La resistencia a los antimicrobianos, responsable de unas 35 000 muertes al año en la UE, se extiende entre humanos, animales y el medio ambiente, y exige un enfoque más amplio para combatir uno de los mayores retos de la salud pública.
Los antibióticos han transformado la medicina moderna, haciendo tratables infecciones que antes eran mortales. Pero a medida que las bacterias se vuelven cada vez más resistentes a los fármacos diseñados para eliminarlas, ese progreso está amenazado.
La resistencia a los antimicrobianos (RAM) es responsable de unas 35.000 muertes al año (fuente en inglés) en la Unión Europea, con un impacto en la salud comparable al de la gripe, la tuberculosis y el VIH/sida juntos.
"La resistencia a los antibióticos se da cuando los microbios ya no pueden tratarse con los medicamentos que solemos usar para tratarles", explicó a Euronews Fiona Walsh, profesora en la Universidad de Maynooth, en Irlanda. Su investigación se centra en la resistencia en la salud humana, animal y ambiental.
En los pacientes infectados por bacterias multirresistentes, las consecuencias pueden ser especialmente graves. Los médicos pueden verse obligados a combinar varios antibióticos para tratar una infección, pero en algunos casos incluso esas combinaciones fracasan.
"Por desgracia, algunas personas morirán", dijo Walsh.
Y las perspectivas van a peor. Un estudio (fuente en inglés) publicado en 'The Lancet' prevé que la RAM bacteriana podría causar directamente 39 millones de muertes en todo el mundo entre 2025 y 2050.
El uso excesivo de antibióticos en humanos, su empleo en animales, la falta de saneamiento y la contaminación ambiental pueden contribuir a la propagación de la resistencia. Las bacterias y el material genético que les permite resistir a los antibióticos pueden pasar entre humanos, animales y el medio ambiente.
Por eso los investigadores adoptan cada vez más el denominado enfoque 'One Health', que reconoce que la salud humana no puede separarse de la salud animal y de la salud del entorno.
Cómo abordar la RAM
"Lo bueno es que hay muchas maneras diferentes de matar bacterias y estos microbios", dijo Walsh. "También hay formas de protegernos".
Las vacunas pueden reducir las infecciones y, en consecuencia, la necesidad de antibióticos. La Organización Mundial de la Salud estima (fuente en inglés) que un mejor uso de las vacunas podría reducir el consumo mundial de antibióticos en 2.500 millones de dosis al año.
Mantenerse sano "es realmente, realmente importante", dijo Walsh, porque puede reducir la probabilidad de desarrollar infecciones que requieran tratamiento con antibióticos, especialmente entre las personas mayores y quienes tienen el sistema inmunitario debilitado.
"Las bacterias también lucharán contra las bacterias y, si nuestro propio sistema bacteriano dentro del cuerpo está realmente sano, entonces también puede ayudar a combatir las infecciones", dijo Walsh.
"Necesitamos bacterias para poder vivir. Las necesitamos en el intestino. Las necesitamos en la piel. Las tenemos en la boca. Son realmente importantes", añadió, advirtiendo de que el uso excesivo de antibióticos y desinfectantes puede alterar las defensas naturales del organismo.
Para Walsh, la solución no pasa únicamente por desarrollar nuevos antibióticos, aunque siguen siendo importantes. Los investigadores también deben estudiar las vacunas, el tratamiento de las aguas residuales y formas de mejorar la salud animal a lo largo de la cadena alimentaria.