A lo largo de unos 300 kilómetros discurre agua subterránea entre Francia, Alemania y Suiza, la mayor reserva de aguas subterráneas de Europa, pero un estudio revela una fuerte contaminación.
Entre Fráncfort y Basilea se esconde, a gran profundidad bajo tierra, un tesoro que suministra agua potable a más de cinco millones de habitantes de la región. Se trata de la mayor reserva de aguas subterráneas de Europa. Se extiende unos 300 kilómetros bajo el suelo y alimenta, por ejemplo, al Alto Rin y a numerosos humedales.
Sin embargo, este enorme acuífero está fuertemente contaminado, como ha revelado un estudio publicado en junio. Plaguicidas, residuos de medicamentos y sustancias químicas industriales sintéticas, las denominadas sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), están contaminando el agua subterránea, en la que se han detectado estos compuestos traza.
No solo es esencial este acuífero subterráneo de 150.000 millones de metros cúbicos para el suministro de agua potable, también influye en un sinfín de especies animales y vegetales. Una y otra vez se producen nuevos hallazgos, como la especie de crustáceo de manantial 'Parabathynella baden-wuerttembergensis'. Un viaje al subsuelo entre Alemania, Francia y Suiza.
Bajo tierra: el río invisible en el valle del Rin
La reserva se extiende desde Fráncfort del Meno hasta más allá de la frontera francesa, en Estrasburgo, y hacia el sur hasta Basilea, en Suiza. La cantidad de agua es difícil de imaginar, 150.000 millones de metros cúbicos equivalen aproximadamente a 60 millones de piscinas olímpicas.
La reserva de aguas subterráneas del Alto Rin equivale aproximadamente al volumen de tres lagos de Constanza conectados bajo tierra. El lago de Constanza contiene en torno a 48.000 millones de metros cúbicos de agua.
Se habla de aguas subterráneas cuando el suelo que las rodea está permanentemente saturado de agua. Las capas superiores no están siempre húmedas, forman la llamada zona no saturada del suelo. Según la estación del año y las precipitaciones, el nivel puede bajar o subir.
El agua subterránea utilizada para abastecer de agua potable suele encontrarse a pocos metros o a varios cientos de metros de profundidad. En algunos puntos fluye lentamente hacia el norte a tan solo un metro bajo la superficie. Pero en el foso del Alto Rin ya se ha perforado hasta 3.335 metros hacia el centro de la Tierra. La denominada operación 'Frankenthal 10' se llevó a cabo entre Mannheim y Worms y se considera hasta ahora la perforación más profunda.
La zona conocida más profunda del foso del Alto Rin es el llamado 'agujero de Heidelberg', donde el agua subterránea se encuentra a más de 500 metros de profundidad. De otras áreas, los investigadores aseguran que están tan poco exploradas como las profundidades marinas.
Plaguicidas y residuos farmacéuticos, una carga de contaminantes
Como mayor reserva de aguas subterráneas de Europa, el valle del Alto Rin suministra agua potable a casi cinco millones de personas en su cuenca. Por ello, en comparación con otros grandes acuíferos europeos, es uno de los sistemas de aguas subterráneas más valiosos.
Sin embargo, desde hace tiempo la zona está sometida a una presión creciente de origen humano. El uso excesivo de fertilizantes y plaguicidas contamina cada vez más las aguas subterráneas, como muestran los resultados del estudio transfronterizo estudio Ermes II, publicado en junio de 2026.
El 96 % de los 1.500 puntos de medición analizados, repartidos a lo largo del Rin entre el sur de Alemania, el norte de Suiza y el este de Francia, están contaminados con al menos una microimpureza. Los plaguicidas se han identificado como la causa principal. Pero además de la agricultura, también las ciudades cercanas, las instalaciones industriales y numerosas depuradoras contribuyen a la presión sobre el medio ambiente.
En los controles se analiza, no obstante, el agua bruta. El agua potable no se toma directamente del acuífero, sino que antes de su distribución pasa por un tratamiento específico. El estado de calidad del agua subterránea solo determina hasta qué punto debe tratarse el agua para cumplir las normas de las autoridades sanitarias.
Qué tiene que ver el efecto cóctel con nuestra agua potable
En el 59% de los puntos de medición se superó al menos un valor límite de potabilidad, según se explicó en la presentación del estudio. Una de las sustancias más presentes es el ácido trifluoroacético (TFA), que los científicos describen como el "PFAS definitivo".
Los PFAS, conocidos también como "sustancias químicas eternas", son compuestos de síntesis utilizados por la industria en la fabricación de numerosos productos de consumo, como aparatos electrónicos, pinturas, automóviles o cosméticos. El TFA es el elemento PFAS que se detecta con mayor frecuencia en las aguas subterráneas y está, por tanto, omnipresente en el medio ambiente.
Los expertos del estudio hablan además de un 'efecto cóctel'. Cuando determinadas sustancias o grupos de sustancias aparecen juntos, su toxicidad puede reforzarse incluso en cantidades pequeñas. Se sabe aún muy poco sobre las consecuencias exactas para la salud y el medio ambiente.
El objetivo del estudio, que se desarrolla desde hace tres años, es aclarar las causas del deterioro de la calidad del agua subterránea. A partir de ahí se pretende diseñar medidas que impidan un nuevo empeoramiento. Se realizan análisis periódicos desde 1991.
"Los resultados muestran que la protección de las aguas subterráneas sigue afrontando grandes desafíos", declaró el doctor Dirk Grünhoff, presidente de la Oficina Estatal de Medio Ambiente de Renania-Palatinado. Según dijo, estos datos proporcionan una base sólida para afrontar esos retos y definir medidas concretas.
Los microorganismos asumen la función de limpieza
Hasta ahora, una parte de la depuración corría incluso a cargo del propio entorno. En el acuífero vive uno de los pocos animales que llevan Baden Wurtemberg en su nombre científico, se trata de una diminuta especie de crustáceo de manantial, Parabathynella badenwuerttembergensis.
Fue descubierta en 2013 en el agua subterránea por investigadores de la Universidad de Coblenza-Landau y cumple una función especialmente importante. Estos microorganismos actúan como una especie de brigada de limpieza que fragmenta la materia orgánica y elimina bacterias.
Este crustáceo es un animal muy antiguo, de aspecto primitivo y peculiar, procedente de una época que se remonta a más de 200 millones de años, según explicó en 2013 el Instituto Regional de Medio Ambiente de Baden Wurtemberg.
Su estructura corporal apenas habría cambiado en millones de años. El organismo llegó a describir las aguas subterráneas como un "museo vivo de la historia de la Tierra" y a estos animales como "fósiles vivientes".