hace tiempo cómo las comunidades obtienen y usan el agua.
Los esfuerzos por gestionar unos recursos escasos se remontan varios siglos atrás, mucho antes de la desalinización moderna. Los sistemas de riego tradicionales falaj canalizaban el agua a través de los asentamientos y las zonas agrícolas, lo que permitía a las comunidades mantener sus economías locales.
Abdulla Balalaa, viceministro de Asuntos Exteriores de Emiratos Árabes Unidos para Energía y Sostenibilidad, señaló que estos sistemas se diseñaron hace más de 1.000 años.
En la actualidad, gran parte del agua potable del país procede de la desalinización. Balalaa afirmó que Emiratos Árabes Unidos ha logrado el acceso universal al agua y que también está aplicando tecnologías más recientes, incluida la inteligencia artificial, al sector.
A medida que crecen las poblaciones y las ciudades, limitar el consumo de agua y reutilizar los recursos existentes cobra cada vez más importancia.
Pocos lugares ilustran ese principio de forma tan clara como la Estación Espacial Internacional.
El astronauta emiratí, el doctor Sultan Al Neyadi, pasó seis meses a bordo de la estación, donde el agua se necesita para beber, la higiene, la preparación de alimentos y la producción de oxígeno.
"Cada gota a bordo de la Estación Espacial Internacional está controlada", dijo Al Neyadi. "Reciclamos aproximadamente el 95% de nuestra agua".
El agua pasa por varias etapas de filtrado antes de volver a utilizarse, lo que ofrece un ejemplo de cómo un recurso limitado puede recuperarse una y otra vez en lugar de desecharse cuando no hay otras opciones.
Emiratos Árabes Unidos también quiere situar el agua en un lugar más destacado de la agenda internacional. Coorganizará junto con Senegal la Conferencia de la ONU sobre el Agua de 2026 en Abu Dabi, del 8 al 10 de diciembre. El encuentro reunirá a gobiernos, organizaciones internacionales, empresas y otros actores, y abordará, entre otros aspectos, la inversión, la tecnología y la innovación.
Balalaa señaló que las soluciones variarán de un lugar a otro. La tecnología y la innovación pueden ayudar a salvar esas brechas, añadió, junto con la financiación y la cooperación necesarias para convertir las ideas en proyectos en marcha.
En Uzbekistán, las presiones son diferentes. Gran parte de la agricultura del país depende de trasladar el agua a largas distancias, limitando las pérdidas por el camino y garantizando que llegue a las tierras de cultivo cuando se necesita.
Llevar el agua a las explotaciones agrícolas de Uzbekistán
Canales, embalses y estaciones de bombeo trasladan el agua a través de los paisajes secos de Uzbekistán. En algunas zonas, la escasez tiene que ver también con que el agua disponible llegue o no a las tierras agrícolas en el momento oportuno.
En el valle de Ferganá, un proyecto respaldado por el Banco Mundial, puesto en marcha en 2017, ha modernizado las infraestructuras de riego.
En uno de los emplazamientos, el agua de manantiales locales se recoge y se bombea unos nueve kilómetros hasta zonas donde el acceso ha sido históricamente difícil. Se espera que la estación de bombeo y la tubería mejoren el riego de unas 9.740 hectáreas de tierras de cultivo.
Un riego más fiable también ha permitido cultivar tierras que antes eran difíciles de explotar.
En un huerto del valle se utiliza riego por goteo para llevar agua a los melocotoneros plantados en 2024. La explotación cosechó alrededor de 200 toneladas de fruta al año siguiente.
Trasladar agua a través del desierto
Más al oeste, el agua del Amu Daria se bombea a través del desierto por el canal mecánico Amu-Bujará. La red más amplia riega más de 350.000 hectáreas en las regiones de Bujará y Navoi y suministra agua potable a Bujará y Kogon.
La nueva estación de bombeo Amu-Bujará-1 sustituyó a infraestructuras más antiguas dentro de un amplio esfuerzo de modernización. Su sistema de control digital registra el uso de agua y electricidad, y los nuevos equipos han reducido el consumo de energía hasta en un 15%.
Trasladar agua a largas distancias es solo una parte del proceso; evitar que desaparezca antes de llegar a las explotaciones es otra.
En algunas zonas de Bujará, las pérdidas de agua por filtraciones alcanzaban antes alrededor del 37%, según Sherzod Sharipov, representante del servicio regional de suministro de agua. Ahora se están revistiendo los canales con hormigón para reducir las pérdidas y proporcionar caudales más constantes a los agricultores.
El agricultor Hikmat Nazrullayev explicó que antes grandes cantidades de agua se perdían antes de llegar a los campos de trigo y algodón. Desde que se revistieron los canales, agregó, regar los cultivos se ha vuelto más sencillo.
El agua más allá de los campos
La red de riego también conecta la agricultura con el entorno más amplio.
Las aguas de drenaje y retorno de las tierras agrícolas alimentan Dengizkul, un humedal de importancia internacional en la región de Bujará y una zona clave de descanso e invernada para las aves migratorias.
La profesora de Ingeniería del Agua Malika Ikramova indicó que el lago recibe agua de las precipitaciones y de las aguas subterráneas, además del agua de drenaje que regresa desde los sistemas de riego. Sus aguas están muy mineralizadas, pero sostienen pesquerías y ofrecen hábitat a las aves migratorias.
A medida que aumenta la población y cambian las condiciones climáticas, Ikramova señaló que seguirá siendo esencial reducir las pérdidas, mejorar el control del agua y ampliar los sistemas de riego que ahorran agua.
"Vamos a tener que adaptarnos", dijo.
Desde la desalinización en el Golfo hasta los canales de riego en Asia Central, los métodos difieren considerablemente. Pero la tarea de fondo es similar: reducir las pérdidas y hacer que unos recursos hídricos limitados lleguen más lejos.