Arqueólogos de la Universidad La Sapienza descubren bajo el Santo Sepulcro vestigios de un jardín y sepulcros del siglo I. En este 2026, los investigadores confirman que el entorno coincide con los relatos evangélicos sobre la crucifixión de Jesús.
Exista o no Dios, el mundo no se pone de acuerdo. La gran mayoría de los historiadores actuales está convencida de que Jesús de Nazaret fue una figura histórica que vivió realmente en el siglo I y fue crucificado bajo el gobernador romano Poncio Pilato. Los cristianos de todo el mundo creen desde hace mucho tiempo que la tumba de este predicador judío itinerante se encuentra bajo la Iglesia del Santo Sepulcro.
La Iglesia del Santo Sepulcro, conocida por los cristianos ortodoxos también como Iglesia de la Resurrección, se encuentra en el barrio cristiano de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Está considerada uno de los santuarios más importantes del cristianismo, ya que, según la tradición, se levantó en el lugar de la crucifixión, sepultura y resurrección de Jesucristo. Se construyó en ese emplazamiento por iniciativa del emperador romano Constantino el Grande.
La primera iglesia se consagró en el año 335 d.C. A lo largo de su historia, el templo ha sido destruido y reconstruido en varias ocasiones. El golpe más grave fue la destrucción del año 1009, bajo el califa fatimí al Hakim. En las décadas siguientes, la iglesia se restauró parcialmente.
Tras la conquista de Jerusalén por los cruzados en el año 1099 se llevaron a cabo amplias transformaciones. El aspecto actual es el resultado de numerosas fases de construcción y restauración.
Durante mucho tiempo apenas se permitieron reformas, trabajos de renovación o excavaciones, porque varias confesiones cristianas se reparten la iglesia y cada una temía perder derechos e influencia si se introducían cambios. Ahora las distintas partes han llegado a un acuerdo. Desde 2016, la Iglesia del Santo Sepulcro está siendo restaurada, por primera vez en más de 200 años.
Hallan tumbas antiguas y un jardín bajo el suelo de la iglesia
En 2022 se proyectó inicialmente una restauración integral del pavimento de la Iglesia del Santo Sepulcro. En el marco de estas obras se puso en marcha un amplio proyecto de excavación. Los investigadores descubrieron bajo la iglesia, construida en el siglo IV, una antigua cantera abandonada, zonas de uso agrícola, un jardín y tumbas excavadas en la roca.
El jardín tiene una relevancia especial, dado que el Evangelio de Juan menciona un jardín en el lugar de la crucifixión de Jesús. Según la Biblia, la crucifixión tuvo lugar cerca de Jerusalén, pero fuera de la ciudad. La Carta a los Hebreos señala que Jesús sufrió fuera de la puerta de la ciudad. Todo ello coincide también con los hallazgos de los arqueólogos.
La arqueóloga responsable, Francesca Romana Stasolla, de la Universidad La Sapienza de Roma, interpreta los hallazgos como indicios de un paisaje funerario. Las excavaciones apuntan a que antaño hubo terrenos cultivados entre el Gólgota y la tumba, informa la web de noticias 'Times of Israel' citando a Stasolla.
Además, los arqueólogos localizaron restos de olivos y vides que se datan en torno al año 33 d.C., el periodo en el que habitualmente se sitúa la muerte de Jesús.
Según Stasolla, también las tumbas excavadas en la roca apuntan a un antiguo lugar de enterramiento. Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas describen la tumba de Jesús como un sepulcro excavado en la roca, de modo que ese elemento también encaja.
Sin prueba concluyente
Los hallazgos no aportan una prueba científica de que Jesús fuera enterrado en la Iglesia del Santo Sepulcro. No existe inscripción alguna en ese sentido ni puede demostrarse que la cámara funeraria estuviera sin estrenar o que perteneciera a José de Arimatea, quien, según los evangelios, colocó a Jesús en su nueva tumba excavada en la roca. Tampoco se ha conseguido datar con exactitud en la época de la crucifixión los restos vegetales hallados.
Las excavaciones, por tanto, no resuelven la cuestión de cuál fue la tumba real de Jesús. Pero sí muestran que el lugar venerado por los cristianos desde hace siglos presenta características geográficas y arqueológicas que coinciden con las descripciones del Nuevo Testamento.