Los expertos consideran que mantener el horario de invierno durante todo el año sería más beneficioso para la salud, justo cuando muchos países se preparan para cambiar de hora este fin de semana.
Este fin de semana, muchos países atrasarán sus relojes una hora para volver al horario de invierno, también conocido como horario estándar, que está más alineado con el ciclo solar, tras varios meses de horario de verano. El cambio de hora se produce dos veces al año y, aunque ha habido numerosos intentos de eliminarlo, cada primavera y cada otoño los relojes siguen adelantándose o atrasándose una hora.
El cambio horario estacional se introdujo para ahorrar energía durante la Primera Guerra Mundial y se recuperó en muchos países en la década de 1970. Sin embargo, los investigadores advierten ahora de sus efectos sobre la salud, especialmente los del cambio de primavera.
No obstante, decidir si se mantiene esta práctica es solo el primer paso. "Eliminar el cambio de hora resuelve un problema, pero plantea otra decisión: ¿Con qué horario deberíamos vivir todo el año?", afirmó Raymond Lam, profesor de Psiquiatría en la Universidad de Columbia Británica y autor principal de un análisis publicado recientemente sobre los efectos del horario de verano en la salud.
Aunque eliminar el cambio de hora evitaría las alteraciones a corto plazo, el horario permanente que se elija determinará las consecuencias crónicas y a largo plazo para la salud pública, señalaron los autores. "La evidencia en materia de salud apunta al horario estándar, en gran medida porque la luz de la mañana es importante para nuestros relojes biológicos, el sueño y el estado de ánimo".
Ambas opciones tienen ventajas e inconvenientes: un horario de verano permanente mantendría las tardes más luminosas, lo que podría favorecer el ocio, la vida social, los desplazamientos y determinadas actividades económicas. Sin embargo, también retrasaría una hora la salida del sol, de modo que, en invierno, más personas se despertarían, irían al colegio y se desplazarían al trabajo a oscuras.
"Nuestros relojes biológicos necesitan la luz de la mañana para mantenerse sincronizados con el ciclo de 24 horas", explicó Ralph Mistlberger, profesor de Psicología en la Universidad Simon Fraser de Canadá. "Un horario de verano permanente retrasa esa luz una hora, justo cuando las mañanas de invierno ya son más oscuras".
Un horario estándar permanente permitiría mantener amaneceres más tempranos en invierno, que se ajustan de forma natural a los ritmos circadianos humanos al proporcionar la luz matinal esencial para sincronizar el reloj biológico.
La exposición a la luz por la mañana ayuda a contrarrestar la tendencia natural del reloj biológico a retrasarse, reduce la somnolencia y favorece la atención, la calidad del sueño y el estado de ánimo, según subraya el análisis. El análisis identifica el horario estándar, o de invierno, como la mejor opción para la salud.
"La política horaria es una cuestión de salud pública", señaló Alexandra Choi, responsable de Salud Pública en Vancouver Coastal Health. "Si los gobiernos optan por un horario de verano permanente, deberían prever las consecuencias antes del primer invierno, desde garantizar desplazamientos matutinos más seguros y horarios de entrada flexibles hasta vigilar el sueño, la salud mental y las lesiones".