La rentabilidad del bono francés a diez años superó este miércoles el 5% por primera vez desde 2002, en medio de la creciente preocupación de los inversores por la deuda pública y la situación presupuestaria de Francia.
Los rendimientos de los bonos franceses han estado subiendo desde hace semanas, mientras los legisladores se enzarzan en la negociación de un presupuesto para 2027 que prevé recortes de gasto por miles de millones de euros con el fin de reducir una deuda que ronda ya el 120% del PIB de Francia, uno de los niveles más altos de la eurozona y muy por encima del límite del 60% fijado por la UE.
El bono OAT del Tesoro francés también se utiliza para fijar los tipos de interés en amplios sectores de la economía, lo que significa que los costes de financiación podrían empezar a subir para empresas y hogares.
La última vez que alcanzó ese nivel fue durante la crisis financiera de las puntocom.
La prima entre el rendimiento a 10 años francés y el bono alemán a 10 años, considerado la referencia europea de solvencia, también se ha disparado hasta cerca de 160 puntos básicos.
La oleada de ventas de bonos añade presión al Gobierno antes de la decisión que la agencia de calificación Moody's tomará este viernes sobre la nota de la deuda soberana de Francia, y la mayoría de los economistas prevén una rebaja que aumentaría automáticamente los costes de financiación del Ejecutivo.
El primer ministro, Sebastien Lecornu, está intentando que el Parlamento apruebe el presupuesto de 2027, pese a no contar con una mayoría política para los recortes de gasto por 43.000 millones de euros (48.000 millones de dólares) que propone.
Incluso si se aprueba, el presupuesto solo reduciría el déficit de Francia hasta el 5% del PIB el próximo año, muy por encima del límite del 3% para los miembros de la UE.
Mientras tanto, las protestas del fin de semana, que reclamaban en parte más gasto en escuelas y otros servicios públicos, derivaron en la peor violencia callejera registrada en años.