La medida podría encarecer la conectividad y aumentar la vulnerabilidad digital de Europa, aunque algunos expertos sostienen que el continente dispone de suficiente capacidad de respaldo para resistir sin los cables del estrecho de Ormuz.
En un nuevo intento de presionar económicamente a Occidente, Irán plantea imponer tasas de acceso a los cables de internet submarinos que cruzan el estrecho de Ormuz, una medida que podría tensar aún más el comercio mundial tras el bloqueo del paso.
El plan fue adelantado por primera vez por la agencia de noticias Tasnim, vinculada al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC, por sus siglas en inglés). Han surgido dudas sobre quién tendría que pagar exactamente esos aranceles y qué tipos de servicios se verían afectados.
Desde el punto de vista logístico, las empresas que operan cables bajo el estrecho se verían obligadas a pagar a Irán una tasa de acceso, mientras que, desde el plano regulatorio, se exigiría a gigantes tecnológicos como Google, Meta, Microsoft y Amazon cumplir con lo que se ha definido de forma imprecisa como "las leyes de Irán".
En tercer lugar, la República Islámica podría asumir también el mantenimiento de los cables en el estrecho de Ormuz y cobrar más tasas en consecuencia. Estas medidas podrían generar hasta 13.000 millones de euros en ingresos para el país.
Del Egeo a España: ¿Cómo está implicada Europa
Empresas europeas de países como Italia, Grecia y el Reino Unido forman parte del consorcio gestor de al menos cuatro cables que pasan bajo Ormuz, según el Submarine Telecoms Forum.
Dos de estos cables son especialmente importantes, ya que conectan Asia con Europa. El primero es el Asia Africa Europe-1 (AAE1), cuyos propietarios incluyen a la italiana Retelit y a la griega OTEGLOBE. Llega a puntos de amarre en Creta, Bari y Marsella. El segundo, PEARLS/2Africa, parte del mayor sistema de cable submarino del mundo, pasa bajo Sicilia antes de llegar a Génova, Marsella y Barcelona.
¿Hasta qué punto suponen una amenaza estas tasas para Europa?
Por ahora no existe consenso entre los expertos sobre el alcance de las amenazas planteadas por Irán. Algunos sostienen que, si el país llegara a imponer realmente estas tasas, las consecuencias se extenderían probablemente mucho más allá de la infraestructura de telecomunicaciones, afectando al comercio mundial, el derecho marítimo, la estrategia militar, la gobernanza de internet y la política entre grandes potencias.
"Las instituciones financieras europeas, los proveedores de servicios en la nube, las empresas de telecomunicaciones y las multinacionales dependen en gran medida de redes de cables submarinos de baja latencia para realizar transacciones bancarias, prestar servicios digitales, comerciar con energía y gestionar operaciones industriales", explicó Meredith Primrose Jones, responsable de geopolítica y seguridad de la consultora de riesgos y cumplimiento Leidra, a Europe in Motion.
"Cualquier aumento del riesgo político en torno al estrecho de Ormuz podría encarecer los costes de conectividad, retrasar proyectos de infraestructura y crear una mayor vulnerabilidad para la economía digital europea en un momento en que la región ya está centrada en reforzar su resiliencia tecnológica y su autonomía estratégica", añadió.
Por el contrario, otros expertos restan importancia a las amenazas de interrupciones mediante aranceles o incluso de sabotaje físico de los cables. "El ancho de banda que atraviesa el estrecho de Ormuz representa menos de 1 % del ancho de banda internacional en todo el mundo", indicó a Europe in Motion el International Cable Protection Committee (IPCC).
El IPCC afirma que el impacto sería mínimo incluso en caso de fallo de los cables, gracias a los sistemas de respaldo conectados a la región del Golfo. "Muchos sistemas de cable que dan servicio a la región del Golfo utilizan arquitecturas ramificadas conectadas a grandes sistemas troncales internacionales", explicó el comité. "Este diseño de red ofrece una mayor flexibilidad operativa y resiliencia y ayuda a minimizar el impacto de fallos individuales de los cables".
El organismo explicó que los fallos en los cables submarinos no son sucesos operativos infrecuentes. "Cada año se producen en todo el mundo aproximadamente 150-200 fallos en cables de telecomunicaciones submarinos, de los cuales en torno al 70-80 % se deben a actividades humanas accidentales, como la pesca comercial o las anclas de los barcos, y no al sabotaje", señaló el IPCC.
¿Algún otro país cobra por el acceso a los cables submarinos?
El plan de Irán no es inédito, Egipto ya cobra por el acceso a los cables submarinos y obtiene así ingresos significativos dentro de su modelo de negocio de telecomunicaciones.
Un estudio realizado por submarinenetworks.com para el periodo 2000-2019 estimó el coste para cada operador de cable submarino en unos 1,5 millones de euros por derechos de amarre, mantenimiento y apoyo operativo.
Egipto ha sido descrito como un cuello de botella mundial de las telecomunicaciones por la enorme cantidad de cables que lo atraviesan. La principal diferencia con Ormuz es que los cables que cruzan Egipto pasan físicamente por su territorio y dependen de su infraestructura terrestre.
En Ormuz, en cambio, la mayoría de los cables no entran en territorio iraní, por lo que Teherán tendría escasa base legal para cobrar por el acceso. La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS) protege en este sentido los flujos marítimos y la navegación internacional.
Irán la firmó en 1982, pero nunca la ratificó. "Por tanto, un sistema unilateral de tasas dirigido a la infraestructura mundial de cables se interpretaría ampliamente como un exceso de la autoridad de un Estado costero con respecto a los principios de la Convención", apuntó Jones.