Conocida por sus plumas y usada como ornamental desde hace décadas, su expansión amenaza la biodiversidad, encarece la gestión y prolonga la exposición al polen. Los expertos reclaman acciones urgentes.
Durante décadas, la hierba de las pampas se ha considerado sobre todo una planta ornamental. Las grandes plumas que produce la han convertido en una presencia habitual en los jardines y, más recientemente, también en arreglos decorativos dentro de casa.
Pero lo que para muchos sigue siendo una planta vistosa es, en Portugal, una especie exótica invasora con capacidad para expandirse rápidamente y con posibles consecuencias para la salud.
Conocida científicamente como Cortaderia selloana, esta planta invasora ya se ha identificado en al menos 208 municipios de Portugal continental, según un estudio realizado en 2025. No obstante, la cifra podría ser superior, dado que los mapas existentes dependen de los registros efectuados por la población sobre el terreno.
La expansión de la especie resulta especialmente visible en el litoral. La bióloga Hélia Marchante, profesora en la Escola Superior Agrária de la Universidad Politécnica de Coimbra y especialista en plantas invasoras, describe una evolución rápida en las últimas décadas. Zonas donde antes había ejemplares aislados se han ido transformando en áreas densamente ocupadas por la especie.
"Es una especie rapidísima en su dispersión", explica en declaraciones a 'Euronews'. A diferencia de otras invasoras que pueden beneficiarse de estímulos específicos, como los incendios, la planta cuenta con una ventaja especialmente eficaz: "Solo necesita el viento".
Una planta que ha aprendido a salir de los jardines
La historia de la invasión ayuda a explicar la dimensión actual del problema. Originaria de América del Sur, la cortaderia se introdujo en distintas partes del mundo como planta ornamental. Durante décadas, la presencia solo de plantas femeninas en los jardines habría limitado su capacidad de reproducción.
Según Hélia Marchante, la situación cambió a finales del siglo pasado cuando se introdujeron, "accidentalmente casi con toda seguridad", plantas hermafroditas, "donantes de polen". La fecundación de las plantas femeninas permitió entonces la producción de semillas en gran cantidad. "A partir de ahí solo necesita el viento, porque luego el viento lo hace todo", resume la investigadora.
El proceso se repite cada año. Durante la floración, las plantas que actúan como productoras de polen lo liberan a la atmósfera. En las plantas femeninas, tras la fecundación, cada flor puede originar una semilla. Las plumas acaban funcionando como una especie de sistema de transporte: miles de pequeñas semillas pueden ser arrastradas por el viento y colonizar nuevos lugares.
La dispersión, sin embargo, no depende solo de los fenómenos naturales. Las personas que transportan las plumas para utilizarlas como decoración, los vehículos, la ropa o los equipos también pueden contribuir de forma involuntaria a llevar semillas a otros lugares.
"Es el propio transporte de la planta el que tiene potencial de dispersión", alerta Hélia Marchante, que menciona también casos en los que las plumas se llevan al interior de las viviendas.
La hierba de las pampas ha dejado de ser solo una presencia ornamental en el paisaje. Es al mismo tiempo una especie invasora capaz de alterar los ecosistemas donde se instala. Cuando pasa de ejemplares aislados a grandes manchas, se vuelve lo suficientemente densa como para excluir a otras plantas, que dejan de poder sobrevivir en esas áreas.
El impacto se extiende también a la fauna, ya que las hojas cortantes y la elevada densidad de los poblamientos pueden dificultar el paso de los animales. Hay además efectos menos visibles. Según Hélia Marchante, algunos estudios demuestran que la especie puede incluso alterar los ciclos de los nutrientes y modificar el suelo y los microorganismos que viven en él.
El problema no termina en el medio ambiente
La dimensión ambiental de la invasión es solo una parte de la cuestión. La cortaderia tiene también consecuencias para la salud. Mário Morais de Almeida, médico inmunoalergólogo y presidente de la Organización Mundial de Alergia, explica que la hierba de las pampas pertenece a la familia de las gramíneas y, como tal, libera polen que puede provocar síntomas en personas sensibilizadas.
"De hecho, se confirma que, al ser una gramínea, va a lanzar a la atmósfera también, por efecto del viento, sus pólenes y va a poder provocar bastantes síntomas alérgicos". El problema adquiere una dimensión particular por la época del año en la que la cortaderia poliniza. Las gramíneas a las que los portugueses están más acostumbrados tienen una presencia importante en primavera y comienzos del verano. La cortaderia puede prolongar esa exposición hasta finales del verano y el otoño.
En personas con rinitis o conjuntivitis alérgica, la exposición puede traducirse en estornudos, picor, goteo nasal, congestión, ojos rojos y llorosos. En quienes padecen asma, la exposición puede contribuir a síntomas respiratorios y crisis aún más graves.
"Esta hierba, que realmente consigue emitir cantidades muy, muy grandes de polen, consigue hacerlo durante el verano, llegando hasta el otoño", explica Mário Morais de Almeida.
El médico subraya, sin embargo, que actualmente no existe evidencia epidemiológica específica que permita atribuir a la hierba de las pampas un número determinado de casos de alergia en Portugal. Lo que sí hay es conocimiento sobre las alergias a las gramíneas, experiencia clínica y pruebas de la capacidad alergénica del polen de la especie.
"En este momento no tenemos evidencia que tenga que ver con la hierba de las pampas", aclara, aunque añade que existe la percepción de que las quejas alérgicas se están prolongando. La asociación entre el cambio climático, los distintos tipos de polen y otros agentes presentes en la atmósfera hace, según el especialista, que el panorama sea más complejo.
La dispersión por el viento hace que el impacto no quede necesariamente limitado a las proximidades de la planta. Hélia Marchante explica que las semillas pueden recorrer varios kilómetros, sobre todo en condiciones de viento fuerte, mientras que el polen también puede ser transportado a grandes distancias.
Existe además una cuestión adicional: las personas pueden contribuir de forma involuntaria al transporte del polen. "Recogen las plumas porque son muy bonitas, las pintan, se las llevan a casa", relata la bióloga. Además de favorecer la dispersión de las semillas, ese comportamiento puede transportar material potencialmente alergénico al interior de las viviendas.
Por ello, Mário Morais de Almeida deja un consejo particularmente importante: no llevar las plumas a casa y evitar manipular la planta. Además de su potencial alergénico, las propias hojas son lo bastante cortantes como para provocar heridas. "El aspecto agradable que la propia planta puede tener, no debe hacer olvidar los riesgos asociados a su exposición", insiste el médico.
El peligro de dejar pasar un año más
Para Hélia Marchante, una de las mayores dificultades está precisamente en el tiempo. Cuanto más crece una planta y más semillas produce, mayor es la probabilidad de que surjan nuevos individuos en las proximidades y de que el área invadida aumente.
"Cada una que se queda sola en una zona más aislada es una más que da miles de semillas que van a germinar y que van a dar nuevas plantas el próximo año", explica, y reitera que "el hecho de no actuar ahora quiere decir que el año que viene va a ser muchísimo más difícil, muchísimo más caro y muchísimo peor para intervenir".
La estrategia no pasa necesariamente por intentar eliminar de una sola vez todas las grandes manchas ya instaladas. La bióloga defiende la identificación y eliminación prioritaria de los individuos aislados y de pequeños núcleos que se encuentren en los márgenes de las áreas actualmente ocupadas. El objetivo es impedir que esos focos actúen como nuevos puntos de partida para la invasión de otras zonas del territorio.
En algunas de las zonas donde la especie lleva más tiempo instalada, la erradicación completa será mucho más difícil, si no prácticamente imposible, considera la especialista. La alternativa pasa entonces por el control y por una intervención continuada. "Ahora, lo que yo creo es que tenemos un margen enorme de trabajo, como son los muchos puntos com núcleos de individuos solos", afirma.
El momento de la intervención es igualmente importante. Retirar solo las plumas después de que las semillas se hayan liberado puede traducirse en trabajo que no impide una dispersión que ya se ha producido.
"Para eliminar esta planta con seguridad debe existir ahí un espacio temporal, antes de mayo, es durante esa fase cuando debe arrancarse", explica. Y deja una indicación directa: "En realidad, yo digo arránquenla, arránquenla de raíz, toda, arránquenla siempre, es lo que queremos".
Durante la época de liberación de las semillas, sin embargo, cualquier intervención debe hacerse de manera que se evite que las propias acciones de control contribuyan a su dispersión.
Una especie prohibida que sigue presente
La cortaderia forma parte de la lista nacional de especies invasoras desde 2019. La legislación prohíbe, entre otras acciones, su tenencia, plantación, comercialización e introducción en la naturaleza.
En la práctica, sin embargo, sigue siendo posible encontrar ejemplares en jardines privados, espacios municipales, zonas industriales, márgenes de carreteras y otras áreas.
Hélia Marchante señala la falta de conocimiento de la legislación y de fiscalización como algunos de los obstáculos para el control de la especie. Existe además un problema de coordinación. Un municipio puede retirar las plantas de un jardín bajo su gestión, pero después encontrarlas en terrenos privados o en infraestructuras cuya gestión corresponde a otras entidades.
La invasión tiene también una dimensión socioeconómica, ya que la presencia de grandes ejemplares de cortaderia dificulta y encarece la gestión de la vegetación, en particular en las zonas donde es necesario retirar vegetación para la prevención de incendios.
Ya existen proyectos como LIFE COOP Cortaderia -que implica a instituciones de Portugal, España y Francia en la lucha contra esta especie invasora- y municipios implicados en acciones de control, pero la investigadora defiende una estrategia coordinada.
El Instituto da Conservação da Natureza e das Florestas (ICNF) ha preparado una propuesta de Plan de Acción Nacional para el Control de la Cortaderia al amparo del Decreto-Lei n.º 92/2019, aunque su publicación oficial y puesta en práctica se han enfrentado a retrasos.
La bióloga confía en que el Plan Nacional de Acción contra las especies exóticas invasoras, previsto para breve, establezca prioridades, responsabilidades y formas de intervención.
Para que esas medidas sean eficaces, defiende que el plan debería ir acompañado de mecanismos de financiación que permitan a los municipios, organizaciones no gubernamentales, juntas de freguesia, entidades responsables de la gestión de las vías e incluso a particulares asumir los costes de la eliminación.
"Para quitar una cortaderia de las grandes, muchas veces hace falta una miniexcavadora, una excavadora", explica, subrayando que la dimensión de algunos ejemplares convierte el control en una operación con costes que no todos pueden asumir.
¿Qué puede hacer quien se encuentra con una cortaderia?
Para los ciudadanos, la primera recomendación es no plantar ni transportar la especie. Quien tenga una cortaderia en un jardín debe intentar eliminarla, idealmente con apoyo técnico cuando se trate de un ejemplar grande.
Quien encuentre ejemplares en la calle también puede contribuir al conocimiento de la distribución de la especie. Hélia Marchante recomienda utilizar la plataforma iNaturalist, donde es posible fotografiar y registrar la localización de una planta. Estos datos ayudan a elaborar mapas que después pueden utilizarse para definir prioridades de intervención.
"Es muy importante después para cuando se quieren diseñar estrategias para eliminarla", subraya.
Mientras la planta no se elimina, retirar las plumas antes de la liberación de las semillas puede ayudar a contener la dispersión. Pero esa es solo una medida temporal. "Quitar las plumas no resuelve", subraya la bióloga. "El objetivo tiene que ser eliminar siempre la planta completa. "
Para quienes sufren alergias respiratorias, Mário Morais de Almeida aconseja además la reducción de la exposición durante los periodos de mayor concentración de polen. En determinadas circunstancias, puede ser útil el uso de mascarilla y protección ocular, además de seguir la medicación prescrita para quienes tengan una enfermedad alérgica diagnosticada.
"Sabemos que a primera hora de la mañana y más hacia el final de la tarde es cuando hay mayores niveles de polen, así que en esos momentos vamos a evitar airear o ventilar nuestras casas, porque entonces podemos estar contaminando el propio interior, si vamos a circular en coche, probablemente tendremos que optar por las ventanas cerradas, si vamos en moto, vamos a privilegiar el casco integral y vamos a usar gafas", recomienda el especialista en inmunoalergología.
El médico llama además la atención sobre determinadas condiciones meteorológicas. En periodos de tormenta, la humedad puede contribuir a la fragmentación de los granos de polen, haciéndolos más fácilmente inhalables, lo que puede agravar los síntomas respiratorios en personas sensibilizadas.