El colectivo estudiantil se moviliza contra la brecha educativa para exigir al Ejecutivo infraestructuras dignas, un reparto equitativo de recursos para los centros de zonas vulnerables y una reducción de la carga lectiva dentro de una reforma integral del sistema.
Tras una pausa durante el fin de semana, se espera que los estudiantes de secundaria en Francia vuelvan a las barricadas esta próxima semana, en un movimiento de protesta que está poniendo en aprietos al Gobierno del presidente Emmanuel Macron.
Una de las grandes incógnitas es si la violencia en los márgenes de las manifestaciones irá a más, difuminando la frontera entre protesta y disturbios, y si el Gobierno de Macron endurecerá aún más la ya contundente respuesta policial.
Según el ministro del Interior, los agentes realizaron más de 5.000 detenciones la semana pasada, el 85% de ellas de menores, en los enfrentamientos entre estudiantes y fuerzas de seguridad que dejaron cientos de heridos.
La prueba de fuego para la resistencia y el poder de convocatoria del movimiento llegará este martes, cuando el influyente sindicato CGT ha llamado también a los trabajadores a manifestarse. Las protestas estallaron en la región parisina a mediados de septiembre.
Profesores y alumnos se movilizaron contra la falta de personal en un liceo, un instituto de secundaria, en Créteil, en la periferia sureste de la capital francesa. A partir de ahí, las huelgas de clases, los bloqueos y las manifestaciones se extendieron a otros suburbios de París y después al resto del país, incluso a institutos de localidades más pequeñas.
Entre 400 y 500 centros han tenido que cerrar por daños o por ataques dirigidos contra el personal y se prevé que sigan cerrados a comienzos de esta semana, según el ministro de Educación. Más de 170 alumnos y 78 miembros del personal han resultado heridos, señaló.
Desde el inicio, los estudiantes se han centrado en las desigualdades que consideran existentes en el sistema educativo, y sostienen que la enseñanza, las instalaciones y las oportunidades de progresar no son tan buenas para los alumnos de los barrios desfavorecidos, pese a la promesa del lema nacional de Francia: "Libertad, igualdad, fraternidad".
Las primeras pancartas exhibidas por los manifestantes en Créteil llevaban lemas como "Demasiadas desigualdades, estamos hartos", "La educación es un derecho, no un privilegio" y "Perdón por molestar, es por nuestro futuro", según las fotos publicadas por Clémence Guetté, la diputada del distrito en la Asamblea Nacional.
"La ciudadanía tiene que saber que las condiciones de estudio ya no son las que fueron para nosotros", afirmó Sophie Bordy, profesora de literatura de 50 años en París. "Han empeorado de forma considerable".
Alumnos de otras zonas se quejan de que, durante las olas de calor del verano, se asan en aulas sin aire acondicionado y en invierno pasan frío. Los medios franceses han difundido vídeos de ratas correteando, techos derrumbados, goteras, mobiliario roto y otros problemas grabados en centros escolares deteriorados.
El gasto en educación es una de las partidas más costosas del presupuesto del Estado que el Gobierno de Macron propone para 2027. Ha reservado 65.500 millones de euros para la enseñanza, más que los 63.400 millones propuestos para defensa.
Los alumnos también se quejan de las largas jornadas. En los institutos, las clases suelen empezar a las 8:00 y pueden prolongarse hasta última hora de la tarde. Las horas lectivas obligatorias de los alumnos de secundaria franceses figuran entre las más altas de Europa, según datos de la Unión Europea (UE). "Veo más a los profesores que a mi familia", decía la pancarta de una joven captada por medios franceses.
Guetté, la diputada que publicó fotos de sus encuentros con los primeros manifestantes en Créteil, megáfono en mano, es una figura emergente del partido de extrema izquierda La France Insoumise. Otros diputados y cargos electos de La France Insoumise también se identificaron rápidamente con las protestas, se reunieron con los alumnos y respaldaron sus reivindicaciones.
El líder de La France Insoumise, Jean-Luc Mélenchon, instó a los miembros y simpatizantes del partido a proteger a los alumnos de la Policía, colocándose entre ambos. Mélenchon ha denunciado la actuación "salvaje" de los agentes, que han recurrido con profusión a los gases lacrimógenos y a las porras para dispersar a las multitudes.
Se sospecha que algunos proyectiles antidisturbios de la Policía están detrás de ciertas lesiones faciales sufridas por jóvenes manifestantes. Centenares de agentes también han resultado heridos, según el gabinete del ministro del Interior.
Los detractores de Mélenchon acusan a La France Insoumise de azuzar y manipular a los estudiantes para obtener rédito político. Mélenchon, un anticapitalista combativo, sostiene que su partido apoya el movimiento pero no lo organiza y quiere que siga siendo no violento. Mélenchon, de 75 años, se presenta por cuarta vez a las elecciones presidenciales francesas, previstas para 2027, y corteja al electorado joven.
Este tiende a votar menos que otros grupos de edad en las presidenciales, como ocurrió en 2022, pero podría ayudar a Mélenchon a clasificarse para la decisiva segunda vuelta de mayo, un objetivo que siempre se le ha escapado, si consigue movilizar a los jóvenes para que acudan a las urnas. "Lo que queremos es que la juventud de este país salga de este episodio con la cabeza alta, habiendo ganado algo y aprendido algo, y que lo recuerde cuando deposite su voto", afirmó Mélenchon este jueves.