Más del 40% de las exportaciones rusas de petróleo por vía marítima pasan por el mar Báltico, pese a las sanciones occidentales. Tras años recurriendo a pabellones extranjeros para eludir las restricciones, Rusia apuesta cada vez más por su propia bandera para proteger sus petroleros.
Desde hace años, los buques de la denominada 'flota en la sombra' rusa eluden las sanciones en el mar del Norte y el mar Báltico. Para pasar desapercibidos, navegan bajo pabellón extranjero. Sin embargo, Rusia está cambiando de estrategia y recurre cada vez más a buques que enarbolan su propia bandera.
"Rusia se ve obligada a volver a vincularse con estos buques porque cada vez son más frecuentes las detenciones de embarcaciones de la flota fantasma. De este modo, intenta disuadir a otros países de actuar contra ellas", explica el politólogo y experto en seguridad marítima Johannes Peters en una entrevista con 'Euronews'.
"Desde el punto de vista estratégico, es una derrota para Rusia verse obligada a renunciar a la posibilidad de negar su implicación", añade Peters. Cuando un buque navega bajo pabellón extranjero, Rusia puede alegar que no tiene ninguna relación con él e intentar así eludir las sanciones.
Con el regreso al pabellón ruso, el Kremlin busca situar los buques "bajo protección estatal" y garantizarse una importante fuente de ingresos, según Peters. Bajo pabellón extranjero, "Rusia no tiene, desde un punto de vista puramente jurídico, ninguna relación con estos buques". Hasta ahora, los buques de la Armada rusa podían escoltar a los petroleros, pero carecían de fundamento jurídico para intervenir.
En septiembre, Rusia exportó por vía marítima 4,1 millones de barriles de crudo al día, equivalentes a unos 651,9 millones de litros, según datos del grupo financiero estadounidense S&P Global. Esta cifra supone un aumento del 8% respecto al mes anterior y del 3% en comparación con el mismo periodo del año pasado, pese a las sanciones. Entre los principales compradores figuran China y la India.
En total, Rusia ingresó en septiembre unos 5.010 millones de euros procedentes del petróleo y el gas, según informó el medio digital independiente ruso 'The Bell'. La cifra representa un descenso del 22% respecto al año anterior. Los ingresos del sector energético son fundamentales para Moscú, que desde principios de 2022 libra una costosa guerra de agresión a gran escala contra Ucrania.
La estrategia de intimidación de Rusia
"Se trata, ante todo, de un escenario de amenaza que Rusia está creando", explica el experto. En definitiva, "Rusia quiere generar incertidumbre". Moscú espera que el cambio de pabellón reduzca la frecuencia con la que sus buques son interceptados.
Un episodio reciente frente a las costas de Rügen ilustra cómo podría materializarse esta amenaza. El petrolero Sled, de casi 190 metros de eslora, quedó temporalmente varado entre Rügen y la isla danesa de Møn mientras transportaba crudo ruso. El buque navegaba bajo pabellón de las Bahamas.
Según informó la cadena de televisión 'NDR', la Policía Federal detectó en las proximidades dos buques de la Armada rusa que posiblemente habían escoltado al petrolero. Entre ellos se encontraba el buque de guerra Aleksandr Shabalin, procedente de Kaliningrado. Sin embargo, no está claro si el Sled pertenece realmente a la flota fantasma rusa.
Casi una quinta parte vuelve a navegar bajo pabellón ruso
Según el servicio de inteligencia exterior ucraniano, más del 40% de las exportaciones rusas de petróleo por vía marítima pasan por el mar Báltico, tal y como informó en marzo 'UATV', la cadena estatal ucraniana de televisión internacional.
En el tercer trimestre de 2026, Rusia incorporó a su propio registro 84 petroleros que, al parecer, pertenecen a la flota fantasma, según publicó el instituto de investigación ucraniano Kyiv School of Economics Institute. A finales de 2024, la proporción de buques con pabellón ruso entre los utilizados por la flota fantasma era del 4,3%. A principios de 2026, había aumentado hasta el 19,5%.
La flota fantasma surgió como respuesta a las sanciones occidentales. Entre otras medidas, la Unión Europea ha establecido un precio máximo para el petróleo ruso. Las navieras y aseguradoras occidentales solo pueden transportarlo si se vende por debajo de ese límite. Además, la UE ha prohibido la importación de crudo ruso.
Rusia intenta eludir estas sanciones recurriendo a sus propios buques, algunos de los cuales navegan bajo pabellón extranjero. Por su parte, la UE ha sancionado a 673 embarcaciones presuntamente vinculadas a la flota fantasma, que ya no pueden atracar en puertos comunitarios ni recibir servicios de empresas europeas.