En el norte y centro de Europa las mascotas se quedan fuera de los hospitales. El modelo flexible de São João combina beneficios clínicos y seguridad, sin infecciones. "Hay miedo excesivo", afirma la médica que redactó la normativa.
Desde el 9 de julio, el hospital São João, uno de los hospitales públicos universitarios de referencia del sistema de salud portugués, ha abierto las puertas de sus salas de hospitalización a las visitas de mascotas.
El Pets and Company reúne a distintos profesionales del programa One Health São João, así como de la Unidad de Prevención y Control de la Infección y Resistencia a los Antimicrobianos y del servicio de Humanización del hospital. La iniciativa se enmarca en una estrategia destinada a romper el aislamiento y aliviar el agotamiento de los ingresos prolongados.
El potencial terapéutico de los animales está lejos de ser un descubrimiento reciente. Países como Reino Unido y Alemania ya los utilizaban en tratamientos psiquiátricos y para problemas físicos de personas desde el siglo XIX. El término pet therapy (terapia asistida por animales) fue registrado científicamente en la década de 1960 por un psicólogo estadounidense que descubrió de forma fortuita las virtudes curativas de estas intervenciones.
En Portugal, los perros adiestrados y certificados para sesiones de apoyo emocional llevan varios años actuando en hospitales, incluido en el São João, en colaboración con tutores de asociaciones.
El 30 de mayo de 2023, una paciente de 77 años, ingresada en el Hospital de Cascais mientras se recuperaba de un accidente cerebrovascular (ACV) hemorrágico, recibió la visita de su propio perro en un reencuentro que tuvo lugar en el exterior de la unidad de salud.
Esta experiencia inédita la ha ampliado ahora el de São João a través de un protocolo amplio, creado desde cero, que supone un paso adelante y normaliza la práctica de llevar las mascotas al espacio de ingreso, reconociéndolas como parte del núcleo familiar del paciente y ofreciendo a quienes llevan mucho tiempo alejados de casa momentos de consuelo en condiciones de seguridad sanitaria.
¿Qué establece el protocolo?
Las visitas las solicita el profesional sanitario (médico o enfermero) que acompaña a los pacientes y que es quien debe señalar el caso, y no están disponibles para todos los ingresados. Siempre se realiza una valoración individualizada de los riesgos y beneficios.
Una vez informado, el equipo responsable del programa evalúa si existe esa necesidad en el plano clínico y si hay condiciones para llevar a cabo la visita desde el punto de vista del control de la infección en el lugar elegido. También se pregunta a los otros usuarios si se sienten cómodos con la presencia de animales.
Con la aprobación, la familia del paciente está obligada a entregar un certificado médico veterinario que demuestre que el animal tiene la vacunación y la desparasitación al día, además de un comportamiento compatible con las exigencias asociadas a la permanencia en recintos hospitalarios.
"Cualquier profesional, desde el vigilante de seguridad al médico o al enfermero, que detecte que algo no está de acuerdo con el protocolo puede interrumpir la visita", afirma a 'Euronews' Filipa Ceia, portavoz del grupo One Health São João.
Si el animal está "ansioso" por el "ruido de la sala de hospitalización", si se muestra "agresivo" o "visiblemente sucio", la visita se "aborta inmediatamente", precisa la especialista en enfermedades infecciosas y veterinaria.
Se admiten perros, gatos e incluso "especies más exóticas", siempre que se "cumplan todas las premisas", adelanta Filipa Ceia. Mientras se encuentre en área hospitalaria, el animal debe estar acompañado por un adulto.
Cada paciente puede disfrutar de estos encuentros, de media hora de duración, cada siete días. El proyecto da prioridad a quienes están en fase terminal o con ingresos prolongados.
Para sorpresa de los responsables, son los pacientes de sexo masculino quienes más han solicitado la presencia de las mascotas en el hospital, aunque la muestra reducida no permite sacar conclusiones definitivas. "Probablemente la fragilidad en los hombres enfermos es mayor. Se dan cuenta de que hay cosas con mucha importancia en la vida y quieren tenerlas cerca durante el ingreso", apunta Ceia.
Beneficios para el paciente y para el animal
Los estudios realizados sobre intervenciones asistidas por animales entrenados constatan mejoras efectivas en la condición clínica de los pacientes: baja la tensión arterial y se inhibe la producción de hormonas ligadas al estrés y la ansiedad. Cuando está implicado el animal doméstico, hay "un beneficio mayor", destaca Filipa Ceia.
'Euronews' ha seguido la visita de Princesa, que ha acudido al São João por segunda vez en 15 días para aliviar la añoranza de su dueño, António, ingresado desde hace tres meses. La perra fue llevada al hospital por la esposa del paciente, que la condujo con la correa hasta la sala de hospitalización.
En cuanto se abrió la puerta del ascensor, Princesa no contuvo la euforia y lo mismo ocurrió con António.
"El corazón latió muy fuerte de alegría. Es como si fuera familia. Para mí es una hija", confesó el hombre de 65 años, que está en rehabilitación debido a dificultades de equilibrio y de marcha.
El diagnóstico aún no está cerrado, pero se sospecha que sufre una enfermedad rara de la sangre. El reencuentro con la perra, que le fue entregada hace cinco años tras ser rescatada de la calle, es un bálsamo para el alma.
"Parece que quiero andar mejor y todo. Esto es el disfrute que tiene una persona", contó. Estos reencuentros aportan "sonrisas, colaboración en el tratamiento y un incentivo para salir del hospital", señala Filipa Ceia, que identifica además beneficios para el propio animal e incluso para los profesionales sanitarios.
"Riesgo residual"
Esta iniciativa se puso en marcha a principios de julio y, hasta el momento, no hay registro de ninguna infección. El equipo que está detrás del proyecto quiere evaluar el protocolo en una fase posterior para corregir posibles fallos. Considerando los procedimientos adoptados, un escenario de "incidencias" es, sin embargo, "altamente improbable", subraya Filipa Ceia.
En el norte y el centro de Europa, las normas de control de infección y de salud pública son más estrictas. Se priorizan las intervenciones con perros de asistencia y las visitas de animales particulares, cuando se autorizan (normalmente para pacientes en cuidados paliativos), tienen lugar en instalaciones aisladas, en patios abiertos o en jardines anexos a la estructura principal.
Es el caso del Hospital Sint-Trudo en Sint-Truiden, en Bélgica. En julio de 2023, esta unidad de salud inauguró un pabellón independiente del edificio central, aunque conectado con el hospital, para que los pacientes terminales o con ingresos prolongados pudieran interactuar con sus mascotas. El acceso de las mascotas se realiza desde el exterior, a través de un patio, y tienen prohibido, en cualquier circunstancia, atravesar el interior del recinto hospitalario.
En lugar de levantar barreras físicas con la construcción de estructuras secundarias, el São João ha diseñado un conjunto de normas que, manteniendo el rigor clínico, se integran en un protocolo ágil moldeado por la evidencia científica.
"Hay un temor excesivo a la transmisión de zoonosis que después no se corrobora en los estudios", asevera Filipa Ceia. En realidad, apunta la especialista en enfermedades infecciosas, "es más fácil la transmisión de la mayoría de las enfermedades de humano a humano que de un animal a un humano".
"Como intentamos al máximo preservar la seguridad y como el paciente, cuando vuelva a casa, va a convivir con su animal, el riesgo es realmente residual. Tenemos que valorar si, para mitigar el riesgo, no estamos impidiendo que los pacientes reciban el beneficio", insiste.
La audacia del São João reside no solo en el equilibrio entre empatía y control sanitario, sino también en la autonomía y la capacidad para humanizar los cuidados sin esperar a los legisladores, a diferencia de Italia, por ejemplo, donde se avanzó por impulso de decretos de gobiernos regionales.