Mientras los artistas latinos dominan las listas y llenan estadios en todo el mundo, América Latina sigue sin un gran festival musical televisivo comparable a Eurovisión. Las razones son históricas, industriales y políticas.
La música en español vive uno de sus momentos de mayor proyección global. Artistas latinoamericanos llenan estadios en Europa y Estados Unidos, dominan las listas internacionales y se han convertido en protagonistas del ecosistema digital. Sin embargo, pese a ese peso cultural creciente, América Latina sigue sin contar con un gran certamen musical televisivo que articule a la región como bloque, al estilo del Festival de la Canción de Eurovisión.
La posibilidad de crear un formato similar en el ámbito iberoamericano ha aparecido en varias ocasiones en los últimos años. En 2022, 'RTVE' presentó el proyecto de Hispavisión, un festival inspirado en Eurovisión que aspiraba a reunir a países de habla hispana en un mismo escenario. Incluso se llegó a plantear Cartagena de Indias, en Colombia, como posible sede para una primera edición en 2023. El proyecto, sin embargo, nunca llegó a materializarse y meses después la propia corporación pública española reconocía que la iniciativa se encontraba en "punto muerto".
Pese a ello, la idea no ha desaparecido del todo. En declaraciones recientes a 'SIX', un directivo de TelevisaUnivision ha vuelto a abrir la puerta a posibles proyectos musicales conjuntos entre España, América Latina y el mercado hispano de Estados Unidos. Aunque evitó confirmar el regreso del histórico Festival OTI o anunciar un nuevo formato concreto, sí dejó entrever la voluntad de explorar fórmulas que conecten a la industria musical de ambos lados del Atlántico.
La ausencia de un gran festival regional comparable a Eurovisión no responde, sin embargo, a una sola causa, según explica Pablo Solís, director de Conexiones Culturales de Latinoamérica. Se trata, según el experto, de un fenómeno en el que confluyen factores históricos, industriales, geográficos y políticos.
"Creo que ha habido esfuerzos y concursos anteriores, quizás también relacionados con España, como el concurso OTI", señala. "Ha habido también concursos de canciones y plataformas que han servido para visibilizar artistas. Chile, por ejemplo, tiene el caso de Viña del Mar, que funciona como una plataforma importante. Existen festivales en la región, pero quizás nos falta un ejercicio similar a lo que tiene Europa, algo más articulado y regional".
Durante décadas, América Latina sí contó con una iniciativa que aspiraba a cumplir ese papel. El Festival OTI, creado en 1972 por la Organización de Televisión Iberoamericana, reunió durante años a artistas de distintos países del mundo hispanohablante y fue uno de los pocos proyectos televisivos concebidos con vocación verdaderamente regional. Sin embargo, el certamen fue perdiendo fuerza con el paso del tiempo hasta desaparecer en el año 2000.
Para Solís, el problema no fue únicamente la desaparición de ese festival, sino la falta de una estructura industrial capaz de sostener una iniciativa de ese tipo a largo plazo. "Todo depende mucho de las plataformas y de los esfuerzos que se hagan para integrar a la región", explica. "En América Latina hemos tenido grandes empresas mediáticas, como Televisa en México, que funcionaron como plataformas de difusión cultural y ayudaron a que contenidos y artistas circularan por la región, pero quizá nos ha faltado crear una iniciativa coordinada y sostenida como Eurovisión".
Un continente más fragmentado
La propia estructura política y económica de América Latina también ha dificultado la consolidación de proyectos culturales transnacionales. A diferencia de Europa, donde la integración institucional ha favorecido el desarrollo de iniciativas comunes, el continente americano presenta un escenario más fragmentado.
"La región ha tenido dificultades para integrarse, tanto desde el punto de vista geográfico como logístico", explica Solís. "Europa ha vivido distintos procesos de unificación y de trabajo en común que se reflejan en instituciones compartidas. En América Latina no hemos logrado una iniciativa similar".
A ello se suma la lógica tradicional de la industria televisiva en la región, históricamente orientada hacia los mercados nacionales. "Quizás los intereses no han estado alineados para generar ese tipo de contenidos", apunta el especialista. "Cada televisora ha desarrollado formatos pensando principalmente en sus audiencias locales".
Eso no significa que no exista intercambio musical entre países. De hecho, algunos de los festivales más importantes del continente funcionan precisamente como espacios de circulación cultural.
"No tenemos un Eurovisión, pero sí tenemos festivales como Vive Latino, Cosquín Rock o Viña del Mar, que funcionan como plataformas permanentes de intercambio", explica Solís. "En el Vive Latino, por ejemplo, artistas argentinos, chilenos o colombianos se presentan ante el público mexicano, y lo mismo ocurre en otros países con artistas mexicanos".
La diferencia, subraya, es que esos espacios se han desarrollado principalmente en el ámbito de los conciertos y festivales presenciales, mientras que el modelo de Eurovisión se basa en una gran producción televisiva compartida entre múltiples países.
Paradójicamente, el contexto actual podría ofrecer condiciones más favorables que en el pasado para la creación de un proyecto de este tipo. La expansión de las plataformas digitales, el crecimiento del streaming y el creciente protagonismo internacional de los artistas latinoamericanos han transformado el ecosistema musical de la región.
"América Latina está viviendo un momento muy particular, sobre todo en la música", afirma Solís. "Por un lado, estamos viendo la incursión de artistas y géneros latinoamericanos en lo más alto del mainstream global. Y por otro, hay una aceptación cada vez mayor de las plataformas digitales y del streaming".
A ello se suma la creciente presencia de grandes compañías internacionales en el mercado musical latinoamericano. "Empresas como Live Nation están empezando a tener una participación cada vez mayor en América Latina y están expandiendo sus operaciones en el territorio", apunta.
En este escenario, el experto considera que el terreno podría estar preparándose para iniciativas regionales más ambiciosas. "Cada vez están surgiendo más festivales y más plataformas que permiten que los artistas circulen entre países. Creo que eso es terreno fértil para que pueda haber una iniciativa como la que mencionas".
Más allá de su dimensión televisiva o industrial, un festival musical latinoamericano tendría también un fuerte impacto cultural. Para Solís, un proyecto de estas características podría convertirse en un escaparate internacional para la diversidad musical del continente.
"Sería una gran plataforma para que la música de la región y la diversidad cultural que tenemos pueda ser vista y consumida por un mayor número de personas", afirma. "Creo que puede ser un gran puente de comunicación y de intercambio".
El potencial alcance de una iniciativa así iría mucho más allá del mundo hispanohablante. "Aunque el español no sea hablado por todo el mundo, la música sí puede ser consumida por personas que hablan otros idiomas", explica. "Una plataforma de este tipo ayudaría a dar visibilidad a todo lo que está pasando en un territorio de más de 600 millones de personas".
El auge global de la música en español y la transformación del ecosistema digital han vuelto a poner sobre la mesa una idea que durante años parecía olvidada. La posibilidad de un gran festival musical latinoamericano sigue sin concretarse, pero cada vez más voces en la industria creen que el momento para intentarlo podría estar acercándose.