Un sencillo cofre familiar que había permanecido sellado durante más de un siglo ocultaba diez bobinas. Entre ellas se ha hallado una película olvidada del pionero director francés Georges Méliès titulada 'Gugusse y el autómata'.
Nadie pensó en él durante 100 años. El viejo baúl de madera que ha desvelado un tesoro arqueológico y cultural fue trasladado a lo largo de generaciones del desván al granero, y de ahí a un garaje. Nadie podía imaginar que en su interior se hallaba una de las piedras rosseta del séptimo arte.
Nadie, hasta que Bill McFarland, profesor jubilado y bisnieto de un proyeccionista de la Pensilvania rural, descubrió unas películas antiguas que"parecían demasiado valiosas para tirarlas", recuerda. Pero el septuagenario "no tenía ni idea de lo que representaban" ni de cómo verlas.
Así que recurrió a los archiveros de la Biblioteca del Congreso en Culpeper, Virginia. Este fue el comienzo de un largo proceso de restauración e identificación de las películas, que estaban muy dañadas en algunos puntos. Finalmente, se llegó a un veredicto: una de las bobinas contenía una película perdida de Georges Méliès.
Titulada 'Gugusse et l'automate' ('Gugusse y el autómata'), esta película de 45 segundos fue realizada en 1897, apenas dos años después de la primera proyección cinematográfica de los hermanos Lumière.
Méliès fue un ilusionista que más tarde se haría famoso por su experimentación con los primeros efectos especiales en el cine. Nacido en el seno de una familia acomodada de París en 1861, abandonó la empresa familiar de calzado para dedicarse a la magia. Fascinado por el cinematógrafo, realizó más de 520 películas, entre ellas el famoso 'Viaje a la Luna', considerada una de las primeras películas de ciencia ficción. Se le considera el precursor del trucaje cinematográfico.