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Una fotografía del proyecto sobre Afganistán de Daniel Malikyar
Una fotografía del proyecto sobre Afganistán de Daniel Malikyar Derechos de autor  Credit: Daniel Malikyar
Derechos de autor Credit: Daniel Malikyar
Derechos de autor Credit: Daniel Malikyar

Afganistán, cinco años después del regreso de los talibanes: las imágenes que muestran el país que no vemos

Por Theo Farrant
Publicado última actualización
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El fotógrafo Daniel Malikyar utiliza su proyecto titulado 'Afghanistan' para cuestionar la imagen del país, asociada a titulares de guerra, conflicto y la toma del poder por los talibanes.

Desde hace décadas, la imagen que el mundo tiene de Afganistán ha estado marcada casi en exclusiva por los conflictos, las crisis y los titulares. En su ambicioso nuevo libro, Afghanistan, el fotógrafo Daniel Malikyar aspira a cambiarlo.

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Hijo de refugiados afganos que crecieron en Estados Unidos, Malikyar recorrió el país por su cuenta antes del regreso de los talibanes al poder, el 15 de agosto de 2021, hace cinco años. Documentó comunidades remotas, rituales cotidianos y paisajes que rara vez ve el público internacional.

Como explicó a Euronews Culture, su objetivo era sencillo: "Cuando la gente piensa en Afganistán, solo piensa en los titulares. Pero hay mucho más que eso".

Las imágenes de Malikyar celebran la belleza, la cultura y la capacidad de resistencia del país, desde los vendedores de globos que se deslizan por las calles de Kabul al amanecer, los niños que vuelan cometas sobre los tejados de la ciudad, hasta las familias kirguís que pastorean yaks en las montañas del Pamir y retratos íntimos de mujeres y ancianos en algunas de las regiones más remotas de Afganistán.

Antes de la publicación del libro, Euronews Culture habló con Malikyar sobre el viaje de reencuentro con la tierra de sus antepasados y las historias que hay detrás de algunas de las imágenes más llamativas de la serie.

Una fotografía de niños jugando al fútbol del proyecto sobre Afganistán de Daniel Malikyar
Una fotografía de niños jugando al fútbol del proyecto sobre Afganistán de Daniel Malikyar Credit: Daniel Malikyar

Euronews Culture: Para quienes quizá no conozcan tu trabajo, ¿podrías empezar contándonos cuál es tu relación con Afganistán y cómo comenzó este proyecto?

Daniel Malikyar: Por supuesto. Mi familia es originaria de Afganistán y mis padres emigraron a Estados Unidos en 1979, justo antes de la invasión soviética. De niño tuve esta doble experiencia en la que, en casa, siempre me mostraban y podía vivir la belleza de nuestra cultura a través de la comida, la música y todas las historias que mi familia me contaba sobre nuestra tierra.

Pero cuando salía a la calle, la experiencia era totalmente distinta. Estaba condicionada por las narrativas que se veían en los titulares. Siempre tuve ese deseo de tender un puente y comprender mejor tanto de dónde vengo como quién soy. Sentía que me faltaba una pieza.

En el fondo, las historias que mis padres me contaban sobre su infancia, volar cometas, sus jardines y todos esos pequeños momentos hermosos que vivieron, nunca llegué a ver cómo eran en realidad porque no había documentación de ellos. Los únicos referentes visuales que tenía eran, en gran medida, las imágenes que aparecían en las noticias.

Creo que este proyecto fue mi manera de intentar comprender más a fondo mis raíces y casi de buscar y documentar las piezas que faltaban en esas historias. Muchas de estas fotografías están inspiradas de forma inconsciente en aquellas conversaciones alrededor de la mesa cuando era niño. Ver cómo esos momentos cobraban vida delante de mí fue una experiencia de regreso a casa, de cerrar el círculo.

¿Cómo ha cambiado este proyecto tu propia relación con tu identidad afgana? ¿Y qué ha supuesto para tu familia ver estas fotografías?

Creo que este proyecto le ha dado a mi familia la oportunidad de volver a conectar con nuestra tierra y con lugares que ellos mismos nunca habían podido visitar cuando eran niños. Afganistán sigue en desarrollo y, tras décadas de conflicto, viajar por ciertas regiones no siempre ha sido fácil.

Habían oído historias sobre lugares como Nuristán, una provincia que casi parecía mítica, con sus frondosos bosques y sus ríos. Ver esos lugares a través de mis fotografías, junto con tantos otros repartidos por el país, fue increíblemente significativo. Podía ver cómo se les iluminaba la cara al contemplar la vida cotidiana. Compartir las fotografías con mi abuela y ver cómo el documental iba tomando forma junto a mis padres fue uno de los momentos más gratificantes y de cierre de ciclo de todo el proyecto.

En lo personal, esa sensación de que faltaba algo ha desaparecido. El puente se ha tendido. Me siento más completo y la forma en que veo Afganistán y me veo a mí mismo ha cambiado de manera muy positiva. Poder revivir esas experiencias a través de las fotografías, del libro y de la serie documental ha sido la experiencia más plena de mi vida hasta ahora.

Una adolescente saltando sobre un río en Wakhan, del proyecto sobre Afganistán de Daniel Malikyar
Una adolescente saltando sobre un río en Wakhan, del proyecto sobre Afganistán de Daniel Malikyar Credit: Daniel Malikyar

Una de tus grandes inspiraciones fue tu abuelo, Omar, que documentó a tu familia con fotografías y vídeos caseros. ¿Qué es lo que más te ha marcado de ese archivo y cómo ha influido en tu propio trabajo?

De niño, mi abuelo Omar era alguien a quien admiraba mucho y con quien tenía una relación muy cercana. Solo podía verlo una vez al año porque él vivía en Virginia y yo crecí en Los Ángeles. Él documentaba esas visitas y yo podía revivirlas desde su perspectiva, a través de las cintas que nos enviaba y de los carretes revelados. Eso me inspiró de forma inconsciente a coger una cámara y documentar el mundo que me rodeaba.

Este proyecto es algo que sé que él mira desde arriba, y está profundamente inspirado en lo que sembró en mí simplemente siendo él mismo.

Una cosa que me encanta de estas fotografías es lo íntimas que resultan. ¿Cómo creas esa confianza con personas a las que, a menudo, acabas de conocer?

Para mí, en cualquier lugar del mundo, tanto si fotografío un encuentro fugaz como a alguien que acaba convirtiéndose en un amigo para toda la vida, todo se construye sobre la confianza. Y la confianza hay que ganarla.

Muchas veces ni siquiera saco la cámara hasta que me he sentado con la gente, hemos compartido un té, les he explicado mis intenciones y les he contado que soy afgano, que hablo el idioma y que estoy allí como alguien vinculado a ellos y no como un extraño. Eso permite que la gente sea simplemente ella misma. No hay agenda, no hay poses. Muchas de estas fotografías se tomaron en aldeas remotas donde la gente seguía con su día a día. Creo que esa honestidad se percibe tanto en los grandes como en los pequeños detalles.

A menudo, cuando se ven fotografías de Afganistán u otros lugares remotos, la gente parece no tener claro por qué la están fotografiando. Aquí no fue así.

Fotografié a los niños a la altura de sus ojos porque quería encontrarme con ellos exactamente donde estaban, en lugar de mirarlos desde arriba. A través de esas decisiones e intenciones, quise retratar al pueblo afgano con dignidad, y creo que eso se aprecia a lo largo de todo el proyecto.

Un agricultor conduce un rebaño de ovejas, del proyecto sobre Afganistán de Daniel Malikyar
Un agricultor conduce un rebaño de ovejas, del proyecto sobre Afganistán de Daniel Malikyar Credit: Daniel Malikyar

Has fotografiado a personas de todo el mundo. ¿Qué hizo que fotografiar Afganistán fuera diferente a cualquier otro lugar?

Afganistán es un país formado por muchos grupos étnicos distintos y por miles de años de historia y cultura. Hoy en día es cada vez más difícil descubrir lugares e historias que realmente den la sensación de no haber sido vistos, debido a lo conectados que estamos por la tecnología y la globalización.

Afganistán es uno de los pocos lugares donde aún existen muchas historias humanas por contar y comunidades que merecen ser vistas. Fue un privilegio increíble visitar comunidades que, en muchos casos, nunca habían visto una cámara, y compartir la belleza de sus tradiciones, su cultura y su vida diaria a través de este proyecto.

Vendedores de globos del proyecto sobre Afganistán de Daniel Malikyar
Vendedores de globos del proyecto sobre Afganistán de Daniel Malikyar Credit: Daniel Malikyar

¿Podemos comentar algunas de las fotografías? Me encanta la imagen de los dos ciclistas con ese enorme racimo de globos detrás de ellos. ¿Cuál es la historia de esa foto?

Esa fotografía se llama Omid, que se traduce como "esperanza" en inglés. También es el nombre de mi hermano pequeño.

La fotografía fue totalmente fortuita, como gran parte de este trabajo. Iba en un taxi muy temprano por la mañana, saliendo de Kabul camino de una aldea rural para fotografiar una subcultura de moda que había descubierto. El sol acababa de salir y, al dejar atrás la ciudad, vi a lo lejos unas enormes manchas de color que parecían danzar. Era casi irreal y supe al instante que eran vendedores de globos.

Llamé a la pieza Omid porque creo que los vendedores de globos reparten esperanza. Hacen felices a los niños. Los globos despiertan nostalgia y ellos simplemente iban de camino al trabajo aquella mañana. A veces los ves repartidos por la ciudad, pero es muy raro verlos transportando todos sus globos, porque los van vendiendo a lo largo del día. Tuve mucha suerte de captar ese breve instante.

A menudo siento que las fotografías más especiales se te presentan, más que ser tomadas. Esos momentos bellos aparecen y, si estás preparado para presenciarlos y documentarlos, desaparecen con la misma rapidez. Es una de mis imágenes favoritas del proyecto porque representa exactamente lo que esperaba encontrar mientras viajaba por Afganistán.

Shargha ordeñando un yak
Shargha ordeñando un yak Credit: Daniel Malikyar

También me gustaría preguntarte por la fotografía de la joven que ordeña un yak. ¿Cómo surgió?

Esa fotografía de esta hermosa joven kirguís ordeñando un yak se tomó en las montañas del Pamir, en Afganistán, una de las regiones habitadas más altas del mundo, a unos 4.000 metros sobre el nivel del mar.

Los kirguises que viven allí son nómadas, se desplazan tres o cuatro veces al año en busca de los mejores pastos para su ganado. Han preservado un modo de vida que se remonta a generaciones y que es muy diferente a lo que la mayoría de nosotros vivimos en nuestro día a día.

Ordeñar los yaks es un ritual diario, que se realiza cada mañana y cada tarde. Gran parte de su sustento gira en torno a ellos. Con la leche elaboran yogur y qurut, un alimento tradicional que se consume habitualmente en la región y en todo Afganistán.

Tuve mucha suerte de poder documentar ese momento en el que Shargha ordeñaba el yak aquella tarde, antes de que ataran a los animales para pasar la noche.

¿En qué formatos presentas este proyecto?

En lugar de contar la historia a través de un único medio, he creado una especie de guía narrativa que reúne varios formatos distintos. El proyecto incluye un libro de fotografía de gran formato para mesa de centro, una serie documental, en la que cada episodio se corresponde con un capítulo del libro, y una exposición de arte con fotografías enmarcadas de edición limitada, proyecciones de películas del proyecto y piezas artesanales antiguas de Afganistán para crear una experiencia totalmente inmersiva.

Quería que la gente sintiera de verdad cómo era entrar en mi mundo mientras creaba este proyecto, por eso elegí contar la historia mediante varias formas de narración.

Una parte de todos los ingresos se destinará además a impulsar a una nueva generación de narradores visuales dentro de Afganistán, para que sean los propios afganos quienes sigan contando sus historias con sus propios ojos.

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