Tras los disturbios del 17 de octubre, el Gobierno señaló a la ultrazquierda, pero su papel aún no está claro. Dos expertos dicen a Euronews que la violencia y los saqueos registrados no encajan con su modo de actuar.
"Esquema insurreccional", "exacciones"... Desde hace varios días, los miembros del Gobierno parecen haber convertido a la ultrazquierda en uno de sus principales blancos tras las violencias y los saqueos registrados al margen de la movilización del 17 de octubre. Según el ministro de Comercio, Serge Papin, alrededor de 3 000 comercios han sido degradados o saqueadosese día.
Con motivo de su intervención, este domingo, Emmanuel Macron ha denunciado a unos "sediciosos procedentes de grupúsculos de ultrazquierda" a los que se habrían sumado "numerosos delincuentes" antes de entregarse "a una violencia desatada en nuestras ciudades". Este jueves ha vuelto a tomar como objetivo a los grupos "de ultrazquierda [...] de una peligrosidad extrema" que querían "hacer caer la República".
Acusaciones que también ha formulado el ministro del Interior, Laurent Nuñez. "La corriente de ultrazquierda radical de nuestro país" está siendo seguida "muy de cerca", ha asegurado.
Sin embargo, por el momento nada permite vincular a la ultrazquierda con los numerosos desbordamientos observados durante la movilización. Según Jean-Yves Camus, director del Observatorio de las radicalidades políticas en la fundación Jean Jaurès, los más difíciles de contener para las fuerzas del orden no eran "los militantes de ultrazquierda, sino lo que llamamos los saqueadores de oportunidad, es decir, la gente que vino para el pillaje, para la destrucción, para servirse en las tiendas y en los escaparates que habían sido, previamente, reventados".
"He visto a personas que aparentemente no tenían ninguna reivindicación política, salvo una especie, en algunos casos, de hartazgo general y que utilizaban la manifestación más o menos como una vía de desahogo", observa ante 'Euronews'.
El diagnóstico del Gobierno ya había sido matizado por la fiscal de la República de París. Preguntada en 'TF1' sobre los primeros elementos recabados durante las detenciones del fin de semana, Laure Beccuau había asegurado que no podía "en absoluto confirmar" que los autores de estas violencias fueran "personas politizadas hacia la ultrazquierda".
La "gran mayoría" de las personas puestas bajo custodia policial "guardan silencio y no expresan reivindicaciones políticas", afirmó igualmente, precisando que "no todas las personas que por desgracia han cometido degradaciones han sido detenidas".
El diagnóstico parece ser el mismo en Marsella, donde el Ayuntamiento ha sido vandalizado. "Nos enfrentamos a gente joven, la mayoría de las veces nada vestida de negro. Tenemos grafitis que son grafitis clásicos, reivindicaciones de la izquierda, de la extrema izquierda", señala a 'Euronews' Guillaume Origoni, periodista que trabaja sobre la ultrazquierda.
"Así que parecería que este pequeño grupo es efectivamente un grupo que vio la oportunidad de degradar un ayuntamiento y se lanzó a ello", prosigue. "No se trata de negar la presencia de individuos dispuestos a enfrentarse con la Policía, de militantes de ultrazquierda. Pero de ahí a establecer un puente entre eso y los pillajes... No podemos decirlo en absoluto".
La ultrazquierda, ausente de las comparecencias
Las comparecencias inmediatas, que ya han comenzado, también ponen en cuestión la versión del Gobierno. De las 2.500 personas puestas bajo custodia policial, 917 han sido presentadas ante un juez, según un balance difundido por Gérald Darmanin.
En Marsella, los black blocs y la ultrazquierda están "ausentes del tribunal", indica Guillaume Origoni. "Nos encontramos más bien con personas que han saqueado, que han participado en los saqueos o que se han beneficiado de ellos, pero que no tienen nada que ver con la ultrazquierda, con reivindicaciones políticas, con dinámicas políticas", asegura el periodista.
Jean-Yves Camus introduce, no obstante, un matiz. "Las personas que son detenidas suelen ser aquellas que están allí por casualidad o que están menos organizadas. Los militantes mejor organizados para este tipo de acciones saben escapar del lugar en el que han cometido un delito y solo se quedan los que están menos acostumbrados a este tipo de acciones", explica.
Reconoce así que existe un "sesgo" a la hora de analizar los perfiles de las personas en comparecencia inmediata. "Naturalmente, los más politizados y quienes han sido formados en acciones delictivas saben jugar al escondite con la Policía".
La ultrazquierda arremete contra "símbolos"
Aunque el término ultrazquierda ocupa hoy los grandes titulares, el movimiento no es nuevo en Francia. Jean-Yves Camus ya lo había observado hace diez años, en particular durante las manifestaciones contra la ley Trabajo. "Siempre hemos visto, al menos desde principios de la década de 2010, a la ultrazquierda operar bajo la forma de un black bloc y buscar el enfrentamiento con las fuerzas del orden", explica el politólogo.
Una presencia visible "por los choques con las fuerzas del orden" y por "los múltiples eslóganes pintados en los muros: eslóganes anticapitalistas, anarquistas, que reclaman la abolición del Estado, antiautoritarios", prosigue el experto, que no niega la presencia de esta corriente en la manifestación. "Ya antes de la salida de la marcha, vimos a la ultrazquierda ir, como de costumbre, al contacto de las fuerzas del orden", subraya.
Pero lo que diferencia a la ultrazquierda, que cuenta con unas 5.000 personas en su núcleo duro, de los saqueadores de este sábado 17 de octubre son las metas de estos últimos.
Porque los pequeños comerciantes rara vez están en el punto de mira de los black blocs, que prefieren atacar "tiendas que simbolizan, para ellos, los defectos de la sociedad capitalista", indica Jean-Yves Camus, que cita bancos, cajeros automáticos, compañías de seguros y agencias inmobiliarias. Un punto de vista que comparte Guillaume Origoni. "La ultrazquierda ha saqueado muy poco y vandalizaba símbolos. Se trata más bien de degradaciones", coincide.
La France insoumise, chivo expiatorio del Gobierno
El Gobierno también ha intentado atribuir a La France insoumise (LFI), partido situado en la extrema izquierda según el ministerio del Interior, las violencias y los saqueos. "Hay una nebulosa de extrema izquierda en la que La France insoumise ocupa un lugar importante y en la que hay personas, grupúsculos, que claramente están en una agenda de violencia", había declarado Sébastien Lecornu ya el sábado por la noche.
Acusaciones desmentidas por una investigación de Mediapart, que cita a un comisario de la inteligencia territorial. "Hay cosas indecibles, pero cuando se nos pide textualmente que escribamos que es LFI la que está detrás del movimiento cuando es objetivamente falso según la opinión general de la inteligencia territorial, necesariamente [se trata de] decisiones políticas", asegura.
"No veo qué tiene que ver LFI en la historia de este fiasco [...]. Es peligroso politizar así un fracaso tan burdo y, sobre todo, no asumir la plena responsabilidad", subraya también un responsable nacional de una organización sindical de policía ante el medio de investigación Mediapart.
Los responsables de LFI y el Gobierno se culpan mutuamente del caos en las calles el pasado fin de semana. El viernes por la tarde, el coordinador nacional del movimiento, Manuel Bompard, participó en una reunión de partidos políticos en Matignon. Al término de la misma, consideró que el encuentro le había "hecho perder" tiempo al país, reprochando al primer ministro, Sébastien Lecornu, no haber "entrado en ningún momento en el debate preciso sobre las reivindicaciones de los jóvenes, las reivindicaciones del país".
No obstante, quiso subrayar el desfase entre las declaraciones públicas del Gobierno y su actitud hacia LFI en las reuniones a puerta cerrada: "Lejos de las cámaras y de los platós de televisión, en las distintas intervenciones de los distintos miembros del Gobierno y de los responsables policiales, en ningún momento LFI ha sido señalada ni considerada como responsable de los acontecimientos que tuvieron lugar el sábado pasado.
Así que estaría bien que lo que se dice en las reuniones se correspondiera con lo que se dice en los platós de televisión", estimó Manuel Bompard, coordinador nacional de LFI.
"Estamos en periodo preelectoral, así que forma parte del juego político intentar cargar contra el adversario político que parece ir viento en popa", reconoce Jean-Yves Camus. Considera, sin embargo, que LFI puede exponerse a las críticas, ya que no todos sus cargos condenan sistemáticamente los actos de violencia.
Según el experto, algunos tienden a considerar que la violencia de los manifestantes puede ser una respuesta a la de la Policía o a la negativa del Gobierno a tener en cuenta sus reivindicaciones.
En cambio, el politólogo recuerda que no hay que "confundir la ultrazquierda y la extrema izquierda ni confundir la ultrazquierda con el conjunto de los manifestantes". A propósito de la movilización del 17 de octubre, subraya que "quienes lograron abandonar la plaza de la República y avanzar hacia la plaza de Clichy formaron un cortejo en torno al cual no hubo desbordamientos".