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Atapuerca revela nuevas evidencias de canibalismo neolítico: "Era más común de lo esperado"

Imagen de escavación en Atapuerca (2025)
Imagen de escavación en Atapuerca (2025) Derechos de autor  IPHES-CERCA
Derechos de autor IPHES-CERCA
Por Jesús Maturana
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El yacimiento burgalés de Atapuerca continúa sorprendiendo a la comunidad científica internacional. Un equipo de investigadores españoles ha descubierto en la cueva de El Mirador más de 200 restos óseos que demuestran que el canibalismo estaba considerablemente más extendido durante el Neolítico.

Los restos encontrados en Atapuerca, que datan de hace aproximadamente 5.700 años, presentan evidencias inequívocas de antropofagia: marcas de corte precisas, exposición controlada al fuego, señales de cocinado y mordeduras humanas.

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Según explica Antonio Rodríguez-Hidalgo, investigador del Instituto de Arqueología-Mérida (IAM-CSIC) y coautor del estudio publicado en 'Scientific Reports', aunque los casos de canibalismo prehistórico documentados son "relativamente pocos", durante el Neolítico en la Península Ibérica esta práctica era "más frecuente de lo que podría parecer" y estaba completamente "integrada en la cultura" de las sociedades de la época.

El descubrimiento incluye los restos de 11 víctimas, entre ellas niños y adolescentes, que fueron sometidas a lo que los expertos califican como un "aprovechamiento extremo" de los cadáveres. Las marcas encontradas en un fémur infantil, por ejemplo, indican que fue percutido específicamente para extraer el tuétano, evidenciando un conocimiento técnico especializado en el procesamiento de cuerpos humanos.

Imagen de un fémur infantil percutido para extraer el tuétano
Imagen de un fémur infantil percutido para extraer el tuétano IPHES-CERCA

Canibalismo de guerra: Eliminación física y metafísica del enemigo

Los investigadores han determinado que los restos hallados en El Mirador corresponden muy probablemente a un episodio de canibalismo de guerra, una práctica que trasciende la mera eliminación física del adversario. Este tipo de antropofagia tenía una dimensión metafísica profunda: al ingerir el cuerpo del enemigo, nuestros antepasados creían poder hacer desaparecer completamente su alma, borrándolo no solo del mundo físico sino también del espiritual.

El hecho de que las 11 personas murieran simultáneamente descarta la posibilidad de que se tratara de un ritual funerario continuado en el tiempo, como sí se ha documentado en otros yacimientos arqueológicos. Además, la ausencia de indicios de condiciones climáticas extremas o hambruna severa elimina la hipótesis del canibalismo de supervivencia.

Huesos de extremidades canibalizadas
Huesos de extremidades canibalizadas IPHES-CERCA

"Si te estás comiendo a alguien que convivía contigo, intentas obtener lo mínimo posible para sobrevivir", explica Rodríguez-Hidalgo. El aprovechamiento exhaustivo de los cuerpos encontrados en El Mirador sugiere que las víctimas no pertenecían al mismo grupo social que sus agresores, sino que eran enemigos que debían ser eliminados tanto física como espiritualmente.

Este descubrimiento contribuye a replantear la visión tradicional de las sociedades paleolíticas y neolíticas como inherentemente pacíficas, demostrando que también "resolvían los conflictos de forma violenta". Sin embargo, como puntualiza el investigador, esto no implica que los seres humanos estén genéticamente predispuestos a la guerra: "No es que la guerra vaya en nuestros genes, sino que lo que hacemos habitualmente, y lo conseguimos, es evitarla con herramientas como la diplomacia o la política".

"Capital mundial del estudio del canibalismo prehistórico"

El yacimiento de Atapuerca se ha consolidado durante las últimas tres décadas como el epicentro mundial para el estudio del canibalismo prehistórico. Como bromea Rodríguez-Hidalgo: "Atapuerca es como si fuera la capital de canibalismo" a nivel científico.

Los hallazgos relacionados con la antropofagia en este sitio abarcan un arco temporal extraordinario. El descubrimiento más antiguo se remonta a hace casi un millón de años, constituyendo el primer caso documentado de canibalismo en la historia de la evolución humana. Más recientemente, hace poco más de una semana, el mismo equipo de investigación anunció el hallazgo de evidencias de antropofagia infantil de hace más de 850.000 años. También se han documentado casos correspondientes a la Edad del Bronce, hace unos 4.000 años.

La excepcional productividad de Atapuerca en este campo de estudio no es casual. Según explica Rodríguez-Hidalgo, la clave radica en que durante años ha trabajado allí un equipo altamente especializado en antropofagia, liderado por Palmira Saladié del Institut Català de Paleocologia Humana i Evolució Social (IPHES). Estos especialistas pueden detectar "con más cariño" unas marcas extremadamente sutiles que podrían pasar desapercibidas para investigadores menos especializados en este fenómeno.

Miembros del equipo de IPHES (Palmina Salamina, Antonio Rodríguez-Hidalgo, Francesc Marginedas)
Miembros del equipo de IPHES (Palmina Salamina, Antonio Rodríguez-Hidalgo, Francesc Marginedas) x.com - Francesc Marginedas

Medio siglo de descubrimientos revolucionarios

La historia moderna de Atapuerca comenzó mucho antes de convertirse en un referente mundial de la paleoantropología. En 1863, Felipe de Ariño y Ramón Inclán publicaron el hallazgo de restos humanos prehistóricos en Cueva Ciega, marcando los primeros indicios de la riqueza arqueológica de la zona. Sin embargo, no sería hasta más de un siglo después cuando este yacimiento alcanzaría su verdadera dimensión científica.

El punto de inflexión llegó en 1976, cuando Emiliano Aguirre comenzó a trabajar en la sierra de Atapuerca, donde concibió el proyecto como una cantera multidisciplinar de investigadores con una misión a largo plazo. Ese mismo año, el grupo de espeleología liderado por Trinidad Torres emprendió excavaciones buscando fósiles de osos, y lo que encontraron fue una mandíbula humana muy completa en la Sima de los Huesos.

El primer hallazgo de un fósil humano se realizó en 1976 por Trinidad Torres, que por ese entonces estaba haciendo su tesis doctoral sobre osos prehistóricos, fue entonces cuando Emiliano Aguirre asumió el reto de formar un equipo de investigación.

Los años noventa marcaron un hito definitivo en la historia de Atapuerca. Los yacimientos comenzaron a tener especial relevancia científica y social a partir del hallazgo de los restos de la Sima de los Huesos en 1992, y del hallazgo, dos años después, de los restos humanos (de más de 900.000 años) que definieron una nueva especie conocida como 'Homo antecessor'. Este descubrimiento revolucionó el conocimiento sobre la evolución humana en Europa, ya que esta nueva especie representa a un grupo de homínidos anterior al linaje de los neandertales y de los humanos anatómicamente modernos.

El reconocimiento internacional no se hizo esperar. En el año 2000 la UNESCO declaró a los yacimientos de la sierra de Atapuerca Patrimonio de la Humanidad, consolidando su estatus como uno de los sitios arqueológicos más importantes del mundo. Emiliano Aguirre fue distinguido con el Premio Príncipe de Asturias a la Investigación Científica y Técnica en 1998, reconocimiento a décadas de trabajo pionero.

Los descubrimientos han continuado en el siglo XXI, con hallazgos cada vez más extraordinarios. En la campaña de 2022 se descubrió un fragmento de cara y parte de su maxilar que ha sido asignado a la especie 'Homo affinis erectus'. Con una cronología sobre los 1.200.000 años este fósil es el resto humano más antiguo que se ha descubierto en el yacimiento.

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